POR EL CAMPO DE AZABA: TRAS LOS MARES DE UNAMUNO

Inicié el viaje sintiendo el viento de costado. A medida que iba girando más hacia el oeste, el viento golpeaba en la cara, un viento fresco de una mañana que iba a iniciar un cambio meteorológico, según las mejores previsiones. Pedaleo por toboganes que me permiten divisar a lo lejos el mar al que pretendo llegar. Me deslizo hacia valles de regatos y riveras colonizados al máximo por una vegetación exuberante, florida.

Antes de llegar a Carpio consigo la máxima altitud, maravilloso mirador de enormes manchas de encinares que se extienden hasta donde mi vista alcanza. Tengo delante una larga línea de costa, que delimita las tierras de pasto y cereal y el comienzo del monte. Apenas se siembran cereales por estas penillanuras, el poco trigo que hay, está programado genéticamente desde Monsanto, su altura, duración, espiga… adiós al trigo candeal, cabezorro, pané, ardica, nombres más poéticos que los MN-45 que tendrán ahora.

Salen de Carpio varios caminos para adentrarse en el océano de encinas. Fenómeno curioso este pueblo que a pesar de sus pocos habitantes han abierto un restaurante, invirtiendo la tónica de todos los pueblos de esta zona. El tener acceso directo a la autovía tiene premio.

Más profundo es el valle de la Rivera de Azaba que da nombre a esta comarca. Aquí se juntan los campos de Argañán y de Azaba, separados por las cicatrices de las carreteras, hoy fronteras de rojo y amarillo ( la naturaleza también habla en clave de banderas). Al subir la ladera del valle, me adentro en el mar que buscaba. Las encinas me acompañarán durante bastantes hilómetros.

Espectaculares imágenes de un suelo florecido que tapiza el encinar y las fresnedas, que muestran unas copas engrandecidas y brillantes en esta primavera lluviosa. Nada que ver con mi anterior visita, donde todo era polvo y sequía. Los gordolobos florecidos hacen de balizas a orillas de la carretera, donde los cantuesos, jaras y otras flores aromáticas sueltan una fragancia exquisita. ¡Qué cambio! Después de km  con las orillas de la N-620, esquilmadas por el letal herbicida.

Huelen estas tierras a cerdo, base importante de su economía, que se ha mantenido. La montanera atraía gran cantidad de cerdos venidos de otros pueblos. Espeja entre tantas cosas, perdió el olor a cebollas, que tuvieron gran calidad y fueron muy apreciadas. Hoy aún se pueden ver arreglados algunos huertos de una tierra de gran calidad.

Tienen en común todos estos  pueblos la caída libre de sus pirámides de población, donde los peldaños para los  de menor edad, llevan demasiado tiempo vacíos. Es lo primero que te comentan los vecinos, todos mayores, pero que tanto en Espeja como en Campillo, le encanta conversar con el forastero. Recuerdan lo que fue, lo poco que queda, lo que ha cambiado, el futuro incierto. Un ejemplo, las escuelas de Campillo han sido transformadas en tanatorio. Y pensar que aquí veníamos con los alumnos desde Fuenteguinaldo a jugar maestros y alumnos al fútbol, programando  jornadas de convivencia entre pueblos que rechazaron la concentración escolar.

Mi liebre digital  había previsto llevarme por el camino de Martihernando, desaconsejándomelo un vecino por su mal estado, ventajas de charlar con ellos. Dejo Ituero a la derecha comenzando la ascensión, una subida que te permite contemplar la inmensidad del mar. Según mi maestro Raúl, quizá fuese aquí donde Unamuno se inspirase para escribir su genial poesía.

Tiene cierto aire andaluz este paisaje, incluso los pueblos son más blancos que los de otras comarcas, quizá por ello, el marqués de Tejadillo( ahora Texadillo) y  Emilio Tapia vaquero de Fonseca, ponían hace años, su toque andaluz los martes en Ciudad Rodrigo, con su sombrero de ala ancha, votos camperos y pantalones ajustados con dobladillo blanco.

Apenas ya tienen visible los encinares la candela, pero destacan por el tamaño y la edad de sus ejemplares. Encinas de troncos robustos que el tiempo cronológico y meteorológico ha ido moldeando, copas a las que  han dado forma leñadores y cortacinos. En Campillo hay un encinar modelo en cuanto a su conservación, no ocurre lo mismo en la mayoría, donde se hace notar el abandono y el trabajo letal de los hongos, con bastantes ejemplares muertos.

Gran fuente de riqueza y energía fueron estos mares de encinas. Pedaleando, recuerdo a Colás Montero, gran conocedor de estos montes, que dedicó su vida a surcar estos mares con su moto. Gran trabajo con el olivo, el desmoche para mantener con vida el encinar. Era la leña de encina el mejor combustible vegetal, que junto al carbón y el cisco, Colás se encargaba de llevar a las casas o servir en su estación de servicio de la Avda. de España.

Están los escaramujos, malvas, amapolas, saucos, repletos de flores, después de tanto tiempo desaparecidos, llaman de forma espectacular su presencia, llenando de color el camino.

