DEMASIADOS PUENTES PARA TAN POCA AGUA ( Apuntes veraniegos en Zamarra)

He subido hasta Zamarra varios días del verano, en julio  cuando el sol parecía dar una pequeña tregua en su verano abrasador. Había  pasado su buena factura en los fresnos sedientos del regato de El Manco, los matorrales resecos, las zarzamoras con sus frutos maduros antes de tiempo, los membrillos ya amarillentos, frutales desnudos de hojas con la fruta al aire, un nivel elevado de síntomas que huelen cada vez más a cambio climático. Debería darse un paseo por estas tierras el señor Trump  para rebatirle su estúpida idea de que no existe el cambio climático.

El embalse muestra su peor cara, sale embarrada el agua después de golpear la compuerta, pero al fin se ve agua por estos lares. Mucho ha cambiado el paisaje subiendo, a duras penas las escobas, jaras y brezos logran mantener sus hojas verdes, pero un verde apagado, sediento, mortecino, se impone el tono del estío. ¡Qué distinto del paisaje primaveral!

Antes de llegar al pueblo, cuando al fin la carretera te permite un respiro, diviso el huerto de Goyo, que también ha sufrido una transformación, esta vez muy positiva. Como pude comprobar, confirmándomelo un vecino, éste es uno de los afortunados huertos que aún producen hortalizas en Zamarra. Estos terrenos, siempre se cultivaban con el objetivo de proveer de fruta y hortalizas a las familias. Eso es lo que tiene el huerto, frutales donde la fruta ya ha hecho acto de presencia, patatas, el cultivo más numeroso, tomates, calabazas, puerros, calabacines…alrededor como una auténtica valla natural, el maíz, mucho más estético que la plaga de palets y somieres que se ha ido adueñando de los huertos.

Aguantan como pueden las plantas la falta de agua, el maíz enrosca las hojas para reducir su pérdida, a pesar de los transgénicos de Monsanto, se sigue comportando como siempre ante la sequía.

Parece otro pueblo, que el que me encontré en la primavera. Los huertos abandonados, cubiertos de pasto seco y zarzas le dan un toque de más abandono. Justo cuando más se iba borrando la imagen del pueblo en otras estaciones, apareció un vecino, cuya casa es un jardín vertical, que con su amabilidad como todos con los que he hablado, regresé a la buena opinión que tengo del pueblo.

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LOS COCHES HAN VUELTO AL COLEGIO

Esta mañana a la hora de entrar al colegio, los alrededores del CEIP Miróbriga fueron literalmente tomados por una auténtica avalancha de coches, cuyos conductores intentaban conseguir un espacio lo más cerca posible para bajar a los niños, que precisamente hoy empezaban su nuevo curso.

La imagen escenificaba la vuelta al cole de los coches, más que de los niños, pues los que llegaban andando, de la mano de sus padres, abuelos, se las veían y deseaban para sortear la marabunta de coches que por un lado y por otro circulaban, algunos demasiado deprisa. Esta imagen de la vuelta al cole de los coches, desgraciadamente no sólo es patrimonio de esta ciudad, seguro que esta mañana se ha grabado en la retina de muchos espectadores de pueblos y ciudades del territorio nacional. Las imágenes del telediario lo certificaban, incluida la reina.

Ausencia de bicis, de sosiego, de calma, mucha prisa, velocidad para llegar puntual el primer día de clase. Primer día tan importante para alumnos y maestros, pues iniciar bien la salida del nuevo curso escolar, ayudará a no quedarse descolgado desde el primer día. A la educación, como a otras muchas cosas, no le sientan bien las prisas. Esta mañana, seguro que muchos niños han llegado a clase acelerados, saliendo del coche a toda pastilla, sin darle tiempo de verse en el patio con sus amigos tranquilamente.

En las ciudades, quizás tenga cabida el mundo de la prisa, pero en esta ciudad no, es ésta una ciudad para disfrutarla andando, en bici, es una pena ver cómo los coches se han adueñado de ella.

Ahora que el cambio climático no es un espejismo, algo que planteaban personas demasiado exigentes con el medio ambiente, más que nunca escuela y familia han de trabajar conjuntamente para inculcar a los niños valores y actitudes para hacer un uso responsable de nuestro maravilloso planeta.