Para encina grande, la que está a la entrada de Pascualarina, haciendo de guardián del  buzón de correos, manteniendo las raíces postales de su dueño. A partir de aquí, termina la travesía por el mar, regreso a la penillanura, donde gran cantidad de vacas compiten para zamparse herbazales  enormes, donde las cigüeñas a duras penas logran alzar su diminuta cabeza y el largo pico.

Son también vacas de tercera generación, con chic en la oreja, sin nombre poético, que ahora siegan, donde hace años lo hacían segadores venidos de las Hurdes. A pesar de que la actividad humana ha cambiado, la belleza de estos encinares se mantiene, especialmente esta primavera.

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PORTUGAL: MUCHO VERDE CON PINCELADAS DE AMARILLO, ROJO Y DEMASIADOS TIZNES NEGROS

DEMASIADOS TIZNES NEGROS

Escuchábamos a Pepa Bueno reflexionar sobre el negro panorama político, sin haber conocido la sentencia de la Gürtel y el caso Zaplana, cuando entramos en Portugal. Su voz, se fue distorsionando lentamente ante el desagradable sonido de las interferencias. Llegados a ese punto, dimos entrada a Saramago cantado por Luis Pastor. Buena forma de entrar en Portugal, donde el verde de su bandera inunda valles y cimas, en esta primavera, que a pesar de su grandiosidad, no ha conseguido ocultar las enormes manchas negras de los incendios.

Cuesta entender la convivencia de los portugueses con el fuego. Las cicatrices negras y desiertas que se ven a ambos lados de la autovía, no son nada en comparación con el desolador paisaje de la IP2, desde Viseu a Coimbra. Los eucaliptos siguen devorando a los pinos, igual que éstos acabaron antes con encinas y robles. Huele Portugal a humo, un humo que impregna su paisaje, que recuerda constantemente la lucha contra el fuego, la pérdida de vidas, de casas, del paisaje.

A pesar de ello, Portugal sigue siendo verde, desde la carretera amplias manchas de flores amarillas y rojas, recuerdan su bandera. Afortunadamente, la sierra de Bussaco es de los pocos paisajes libres de fuego. Una sierra llena de una vegetación exuberante, un bosque de árboles gigantes que compiten en altura  para alcanzar la luz. Un entramado de caminos y senderos para perderse, escuchando cantos de aves, ruidos de fuentes, ver los rayos del sol jugar entre las hojas, las flores de las trepadoras haciéndose notar entre las ramas, las nubes blancas manchando un cielo azul intenso, el olor a naturaleza, caminar en la mejor de las compañías… Merece siempre la pena un desvío en el camino, para recorrer una vez más este bosque único.

Tiene Portugal una buena red de carreteras y autovías, nada que ver con las de 40 años, que con un SEAT 127 recorrimos parte de los 1000 km que hemos recorrido por Las Beiras, Estremadura y Ribatejo. Por las autovías se devoran km, pero se pierden pueblos y paisajes, agricultura, el latir del campo pasan desapercibidos. Ver cómo los cereales están siendo barridos por el viñedo, las mesas de los restaurantes imponen su ley. Cruzando pueblos se percibe la sana competencia entre la virgen de Fátima y San Antonio, cómo aún se resisten las casas de fachadas azulejadas, o el color verde mortecino tan portugués como los “carros” con su volquete a cuestas.

Y qué decir de las flores, son los portugueses gran amantes de flores y “pastelarias”, olor a rosas y dulce, para contrarrestar los otros olores, que también los tiene.

Es Coimbra ciudad universitaria, llena de bullicio estudiantil, de colinas cargadas de historia, muy distinta de Leiria ciudad donde la agricultura era su motor, al que Europa ha puesto el freno de mano. Con todo y con eso, desde el castillo se observa vida y movimiento en sus calles.

Nos dirigimos hacia el oeste. Hay dos cosas que la geografía ha impuesto a Portugal, no ver amaneceres en el mar y tener que cruzar España camino de Europa si van en coche. Están condenados a contemplar atardeceres, quizás la saudade tenga un punto de arranque ahí. Queríamos llegar al mar atravesando el pinar de Leiria, cientos de hileras de miles de pinos, plantados en paralelo a la costa para plantarle cara al viento.

Desolación, rabia, impotencia, demasiadas emociones negativas ante un paisaje desolador. El fuego se había llevado por delante muchos años de crecimiento, una mancha verde de miles de hectáreas convertida en una mancha negra de palos clavados, donde la sabia naturaleza ha intervenido adornando el escenario de flores amarillas, moradas, rojas, donde destacan los gamones en flor. La imagen recuerda un cementerio por los Santos.

Nos recibe un océano desconocido, demasiado tranquilo, un fastidio para los muchos surferos que disfrutan de su oleaje, zigzagueando crestas de olas que se descomponen antes de llegar a la orilla. Enormes playas de arena blanca al abrigo de cabos que han sufrido en demasía los embistes del oleaje, enormes caminos para perderse por el norte o por el sur, por el este dunas de arenas blancas, gaviotas que reciben con alboroto el pescado que no quieren los pescadores que arrastran las redes, cada vez menos de forma tradicional (Arte Xávega).

Pero aún lo hacen, pues a pesar de que cada vez que visitas este país, mas se va pareciendo al mundo global, esa tabla rasa que todo lo unifica, aún vayas por donde vayas, te topas con el Portugal más auténtico, que se resiste a cambiar, que lo hace diferente, atractivo. Así, a la entrada de Nazare, señoras mayores con el cartel para alquilar alojamiento te avasallaban, en otro lugar serían chicas jóvenes y atractivas. Vestidas con el traje regional, señoras también mayores secaban en la playa el pescado que después ofrecían a los paseantes en el paseo marítimo. Portugal huele a mar, a pescado, a bacalao seco.

Su ritmo, su horario tempranero para las comidas, su empecinamiento de servirte aperitivos antes del menú que antes no cobraban y ahora te clavan, la abundancia de sus platos, su amabilidad. Conocimos a Joao dueño de A Tasquinha, era especial, recibiéndote en la entrada, despidiéndote tomando una copa contigo. También los hace diferentes el galimatías que han preparado para el cobro de las autopistas, un modelo que a más de uno espanta a la hora de tomar la decisión de entrar y disfrutar de este país. Para otros, un anzuelo para fomentar la picaresca de no pagar.

Conviven muchos mundos en Portugal, coches de marca en concesionarios de tercera categoría, casas de lujo al lado de casas derruidas llenas de basura, tiendas de lujo próximas a pequeñas tiendas ancladas en el tiempo.

Visitamos los monasterios de Alcobaca, Batalha y Tomar. Impresiona ver edificios tan enormes, iglesias auténticas  catedrales para acoger a cientos de monjes, que a juzgar por las cocinas que tenían, vivían mucho mejor que el pueblo llano. Y pensar que los construían reyes y nobles para ventilar asuntos de faldas, y así hacer las paces con su dios. Tierras de enfrentamientos entre españoles y portugueses. Aljubarrota, nombre que lleva en mi estantería de la memoria 50 años, cuando D. Victoriano Sañudo nos hacía memorizar todas las batallas habidas y por haber, ha sido ahora desempolvada.

Se nota que Portugal está de moda. Miles de viajeros nos hemos encontrado por estos caminos cargados de historia, donde destacó Óbidos, belleza de pueblo al que sus murallas no impiden que lo asaltemos todos días miles de viajeros, los nuevos guerreros de esta época.

De regreso, al salir de Tomar, pueblo de un encanto especial, reposando lo visto y contemplado a lo largo de los días, aún hay tiempo para comprobar la riqueza de estas tierras de la vega del Tejo, donde los frutales se han convertido en agricultura extensiva. Durante demasiados km, las cicatrices del fuego enorme que se llevó tantas vidas humanas nos acompaña, y aún así vimos a alguien haciendo fuego… definitivamente los portugueses tienen algún gen incendiario.

Después de Castelo Branco, ciudad sin castillo blanco, la sierra de la Garduña completamente quemada, lucía en la cumbre cuatro pelos mal peinados, unos pinos que quien sabe cómo, se salvaron de la quema. Tiene  la Beira Baja un relieve muy accidentado, la sierra de la Estrella aún conservaba nieve en la cumbre, territorio muy dado a escaramuzas de nobles y guerreros, a ambos lados de la frontera. Eran otros tiempos.

En la actualidad, ya no hay aduana, apenas pequeñas o grandes diferencias, según se mire, entre dos países vecinos. El próximo viernes, en el estadio de Sochi ondearán sus banderas en un nuevo enfrentamiento, éste de la era moderna, disponiendo de un balón como sus únicas armas. Gane quien gane, seguiremos siendo países hermanos, seguiremos volviendo.

EL CAMBIO CLIMÁTICO HA LLEGADO PARA QUEDARSE SI SEGUIMOS CON LOS BRAZOS CRUZADOS (En el día mundial del Medio Ambiente)

Ya son muy evidentes los numerosos mensajes que la atmósfera nos está enviando, para que nos demos cuenta de los muchos cambios que le están afectando a ella. Siempre se ha dicho que “el tiempo está loco”, que siempre ha sido igual. Pero analizando objetivamente el comportamiento de la atmósfera los últimos años, hay que ser demasiado positivo o seguidor acérrimo de Trump para no aceptar la dura realidad.

Salta la a la vista su evidencia nada más levantar la persiana cada mañana. ¿Qué ha sido de las mañanas primaverales de soles radiantes? No ha quedado ni la muestra, y ya llevamos años que ni por asomo las disfrutamos. Amaneceres grises, de cielos encapotados, indecisos, que a lo largo del día derivarán en lo que les lleven las partículas contaminantes que surcan su territorio. Nunca ha sido tan difícil hacer predicciones meteorológicas a pesar de contar con los mejores medios.

Es curioso observar cómo este fenómeno al que todos criticamos en círculos a pie de calle, porque no es normal que hoy día 5 de junio a las 5 de la tarde se haya visto el sol poco más de 2 minutos y la temperatura esté atrapada en los 13º. Mientras,  por el centro y norte de Europa los cielos están despejados y temperaturas bastante son bastante más altas que aquí.

Pero que en las grandes esferas, donde la política y la economía se la juegan, no lo vean como un problema con consecuencias graves, además de tener un alcance mundial.