Las maestras de infantil tienen maravillosas estrategias para conseguir que sus alumnos desde muy pequeños adquieran hábitos encaminados a tal fin, pues siempre obedecen los consejos de sus adoradas tutoras. Llegar a la escuela caminando, en vez de en coche, puede ser un buen objetivo para empezar el nuevo curso.

LLEGA SEPTIEMBRE

Amancer en septiembre
Amanecer en septiembre

Paseaba por la calle Santa Clara de Zamora, entre un examen y otro, contemplando sus espléndidos edificios modernistas, cuando en un momento dado percibí con intensidad la presencia de septiembre. En efecto, el fresco se hacía notar, y vaya cómo lo hacía, en la cara, dejando atrás los bochornosos días de julio y agosto, peatones con cara de acudir al trabajo, otros, especialmente mujeres con demasiados tirantes luciendo el moreno y sus tatuajes vacacionales.

Es septiembre un mes especial, compite cada vez más con diciembre para ser un mes de comienzo, de hacer muchas promesas que el tiempo se encargará de gestionar, arrinconándose muchas  por falta de combustible. Un mes donde el verbo volver adquiere mucho protagonismo. Una vez detectada la presencia de septiembre, mi caminar estuvo dirigido por él, cual guardia de tráfico en la sombra.

En los kioskos se apilaban cantidades enormes de coleccionables, con sus correspondientes reclamos publicitarios, cromos de futbolistas de la recién comenzada liga, coches, motos, fascículos, libros,…realmente, ¿hay todavía en la población aficionados a coleccionar? Sinceramente, pienso que estos reclamos son como bálsamos para despistar y entretener los primeros días de vuelta al trabajo, a las tareas escolares, a la rutina, con el fin de hacerlo más llevadero, pasados unos días, la mayoría se olvida de recoger el coleccionable, abandonando la colección.

Las tiendas, supermercados, mostraban sus pequeñas reformas, la mayoría consistentes en cambiar la caja de sitio, los productos más necesarios, con el fin de fastidiar un poco, algunos dirán que necesarios para activar las neuronas. Han desaparecido los carteles de las rebajas, en su lugar se anuncian saldos en el interior. Otro grupo de caminantes, mayoritariamente femenino, ya en edad de haber alcanzado el retiro, va a fisgonear, a ver la nueva moda para situarse en primera línea de salida.

Y qué decir de las academias, gimnasios, colegios, todos utilizan reclamos para volver, para la mayoría volver a empezar un compromiso con el aprendizaje eterno del inglés, con rebajar los kilos traídos de las vacaciones. Los colegios, institutos, ya habían empezado su actividad,  salían alumnos de recoger las notas, por sus caras, con distintos resultados, muchos hacían promesas delante de la familia, es septiembre un mes de compromiso para volver a empezar, para corregir errores.

Abuelos reenganchados a la vida laboral como cuidadores infantiles, entretenían a sus nietos en el parque, muy cerca del colegio, quizás saboreando que pronto septiembre le libere del trabajo, volviendo a recuperar su jubilación en pausa estacional.

Durante el viaje de vuelta, septiembre me acompañó, revolviendo mis pensamientos, más que las respuestas marcadas en la plantilla de los exámenes. Los campos ya resecos, eran dueños del amplio horizonte de penillanuras de la Tierra del Vino, tan solo pequeñas viñas rompían su uniformidad amarillenta. Tiempo de vendimia, cada vez anticipándose más, como carrera a ver quién llega antes, adaptándose a los nuevos tiempos donde la velocidad marca las horas.

En mi mundo campesino el tiempo era muy lento, todo se retrasaba, tardaba en llegar a veces demasiado, como llegada de las primeras borrascas, que tan felices nos hacían dejando el duro trabajo de regar, como el tiempo de sacar las patatas, de recolectar las últimas frutas, quizás por ser las últimas las más sabrosas, los melocotones y pavías nos llenaban a septiembre de olor y sabor.

Patacas a punto de florecer en Sanjuanejo
Patacas a punto de florecer en Sanjuanejo

Tiempo de calabazas maduras de amarillo brillante, tiempo para florecer las patacas, adornando la huerta después de que la mayoría de las plantas hubiese terminado su ciclo, bien de forma natural o que el hacha de un hielo prematuro, que los hay en septiembre, adelantase su final. Terminaba septiembre con el maíz amarillento, aguardando el descamisar de sus mazorcas, estructuras de hileras de maíz de un precioso  amarillo oro.