Tan sólo se visualizan pequeñas pinceladas de determinadas administraciones para maquillar y lavar su conciencia, ante una política que no respeta el medio ambiente. La tierra pasa factura, lanzando constantemente avisos que caen en suelos estériles, donde sí crecen los intereses económicos. Así no se explica como los ayuntamientos en vez de hacer políticas disuasorias del uso del coche privado, lo que le interesa realmente es cómo recaudar más y más, a través de zonas azules, verdes y demás colores, permitiendo con ello que los coches sean los dueños de las ciudades.

Vivo entre Salamanca y Ciudad Rodrigo, dos preciosas ciudades con un exquisito patrimonio histórico, dos ciudades no muy grandes, muy adecuadas para desplazarse andando, en bici, autobús, en las dos ganan por goleada los coches particulares, especialmente por las mañanas.

Entrevistaba el domingo pasado a Geño, propietario de un kiosko en una de las zonas con más tráfico de Ciudad Rodrigo, y me decía: “si por cada uno de los coches que pasa delante del kiosko diariamente, se crease un puesto de trabajo, Ciudad Rodrigo no tendría parados” Impresionan sus palabras.

https://caminandoyrelatando.wordpress.com/2018/05/30/geno-y-su-kiosko-un-toque-dulce-en-la-vida-de-los-farinatos/

¿Qué está pasando para que nada cambie ante esta situación de alarma? Una vez más la educación debe hacerse visible en estos temas, es desde la escuela y la familia, desde donde se pueden ir colocando los cimientos para el cambio de actitudes. Lo demás son pequeños parches que no arreglan el camino ya bastante deteriorado.

Ahora, es difícil hacer un trabajo desde las aulas, cuando a los docentes sólo se les pide datos cuantitativos en sus resultados académicos, ignorando su trabajo actitudinal, cuando fue suprimida la asignatura de Educación para la Ciudadanía, cuando fueron suprimidos los temas transversales, cuando muchos docentes los consideraron que era una pérdida de tiempo, quitarle espacio a las matemáticas. Así en un futuro sabremos muchos contenidos, pero iremos con mascarillas, pasaremos de sequías a inundaciones de un día para otro, habrá que cambiar el período de las calefacciones (esta mañana funcionaba en grandes almacenes), a las tiendas de moda le dará más dolores de cabeza, las terrazas seguirán con estufas y ventiladores ¡qué barbaridad!

Disfrutaba pedaleando el domingo de un paisaje atípico, lo poco bueno del cambio climático esta primavera, cuando me sorprendió un sofocante olor a sulfato. Herbicidas, pesticidas, sulfatos, cuantos equilibrios rotos.

Quizá no sea tarde para volver a restablecer el equilibrio de la naturaleza, seamos capaces de dejar actuar a ella con sus mecanismos que siempre ha tenido para que convivan gran diversidad de especies. Inculcando a las nuevas generaciones el valor del medio ambiente, a pesar de que la sociedad y los medios de comunicación maldito caso que le hacen. https://caminandoyrelatando.wordpress.com/2018/04/04/telebasura/

Hacen falta detalles que impacten, que lleguen a la opinión pública. Esta mañana de visita a mi colegio, Raúl, un maestro comprometido, me sorprendió gratamente enseñándome el precioso huerto escolar que tiene en el patio cuando con sus alumnos acudía a regarlo. ¡Gran detalle ambiental!

¿Cuándo veremos a ministros ir en bici a trabajar como en países de Europa? Quizá pronto alguno de los nuevos ministros nos sorprenda, sería un frenazo al cambio climático y un buen espantapájaros para que se espante y no se quede con nosotros. Todos saldremos ganando.DSC01806

GEÑO Y SU KIOSKO: UN TOQUE DULCE EN LA VIDA DE LOS FARINATOS

Conozco a Geño desde hace muchos años, cuando subía por la Colada camino del instituto, pues sus padres vivían al comienzo de Las Tenerías. Otras veces estaba en el bar de Tabeque , su abuelo, donde como reconoce siempre estaba trajinando. Su enorme capacidad de superación y lucha ante las dificultades que la vida le puso desde pequeño, me han llamado siempre la atención, sintiendo una gran admiración por una persona con la que tuve el gusto de charlar el pasado domingo, mientras la tormenta hacía de las suyas.

Es admirable la amabilidad con  que siempre despacha por la pequeña ventana del kiosko a quien se acerca a comprar, pero es mayor aún, cuando lo tienes enfrente, de cuerpo entero, charlando un poco de su vida, de su negocio, el porqué, casi sin quererlo, se ha convertido en un personaje popular y querido en nuestra ciudad.

Nacimos en la misma década y ello nos permite partir de un entorno común, recordando y analizando la evolución de la vida en la ciudad. Está situado, el kiosko de Geño, en uno de los espacios más importantes de convivencia que tenemos, siendo él artífice durante 38 años de haberlo promocionado constantemente. Heredero natural del kiosko de Felipe, aquel señor de lentes a punto de caerse, que con su guardapolvo llevaba el fardo de periódicos bajo el brazo  para repartirlos por las casas. Hoy una de las chicas (compañeras cuando él las nombra) los reparte con la moto.

Varias veces me comenta Geño lo agradecido que está a su familia por el apoyo que le han dado en todo momento, siendo el apoyo necesario para sacar adelante su proyecto de vida. Habla con especial cariño de su paso por la escuela, en los diferentes colegios donde estudió, deteniéndose especialmente en el de Martiherrero en la provincia de Ávila. Es evidente que en ellos, además de en su familia adquirió magníficas habilidades para desenvolverse de manera brillante en la vida.

Quizá por ser buen lector, además de otras circunstancias de ese momento, le llevaron a tomar la decisión de gestionar este kiosko, una vez que no fue posible por las condiciones requeridas, el de la estación de autobuses, abierta por aquellos años. Gran memoria la de Geño, muy bueno su cálculo mental para en muy poco tiempo encontrar las chuches, hacer multiplicaciones, sumas, dar vueltas. Y si el cliente tiene dudas, siempre está su explicación detallada.

Conoce y es conocido por mucha gente, por la que se siente querido. Un sentimiento que se ha ganado por su gran profesionalidad y sus dosis de amabilidad. Me confiesa que sigue el consejo de su padre: al llegar a un lugar, lo primero que tienes que hacer es saludar a toda la gente. Y vaya que si lo cumple a rajatabla, solo hay que verlo al llegar todos los días a la residencia a ver a su madre. Por otra parte, vende chucherías, helados, tan necesarios a veces para endulzar los amargores que la vida te va poniendo. Y vende prensa, revistas, que forman parte del tiempo de ocio, dos buenos ingredientes.

Según Geño, la llegada de internet, ha supuesto un gran cambio en los hábitos de la lectura de la prensa. Desde su puesto de mando, comprueba que el barco de la lectura lleva cada vez menos pasajeros. Ha disminuido el número de ejemplares que se venden, donde destaca La Gaceta de Salamanca como el periódico más vendido con diferencia respecto de los diarios deportivos. En estos casi 40 años, muchas cabeceras han desaparecido, menciona a Pueblo, Diario 16, Informaciones, El Adelanto, Triunfo, Cambio 16, Interviu,… También han disminuido los lectores de las revistas, recuerda años en los que semanalmente vendían 50 Intervius.

Es modelo de emprendedor nuestro protagonista, un emprendedor, que a pesar de tener que dedicar mayores dosis de esfuerzo para ir superando barreras, reconoce que no ha disfrutado de ayuda o ventajas, lo que aún hace más grande su leyenda. Cuando el wifi se fue convirtiendo en una obsesión, una nueva necesidad al caminar por la calle, ahí estaba Geño, proporcionándola de forma gratuita, un detalle que dice mucho de su visión de negocio y de su corazón altruista.

En el mundo de las chuches también se han producido grandes cambios en las cuatro décadas de kiosko. Desapareció la venta a granel, las medidas sanitarias, higiénicas, la supervisión constante obligan a tenerlo todo en perfecto estado. Da gusto ver un espacio tan pequeño, donde está todo aprovechado y colocado. Desde fuera parece un poco agobiante, él reconoce que está a gusto y muy bien adaptado. Solo hay que verlo cómo controla, saca cajas, abre, cierra, hace la cuenta. Impresiona cómo hace de bien su trabajo.

Le pregunto si le resulta duro trabajar en un espacio tan pequeño, donde pasa tantas horas, todos los días de la semana, y me contesta con una gran sonrisa, diciéndome que desde pequeño le encantó trabajar, tener siempre actividad, así se montaba en el camión con su padre acompañándolo en sus viajes o se iba a echarle una mano a su abuelo en el bar.

Seguía lloviendo a cántaros, no pudimos hacer la foto. Volví al día siguiente, me demostró sus grandes dosis de paciencia, tan necesarias para atender a niños y mayores, donde a veces a la hora de pedir, ante tantos estímulos positivos, se le va la olla y ni saben lo que quieren. Reconoce, que salvo alguna oveja negra, la mayoría de sus clientes son gente educada. Debajo de unos tilos a punto de estallar e inundar de uno de los olores más suaves que uno pueda encontrar en la ciudad, le hice unas fotos, agradeciéndole mucho que me hubiese permitido robarle su tiempo para atenderme.

Tenías ganas de sacar por esta ventana un relato sobre Geño. Estamos rodeados de tantas noticias con tantas aristas negativas, que es necesario dar voz a personas que sin hacer gala de nada, llevan a cabo un proyecto de vida, que es un modelo para muchos. Por supuesto que Geño es uno de ellos.

EL CAMPO DE AGADONES VERDE Y FLORIDO

Escribir y publicar en papel tiene sus ventajas. Si de por sí, al escribir un texto, te sobrevuelan numerosas dudas acerca de su oportunidad, si el texto se publica en papel, hay cierto margen para rectificar. Eso no ocurre si se publica en la nube digital, al darle al último intro, el texto recorre el mundo mundial. A los pocos días de terminar mi primer gran viaje por estas tierras, tuve esa sensación, pues comenzó a llover, cambiando radicalmente el paisaje desolador que me encontré.