Maizales
Maizales

Tiempo para volver al colegio, tiempo de reencuentros, de nuevos espacios para la amistad, para el aprendizaje, también para la zozobra, que de todo hay en la viña del señor, para volver a pisar hojas por las calles, para contemplar amaneceres y atardeceres de ensueño, para volver a sentir el viento del sur anunciando la llegada al fin de alguna borrasca.

Por último, tiempo para empezar la cuenta atrás para que llegue el próximo verano.

 

DESDE EL BALCÓN DE LA MESA (Relatos veraniegos)

Pesquera
Pesquera

Había pasado el puente que le llevaría al paraíso terrenal, una isla-jardín, con playa fluvial incluida. Cuando lo normal hubiera sido acercarse al río, bañarse es lo de menos, contemplando las aguas azules, el enorme charco de la antigua pesquera, el deslizarse el agua por ella, formando miles de pequeñas corrientes de espuma blanca, jugueteando y saltando por las primitivas piedras poco uniformes, decidió pararse, sentándose en la primera mesa, escrutando la realidad de una forma pétrea, bajo sus gafas de sol oscuras. Contempló durante horas, días, semanas, el paso del verano desde su atalaya. Fuera la hora que fuera, ahí estaba él, como los antiguos serenos.

Estoy seguro que para muchos pasó desapercibido, para otros esperando un saludo, para los forasteros el cobrador de la entrada en huelga de brazos cruzados, quizás otros buscaban el recipiente para depositar unas monedas para la estatua viva que representaba con gran acierto.

Alguna vez, lo he visto levantarse, dirigirse a la playa donde su nieta chapoteaba con el agua, al llegar a la orilla, ponía el freno de mano, quedando un rato petrificado, ninguna reacción a tantos estímulos de este espacio veraniego.

puente
Puente de entrada

Pronto volvía a su balcón, en la misma posición, ahí aguantaba lo que le echasen. Por sus trazas es un jubilado, es posible que fuera en su tiempo camarero, quizás tuviese un trauma por no haber disfrutado de la terraza, donde los clientes repanchingados en sus sillas, esperaban que les sirviera. Eran sus veranos desde la barra, desde el calor sofocante, desde la impertinencia de algunos clientes, desde el ir y venir bandeja arriba bandeja abajo…

Quizás ese equipaje vital, se le fue haciendo cada vez más pesado, y ahora al jubilarse decidió tirarlo por la borda y sentarse en su terraza de la vida para ver pasar el verano, la vida, sin decirle nada, sin intervenir en su devenir.

Cuando a la tarde, el sol camina siguiendo el curso del río, he visto a nuestro personaje desplazado hacia el oeste, sentado en una mesa similar a la suya, contemplando el ocaso, el pasear de caminantes retardados, los perros tirando de sus amos. A pesar del cambio de decorado, se mantiene en la misma actitud, mirando, quizás no viendo, oyendo, quizás no escuchando, tan sólo le interesa lo que pasa delante de sus ojos, no quiere gastar energías inútiles girando a su alrededor.

Pertenece nuestro personaje a ese amplio grupo que al llegarle la jubilación, ponen su reloj vital al mínimo, para no gastar demasiado, con el fin de intentar alagar al máximo su vida, no dándose cuenta que lo que realmente hacen es envejecer más deprisa, pues se comportan como auténticos ancianos, cuando realmente no lo son. En este caso menos todavía, pues mantiene un aspecto de persona jovial. Quizás esté entrenándose para la tranquilidad eterna que a todos nos espera.

Es difícil conectar con el interior de las personas, saber sus sentimientos, su nivel emocional, pero si nos atenemos a la exteriorización de los mismos, este señor marcaría un electroencefalograma- sentimental plano.

Un día de agosto, que el verano comenzaba a coquetear con el otoño , bajó de su balcón veraniego, tal vez para instalarse en otra mesa, la mesa camilla y pronto sentir la llegada del otoño, o quizás comience a escribir y ordenar su experiencia, a partir de tantos personajes que hemos desfilado delante de su balcón.

Charco
Charco

UNAS COLMENAS MUY TEATRALES

Justo cuando las abejas están pasando uno de sus peores momentos, la Feria de Teatro ha utilizado las colmenas para que en muchos espacios de la ciudad quede constancia del trabajo realizado durante 20 años. Preciosa la imagen de las colmenas formando un círculo en el foso.