Por tanto, me propuse lo antes posible volver para ir poco a poco empapándome del paisaje de esta comarca, en circunstancias más favorables, a ello se sumaron otras circunstancias que fueron aumentando poco a poco mis ansias de volver a pedalear por esta penillanura llena de un atractivo especial.

Llevo un tiempo con los sentidos abiertos de par en par por culpa de Muñoz Molina, que en su último libro, te somete a una auténtica presión para lanzarte a la escritura, él auténtico maestro, se motiva con tan solo andar solitario entre la gente me motiva ese andar solitario por el campo, para poder captar tantas instantáneas preciosas.

Hace unas semanas, aprovechando un día primaveral, llegué al Campo de Agadones utilizando el corredor del pantano hacia Pastores. Duras rampas por un camino labrado sobre pizarras cubiertas de jaras que olían de lo lindo. Por los valles cubiertos de encinas las vacas pastaban hierba fresca con el agua clara entre las pezuñas. Cuando el camino se hace más llevadero, se hace menos interesante, la vegetación escasea, pero la hierba por unos días tapiza la penillanura.

Al girar una curva me topo con una imagen desoladora, toneladas de plásticos almacenadas en medio de las encinas. Ni en medio de la soledad más apartada eres capaz de desprenderte de semejante calaña, a la que Muñoz Molina demoniza constantemente. Menos mal, que con dos pedaladas, alcanzo a divisar la sierra al sur y una preciosa vista de Ciudad Rodrigo al norte.

He llegado al campo base que utilizamos para atacar las cumbres de Gata, quizás pequeñas, pero para mí son mi particular Himalaya. Aquí se siente el cielo más cerca, un cielo que ese día jugaba a formar tormentas, bastantes en esta primavera tardía y lluviosa.

Bonito nombre tiene Pastores, tal vez fuese un homenaje a todos aquellos que se pasaron horas y horas con sus rebaños por estas tierras. Personas con una filosofía de la vida muy particular. Pensaba en ello, cuando interrogué a un vecino. No hubo suerte, ni pizca de filosofía tenía el señor.

Precioso paisaje que se contempla desde la carretera que te lleva hacia La Encina, es un placer divisar toda la sierra en su extensión con su  mantel verde y florido delante. Pueblo que lleva el nombre de un árbol hermoso, sin el que estas tierras no serían lo que son. Asustan las noticias de encinares que se llevan por delante la fitóftora en pocos días, el cambio climático enseña los dientes cada vez más a menudo.

Lo cruzo camino de La Herguijuela, tiene vida en sus calles, incluso están arreglando sus aceras. A los obreros le ha tocado la lotería en forma de trabajo, pues por estos pueblos mucho escasea.

Impresiona la cicatriz que ha excavado el Águeda. Alcanzo, no con poco esfuerzo, el otro lado del risco, lo que me produce una enorme satisfacción, sólo explicable si haces el recorrido encima de una bicicleta. Cambia completamente el paisaje, el río encajonado, lleva un buen caudal que baja velozmente acompañado de enorme ruido. Parece como si las aguas soltadas de la presa de Irueña bajasen con gran alegría al conseguir la libertad, no saben que al coger la curva del fondo, cuando recibe al Agadones, serán de nuevo encarceladas.

Tienen estos pueblos unos entornos espectaculares esta primavera lluviosa, nada que envidiar al norte de España. Me lo confirma una vecina de Herguijuela, que vive en Navarra. Amor a la tierra de la que marchó cuando tenía 13 años.

De regreso, al llegar de nuevo a La Encina, entro también en un terreno de recuerdos y emociones personales. Aquí venía mi madre a escuela desde Robliza, por caminos perdidos, mangada arriba para aprender. Qué bonita lección daban aquellos niños y niñas de las fincas que lloviese o hiciese calor cogían la burra, la fiambrera, la pizarra y el pizarrín, para ir a clase. Bonita lección de los maestros y maestras, que atendían clases abarrotadas, sin medios, mal pagados. Siempre oí hablar a mi madre y mis tías de ellos con gran cariño. ¡Cuánto hemos cambiado! Hoy las escuelas se quedan vacías, a pesar que el próximo curso seguirán abiertas con tan solo 3 niños, una medida que tiene más  de política que de pedagógica, todo sea por salvar los pueblos.

Bajando entre encinas me cuelo en el valle abierto de Valdespino, donde pastan las vacas los pastos más altos, antes de que se sequen. ¡Cuántos recuerdos en estas tierras! En estas casas, muy bien conservadas, vivían mis tíos y alguna vez nos tocaba la lotería, haciendo una excursión a verlos. Subíamos a tierras de secano.

Hoy Valdespino dividida en varios cuartos, es un ejemplo de explotación ganadera, un disfrute para la vista después de las lluvias, a medida que desciendes hacia Ciudad Rodrigo y contemplas la extensa “guadaña”, donde se oye un concierto de miles de grillos. Nada tiene que ver la carretera con aquella empedrada, nada que ver con el trajín que había entonces. Por ella salían gran cantidad de obreros para trabajar en el campo, andando, en caballerías, en bici, para buscar nuevos horizontes… También la utilizaban mi tío César y su enorme bondad. Siempre que iban a la ciudad nos visitaban, era una alegría. Si estábamos comiendo gazpacho, se sentaba como uno más, cogía su cuchara, sin molestar. ¡Qué tiempos sin tantos protocolos, ni cumplidos!