Me imagino que los organizadores de la feria han utilizado las colmenas para transmitir su mensaje, basado en el trabajo en equipo, disciplinado como el realizado por las abejas, con el objetivo de inundar la ciudad de colmenas, donde en vez de abejas hay creatividad, curiosidad, ilusión… capaces de picar la curiosidad de los habitantes de esta ciudad, a veces tan poco dada al trabajo colectivo.

Este proyecto teatral, visto desde la distancia en el tiempo, surgió de las ganas de hacer cosas de Juan Carlos Sánchez, tal como lo relató y escenificó en su magnífico pregón del Martes Mayor, que consiguió que a nadie le resultase indiferente. Muchas horas de darle vueltas a la idea de utilizar el escenario que ofrece la ciudad para que cobrasen vida muchos personajes, capaces de transmitir valores, reflexiones,  de rescatarlos de su retiro, lanzando preguntas, dando respuestas. Llenando plazas y rincones con humor y entretenimiento, de sacar a mucha gente a la calle, compitiendo con los toros del carnaval, de romper la monotonía televisiva.

La ilusión está comprobado que es un motor de muchos caballos, cuando Juan Carlos nos contó su idea, inmediatamente le dimos ánimos para que con su empeño la sacase adelante, los ánimos están muy bien, pero ellos solos no materializan nada. ¡Cuánto trabajo bien hecho hasta comenzar a correr el telón!

Fue muy emocionante ver el verano de 1997 representar obras en rincones y plazas, sin grandes medios técnicos y humanos, pero desde el primer momento se palpaba que la ilusión había picado en el ambiente, fabricando un tejido teatral, dulce y pegajoso como la miel de las abejas, que poco a poco se ha ido impregnando en el tejido de la ciudad y la comarca, convirtiendo esta semana en una referencia cultural y económica de Ciudad Rodrigo.

Detrás hay todo un trabajo de equipo, que ha sabido llegar sobre todo a los niños, formando desde las primeras ediciones a jóvenes monitores, que pronto se hicieron partícipes y protagonistas en el Divierteatro uno de las apartados más rompedores y acertados de la feria. Es difícil mantener una actividad si no se trabaja con vistas al futuro, los niños son el futuro, estos días, está por las mañanas en las plazas de Béjar y Montarco, donde pueden disfrutar de un espacio que derrocha creatividad e imaginación por todas las esquinas.

Emociona ver a muchos jóvenes que han participado en ediciones anteriores, buscarse en esas colmenas teatrales, en los paneles de la exposición de la casa de Cultura, comprobando que para todos la feria fue una experiencia vital muy positiva.

Ha conseguido la feria ir adaptándose a distintos espacios, formatos, la era digital, las ayudas, la impronta institucional… pero no han conseguido erradicar las colas, esa serpiente humana que empieza el domingo que se empiezan a vender las entradas y durante la semana sorprende a forasteros, nada sería igual si antes de empezar la función no hubiese una larga cola para entrar, sería muy mala señal.

Cuando Juan Carlos, probó el último trozo de sandía, la pantalla se llenó de anuncios de una ciudad en venta, una ciudad condenada a ser escenario sin actores, una ciudad sumida en una crisis que poco a poco ha ido expulsando a sus actores y actrices, porque nadie le da ya papeles para actuar. Ojalá que las últimas palabras de su pregón sean semilla que germine en esta tierra para desviar el rumbo gris, que  año tras año se va enquistando, creando una pesada losa difícil de mover, que permita a los vecinos más jóvenes actuar para poder representar su proyecto de vida, saliendo al escenario elegido, sin tener que salir de mala manera, haciendo mutis por el foro.

Colmenas
Colmenas llenas de recuerdos

TRAS EL PASO DE LOS LOBOS

Es el Paso de los Lobos un lugar muy dado a historias de aventuras. El lobo siempre fue por estas tierras un animal temido, al que además se recurría para añadir más miedo y zozobra de la que ya tenían los niños de la posguerra. ¡Qué viene el lobo! ¿Quién no escuchó tal exclamación en su infancia!

Ahora los lobos que pasan por este desfiladero, se han reciclado, son de colores llamativos, sus patas transformadas en ruedas, le permiten devorar kilómetros, moviéndose con gran agilidad. Hasta algún que otro león vimos esa mañana.

Llegamos también con ansiedad y muchas ganas  al Paso de los Lobos para iniciar una ruta fuera del entorno conocido, con bastantes altitudes que poder coronar y especialmente muchas nuevas vistas que disfrutar.