Después el coche, a muchos los llevaría más lejos, muchos no volvieron. Desde entonces los pueblos de esta comarca no levantan cabeza. El paisaje es su gran tesoro.

CAMINOS DIGITALES

Empecé un nuevo camino va para tres años. En él sigo ora caminando ora pedaleando, a veces acompañado, otras con mi soledad. Muchos caminos he recorrido de aquí y de allá, caminos viejos, caminos nuevos, caminos de quita y pon, caminos perdidos, caminos expropiados, pero la mayoría de ellos eran caminos sin caminantes.

¿Por dónde caminará la gente? No hace falta discurrir mucho para acertar la pregunta. Si desde que las carreteras empezaron a devorar muchos caminos, otros por la desidia, otros porque no comunicaban nada, desde que aparecieron en escena las tecnologías, los caminos virtuales barrieron los antiguos caminos.

Aquello que hace ya bastantes años parecía un mundo de ficción cuando intentaban explicarnos el significado y funcionamiento de las tres w, a mentes demasiado estructuradas y atadas a la realidad, con una velocidad vertiginosa se extendió como la pólvora por todo el planeta, inundando todo de caminos digitales por todos los mundos de dios.

Ahora bien, ¿qué circula por esos caminos? Son los caminos espacios que se recorren para alcanzar algún tipo de objetivo, la mayoría de las veces conllevan esfuerzo, pero también al terminar algún tipo de aprendizaje. ¿Cumplen estos requisitos estos nuevos caminos? Me temo que no. Principalmente porque recorrerlos es muy fácil, muy rápido, apenas sin esfuerzo y sobre todo sin utilizar normas claras.

Si para recorrer un camino, hay que prepararse previamente, hoy en día muchos de los navegantes, como se llaman a los nuevos caminantes, no tienen mucha idea de cómo se camina en la red y sobre todo no saben dónde quieren llegar, lo fundamental de un camino, perdiéndose en la maraña de caminos que se cruzan constantemente en las redes. Pero están aquellos preparados, que saben donde caminar, esos le sacan gran partido a estos caminos de aprendizaje. Para muchos sencillamente, su navegar consiste en lanzar a la nube digital basura, que muchos no son capaces de discernir, tragándosela literalmente con el consiguiente efecto negativo.

¿Cómo podrán convivir en la nube tantos contenidos tan dispares? Ahora que google nos ha echado sus garras, nos controla y sabe tanto de nosotros, que sabe la comida que cada uno necesita, urge ya un paraguas digital eficaz para la lluvia de este camino.

“La educación es un arma de construcción masiva” dice Marjane Satrapi, la utilización de las redes pueden ayudar a conseguir este bonito objetivo, pero también puede llevar al caminante virtual a despeñarse y alejarse de la realidad. Urge señalar bien estos caminos, marcar objetivos definidos informando claramente de su uso, poniendo bastantes señales de stop para marcar los tiempos. ¡Todos saldremos ganando!

CAMINANDO POR EL BOSQUE DE ROBLEDA

En una semana he estado dos veces por el Rebollar. La primera vez entré después de coronar el risco de La Herguijuela, un pequeño letrero lo anunciaba, al lado un viejo sofá destartalado acompañaba la escena, quizás alguien lo colocó para descansar después de la subida o para disfrutar de las vistas. Pedaleé con mi soledad y mi sombra. Esta semana llegué al Rebollar por Robleda, acompañado de Chema, el hijo de Isaac, que me llevó a conocer parte del término del pueblo, ejerciendo de obreros del senderismo por pistas y caminos entre robledales y pinares, ahora que estamos jubilados, coincidiendo con el día del trabajo.

Está claro que los pueblos hay que patearlos para hacerte una idea de cómo son, a pesar de haber entrado alguna vez, especialmente a la consulta de su curandera, no conocía este pueblo, que de entrada destaca por muchos motivos si se compara con la mayoría de los que últimamente estoy recorriendo. A pesar de haber pasado por la carretera muchas veces, no te haces idea de su extensión, de los barrios, del arroyo que los cruza, de los huertos, de su iglesia fortaleza en la colina más alta, la cantidad de casas nuevas, de su plaza mayor cercenada en los años del desarrollismo bestial.

Pero por encima de todo, me sorprendió la presencia humana en sus calles y caminos, algo inusual en la comarca.

Había amanecido en Ciudad Rodrigo un día frío y con niebla, a medida que íbamos subiendo las cuestas de Bodón, la niebla levantaba alas, dejándonos disfrutar de la belleza del campo verde y florido recubierto del rocío de la mañana. Buen día para nuestra profesión de caminantes, temperatura agradable, a veces picando a frío otras a calor, cielo azul con nubes algodonosas impresionantes, que a veces el aire frío rápidamente teñía de gris en la cercana sierra transformándolas en cúmulos tormentosos a los que debimos controlar.