Todo quedó olvidado nada más iniciar la marcha y girar a la derecha. Un enorme predegal, donde las botas de senderistas han conseguido poner orden y trazar un camino, te eleva pronto hacia un mirador espectacular, donde sobresale aún más ese cohete artificial que le adosaron hace tiempo al Peñasco de la Peña. Quizás ahora hubiese sido más complicado o por lo menos no sería tan cantoso.

Los hitos van orientando al caminante, que poco a poco empieza a divisar valles y picos a diestro y siniestro. La erosión ha realizado un trabajo espectacular, las cuarcitas en sus manos han dado mucho juego, cuerpos geométricos casi perfectos de distintos volúmenes, huecos en la roca como si hubiesen sacado una gran bola de helado, y por encima de todos la Mesa del Francés, el Mingorro para los de Monsagro. Planicie pétrea dominando el gran valle del Agadón, sus numerosas fracturas, han formado un gran conglomerado de rocas en forma de cañón. Al fondo la gran espina dorsal que une la Peña con la Hastiala, desde la distancia no parece tan larga como cuando subes y bajas por sus pedreras para alcanzar la máxima elevación de estas sierras.

Buena mesa se buscó el tal francés para darse un capricho gastronómico. Con estas vistas cualquier plato obtiene un plus de sabor, empezábamos la ruta y más de uno tuvimos la tentación de probar la mesa. Bordeando su contorno occidental, se va ampliando el campo visual hacia la campiña, Monsagro en primer plano, Serradilla, encinares y pastizales amarillentos, Ciudad Rodrigo tan visible desde la Hastiala queda oculto por algunos de los númerosos cerros que nos encontramos al regresar.

Igual que la Sierra de Gata, esta zona está trillada de caminos y cortafuegos que confunden a los caminantes, por mucho GPS que lleves. Bajando campo a través, que también tiene su encanto y viene bien de vez en cuando, llegamos a un antiguo camino de caballerías, desbrozado recientemente, para alcanzar el puerto de Monsagro, entre  el pico de Migas Malas y el Mingorro.

Parada gastronómica y de toma de decisiones futuras. Lanzo el anzuelo al Rongiero, cumbre que tenemos delante, para ver si mis queridos amigos pican, e iniciamos la ascensión. Quizás fuese el viento que movía el anzuelo, el cortafuegos que se perdía pronto o los pedregales de la cumbre, la cosa es que nadie picó. Me conformé ascendiendo por su ladera, por  el camino que lo bordeaba para  hacer labores de reconocimiento para futuras rutas. ¡Hay que ser previsor! ¿Mereció la pena? Siempre las subidas lo merecen, el valle del Batuecas arrancaba a mis pies, alcanzando a divisar el convento que se perdía en la lejanía, a la derecha el camino seguía bordeando laderas hasta llegar a la cumbre del Montón de Trigo.

A veces hay coincidencias muy curiosas, a los pocos días leyendo el libro de Carles Villalba “Sueño..sueños rotos”, le dedica un capítulo a la zona que hemos recorrido, lo que me permite meterme aún más en la historia profunda que describe en los albores de la segunda República.

Muchos lobos debieron pasar por estos caminos en busca de comida, especialmente ovejas, hoy no parece que sea para ellos un hábitat apetecible, trasladándose hacia los pueblos cercanos a las Arribes, donde los ganaderos con bastante frecuencia sufren sus ataques. A veces es complicado gestionar la convivencia de intereses muy distintos.

Los Puertitos es un cruce de caminos, donde arranca la bajada hacia el valle del río Batuecas, cuyo nacimiento percibimos echándole imaginación, pues humedales pocos había, algún arbusto de ribera, nos llevó  visualmente hasta su posible lugar de nacimiento.

Casi siempre las propuestas que se hacen no suelen caer en saco roto, caminando por una pista forestal en dirección a La Alberca, mis compañeros de caminata proponen subir hasta el Alto de Lera en la sierra de la Alberca, cercano a la Peña del Huevo. Dicho y hecho, enfilamos la subida por un camino desbrozado, de pendiente suave y continua, llena de pitronchos, todo recto, lo cual hace la subida un poco más antipática.

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LAS RESIDENCIAS DE ANCIANOS, ESPACIOS DE CONVIVENCIA (A todos sus trabajadores)

Sus andares desorientados y especialmente su mirada los delatan. Son los residentes que tienen cierta autonomía y deambulan el primer día por los pasillos y estancias de la residencia.

Son las residencias los nuevos internados, espacios de convivencia, donde aquellos a los que la vida le ha ido dejando sus facultades mermadas, pasan sus días, atendidos, para poder seguir teniendo una cierta calidad de vida, mientras poco a poco se van despidiendo de ella. Fuera de ellas, esa labor de despedida  sería complicada.

Atracados en estos puertos, los residentes se amarran a la  atención del , personal que en ellas trabaja, todos  juegan un papel extraordinario. Equipo formado  fundamentalmente por  mujeres, pues en sanidad, dependencia y educación la ley de igualdad es difícil que se cumpla.

Hoy la educación entre muchos de los retos que tiene que enfrentarse, está el de enseñar al que no quiere. Las auxiliares de una residencia tienen que atender a personas que en su mayoría no quieren estar ahí. Ello conlleva que su trabajo, para empezar sea de una gran complejidad, debiendo buscar estrategias que lleguen a la sensibilidad del interno para ganarse su confianza.

A ello, unido que los que entran, salvo una minoría, irán empeorando su situación, la carga emotiva que establecen con los residentes, hacen de estas trabajadoras unas heroínas sociales, a las que la sociedad apenas  valora, pero que hoy día son un pilar fundamental de la estructura social

Convivir con personas que llegan hasta ahí con una maleta vital tan variada, conlleva enormes dificultades. ¡Hay tantas personalidades en una residencia!  Afortunadamente cada persona es un mundo, lleno de proyectos, aficiones, gustos, sensibilidades, que nos hacen diferentes. Cuando se llega a ese puerto de la travesía, también se han ido arrastrando cantidad de rutinas, pequeños placeres de la vida, a los que al llegar a una residencia hay que ir soltando poco a poco.

La familia, pero especialmente las trabajadoras de estos centros tan necesarios, deben hacer un excelente trabajo de pedagogía para conseguir que una personalidad ya formada y a veces rígida, se vuelva flexible para poder adaptarse a la nueva situación, casi siempre no aceptada.

Y los hay que la aceptan y muestran lo mejor de ellos en esa etapa que no quieren ser una carga  para sus familiares, para satisfacción de los trabajadores, para satisfacción suya que comprueban cómo pueden seguir creciendo personalmente a pesar de sus carencias. ¡Chapeau  por esta gente!

Tienen bastante de internado, de colegio estos centros asistenciales, quizás sea porque al final todos nos vamos volviendo un poco niños. Se palpa en las relaciones que se establecen entre ellos, sus espacios, a los que pronto  incorporan a su registro de la propiedad, es comprensible que aspiren a tener un pequeño espacio suyo, después de dejar su casa y su ambiente creado con los años. Lo mismo ocurre con las relaciones, se establecen por grupos, a veces dirigidos desde las direcciones por sus posibles coincidencias o por evitar posibles choques de carácter.

Paco Roca, escribió un precioso libro-cómic “Arrugas”, posteriormente llevado a las pantallas, donde describió con gran sensibilidad la vida de algunos personajes en la residencia, personajes que se repiten más o menos en todas, convirtiéndolas en escenarios donde a cualquier hora del día se podría rodar una película muy parecida.

A pesar de la dureza de la situación, los que llegan aún en buenas condiciones, afortunados son de poder compartir con todos sus intereses, conocimientos acumulados, ilusiones, dándose a conocer, oportunidad que no tienen aquellos que ya llegan en una situación en la que han perdido cualidades que ahora no le permiten ser como ellos han sido.

¿Y los familiares dónde colocarlos? Ellos también son parte activa y fundamental en este engranaje asistencial. Unos desde la colaboración constante y positiva, integrándose perfectamente en las residencias, cumpliendo sus normas, otros más desde la distancia.

Llevo años en contacto con la residencia Obispo Téllez, cuando veo cómo organizan actividades que implican la participación de válidos y no válidos, teniéndolos que desplazar, animar.. no puedo menos de sentir admiración por un trabajo encaminado a mantener una llama de ilusión en estas personas que han llegado a la parte del viaje más complicada, justo cuando las fuerzas ya flojean y necesitan de ayuda. ¡Enhorabuena y ánimos para seguir adelante!

Residencia Obispo Téllez
Residencia Obispo Téllez