Pretendíamos hacer una ruta circular para alcanzar el Pinar de Descargamaría. Con un guía de excepción, sin preocuparme de mapas y caminos, salimos del pueblo en dirección al molino Granadero. Es curioso caminar por territorios que físicamente no conoces, pero que has oído hablar de ellos, adquiriendo cierta familiaridad. Los excelentes carteles con que el ayuntamiento ha señalizado la ruta, nos recuerdan que estamos en el Rebollar, donde muchos de sus habitantes hablan el robleanu. Gran mérito tiene esta iniciativa para conservar un lenguaje que ha sido utilizado como vehículo de comunicación por muchas generaciones.

Los prados verdes atestiguan la presencia de una primavera especial, vacas y ovejas no dan abasto ante tanto manjar exquisito. Se nota claramente sus efectos en los cuartos traseros. Hay actividad económica por estos caminos, por donde circulan ganaderos, madereros, resineros, desbrozadores,. mostrando la mayoría de las parcelas bien cuidadas, donde destacan las angarillas de madera muy bien hechas, nada de somieres.

Llegamos pronto al molino en el río Olleros. Al salir del bosque sorprende gratamente ver la amplitud del valle, con la sierra al fondo. Los alisos y fresnos con sus hojas relucientes despuntando, permiten ver el azul de un agua limpia y transparente. Los restos del viejo molino, el puente, la pequeña cascada de la presa junto con el verde intenso de la hierba de la pequeña vega, componen una imagen de postal. Tal vez le falten las lavanderas frotando la ropa en los lavaderos de madera o en lajas de pizarra, los niños cogiendo mariposas, los carros cargados de costales vadeando el río camino del molino para completar esta imagen.

Debió ser importante este molino en su tiempo, tener dos muelas lo atestigua.

Subimos por la ladera hasta alcanzar el camino que entre robles y pinos nos llevará de una pista a otra, auténticas autovías forestales por donde se mueven todo tipo de vehículos.

Que vamos al Pinar de Descargamaría está claro, hay carteles por todos los cruces e intersecciones. Dejamos la fuente Colodrero antes de llegar al Chapatal inmenso robledal con un suelo tapizado de hierba abundante donde es fácil ver preciosas violetas, la ausencia de hojas de los árboles permite el juego de luces y sombras.

Alcanzamos el tan anunciado pinar, propiedad de un pueblo extremeño en territorio de Robleda, una especie de Condado de Treviño. Sea como sea el embolado territorial y administrativo, el pinar es impresionante, un placer ver tanto árbol bajo un cielo espectacular. Caminábamos hacia nuestro objetivo final, antes de girar al sur, cuando la tormenta que el viento había cocinado con las nubes estaba lista para servir, decidimos cambiar de dirección, cogiendo otra de las muchas pistas para dirigirnos de nuevo al río. Inmensos pinares, adornados con brezos florecidos y gamones a punto de estallar. ¡Cuántos cabrios, traviesas´, carbón  saldrían de estas tierras! De ello daban fe los carruchinos que se hacían notar cuando pasaban por la carretera.

Estamos en otra zona del río, sigue siendo un maravilloso espectáculo, no me extraña que tenga hasta tres nombres. El agua cantarina parece jugar a esconderse al pasar por un puente de tubos por el que las ovejas corretean alegres, antes de quedar atrapada entre dos filas de alisos. Sigue el paso de gente del pueblo, obreros del campo, que trabajan también el día de su fiesta, para ellos, los días rojos del calendario no existen.

Subimos por la cuesta hacia El Batán, donde hay heridas de la peor de las historias recientes de este país. Mezcla de vegetación mediterránea y atlántica, para alcanzar Los Canalis y el valle de Cantarranas, coqueto arroyo con su ecosistema en su máximo esplendor. Al terminar la pequeña cuesta, nos recibe el Lombo, donde el camino planea, indicando el desvío a los Molinos y cómo no al Pinar de Descargamaría, señal que no falta en todos los puntos del recorrido. (Se ve que han aplicado bien el refrán de que todos los caminos llevan a Roma).

Mucha madera, mucha resina rezuma de pinos resineros con sus heridas chorreando el pringue, vacas y ovejas pastando, huertos cultivados, bastante actividad económica para un pueblo con vida, con colegio, bares, tiendas, mercadillo, centro de salud, residencia … con una tasa de mayores de 65 de las más bajas de los pueblos de la comarca de Ciudad Rodrigo. Ello demuestra que hay cierta calidad de vida.

El camino nos puso delante una vista del pueblo de postal, antes de descender hasta Fuente Miñomingu.  Es la fuente mayor del pueblo al que abasteció durante mucho tiempo, al lado el abrevadero del ganado, hoy lleno de lodo y plantas acuáticas. El riachuelo que se forma a su salida está colmado de moruja, buena prueba de la pureza del agua.

Finaliza el camino entre enormes zarceras, muy apropiado para pasear en el otoño y aprovechar para recoger moras.

Pusimos punto final a la ruta desde el alto de San Juan, con la vista de todo el pueblo, con la sierra de Francia al fondo, ruta entre árboles por un entramado de caminos y pistas muy bien cuidados, poco transitados por personas ajenas a su actividad laboral, pues aparte de nosotros, sólo vimos un veloz zorro cruzarlo.