EXTREMADURA SORPRENDE

Recuerdo tantas veces que al girar hacia la derecha para coger el camino a casa, siempre abandonaba la dirección del indicador de hierro oxidado que te dirigía a Cáceres y al Puente de Guadangil. Quizás fuese ese detalle el que poco a poco me fue inoculando el deseo de viajar a tierras extremeñas. Efectivamente muchos han sido los viajes por Extremadura, territorio que debía cruzar para viajar a Sevilla y muchos otros para conocer una región llena de encantos que constantemente te sorprenden gratamente.

Lo primero que sorprende es el paisaje, bajando el Puerto de Perales, la impresionante helada que helados nos dejó al ver el campo completamente blanco, cual mes de enero, permitía la condensación del abundante vapor de agua, formando nubes blancas rastreando los valles. Poco queda de lo que fue este paisaje hace años, los pirómanos se han encargado de llevarse por delante años y años de crecimiento de pinares, el resto se lo han llevado los camiones hacia las papeleras. Aquí se han quedado horizontes despejados, aptos para extender la vista y repasar picos, pueblos, castillos, embalses,..

Sorprenden los pueblos, ¿cómo puede haber tanta diferencia en tan pocos kilómetros? Cruzar Villasrubias, último pueblo de Salamanca, es cruzar un tiempo anclado en el pasado, del que poco a poco se va desprendiendo la poca vida que le queda, cruzar Perales del Puerto, primer pueblo de Cáceres, es toparte con un pueblo que tiene vida, sus casas blancas, negocios a ambos lados de la carretera, campesinos empezando su jornada, naranjos y limoneros en las aceras, el azahar aún sin abrir…

Sorprende el adelanto de la primavera, el brezo florecido tiñe de color las laderas amortiguando las cicatrices visibles de los incendios, los jaramagos hacen lo mismo en las cunetas y campos abandonados de la mano de dios, que gracias a ellos disfrutan unos días de protagonismo. Las jaras, majuelos y escaramujos aún tendrán que esperar, aunque a medida que se baja hacia el sur, se van abriendo algunas flores.

Sorprenden sus carreteras y autovías, nada más cruzar la delimitación autonómica, el coche rápidamente lo nota, aún más el conductor. En Moraleja, cogimos la autovía autonómica para acercarnos a Monfragüe.

La reducción del tiempo empleado y las guías que a veces dicen cosas bastante alejadas de la realidad, nos llevaron a Malpartida de Plasencia. La iglesia de enormes proporciones  parecía que la habían colocado con calzador entre calles estrechas donde las guías hablaban de pintorescos rincones. ¿Habrían estado allí alguna vez semejantes viajeros? Cuando empiezas un viaje, la frescura te lleva a relativizar todo.

Pero a pesar de todo, también nos sorprendió el pueblo, donde encontramos pinceladas de una gracia que nos recordaba que íbamos hacia el sur. Un cartel anunciaba naranjas “Muy feas pero riquísimas”, en una churrería donde tomamos un café con porras bastante bueno, un cliente al enterarse que había venido su médico, pues tenía consulta con él, pidió un vaso de agua y se tomó las pastillas que sacó del bolsillo, para que no le echase la bronca, saliendo pitando hacia el consultorio.

Es Villarreal de San Carlos una buena entrada al Parque de Monfragüe, perfectamente rehabilitado, acondicionado, ambientado, invita desde el primer momento a disfrutar de una naturaleza en estado puro lanzándote a caminar lo antes posible a través de unos senderos perfectamente señalizados.

Difícil elegir entre todas las opciones. Al final subimos al Monte Gimio, siguiendo el camino por la ladera del valle del regato de Malvecino. Un recorrido lleno de sorpresas naturales perfectamente sincronizadas y encajadas: fresnos despuntando salpicando el bosque de robles desnudos, viejos alcornoques cubiertos por las greñas de líquenes gigantes, troncos de encinas y robles tapizados por un musgo de verde intenso, cascadas continuas de agua clara, puentes de madera cuando el camino se complica, flysch de rocas alineadas bajando desde las cumbres hasta los valles, buitres sobrevolando el cielo,…

Espinas dorsales entre los valles del Tajo y Tiétar, tapizadas por el bosque mediterráneo, con distintos tonos de verde, de una primavera que aún le falta el estallido final. Jaras, cornicabras, majuelos, escaramujos no pueden competir con el cantueso rey del color y del olor junto con la jara.

Pero si para viajar igual que para aprender, es necesario sorprender, la carretera que te lleva a Trujillo, es un cajón lleno de sorpresas, especialmente en primavera. Dejando atrás el salto del Gitano, puerta de salida del parque, poco a poco las crestas van desapareciendo, llenándose la vista de la espectacular dehesa extremeña, cercados con encinas y alcornoques centenarios, cubiertos con matorral mediterráneo y mucha hierba y mucha agua en las charcas y regatos, donde pastan vacas, ovejas, cerdos y cabras. Un paraíso natural.

Buen pueblo Trujillo para inspirar todo tipo de aventuras, especialmente allende los mares. Llegar hasta aquí siempre es una conquista, de un pueblo que ha sabido muy bien entender la filosofía del turismo, la gente que llena terrazas y tiendas lo atestigua. La feria del queso un descubrimiento exportable. Muy agradable es pasear por calles y plazas bien conservadas y mejor rehabilitadas.

La autovía, ese camino de nuestra época, rápido como él solo, pero falto de emoción y sorpresa, nos llevó hasta Mérida, donde hicimos parada y fonda. La Tierra de Barros, nos sorprendía con una gran actividad agrícola, inusual en nuestra provincia.

Es Mérida ciudad suma de tantas cosas que a pesar de ello sigue teniendo su encanto, muchos sumandos para hacer la media, romana, mora, cristiana, extremeña, andaluza, capitalina, pueblerina, agrícola, comercial,… y con todo sigue siendo la pequeña Roma, casi nada. Ver atardecer paseando por el puente romano, con un Guadiana de enorme caudal, a pesar de la plaga del camalote, es muy recomendable.

Aún queda bastante trayecto más al sur de la capital para abandonar estas tierras. La inmensidad de la tierra roja, con las vides brotando, abarca todo el horizonte a ambos lados de la cicatriz por donde viajamos. A la altura de Fuente de Cantos, la ausencia de árboles y vegetación sorprende por la brusquedad del corte. Las tierras de labor han dado paso a enormes pastizales para el ganado, que la primavera ha teñido de verde. Al dejar atrás Monesterio y la sierra de Tentudía, la carretera pica hacia abajo, se nota que la primavera lleva delantera. Andalucía nos recibe con los brazos abiertos y un impresionante olor a azahar, bajando parece una extensión de Extremadura. 300 km para cruzarla de norte a sur, dan para muchas sorpresas.

Así es esta tierra maravillosa, en su momento alejada del Duero, pero hoy tan cercana y siempre con encantos por descubrir. Por último, es difícil entender que sus parámetros económicos, educativos obtengan tan malas notas, hasta la venta de pisos que en todas comunidades aumenta, aquí bajan, pues se percibe que hay vida y calidad, quizás los exámenes que hacen no lo midan.

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TELEBASURA

Subí en bici a Zamarra aprovechando que ya se habían ido los forasteros, especialmente los coches, que creo que han ganado a las personas, y así sentir si la primavera al fin estaba despertando.

Tarde ventosa, amenazando lluvia en forma de chubascos, algoritmo que desencadena un pedaleo a cámara lenta. Hay mucha humedad, pero no hay calor en el campo, y sin temperatura la explosión primaveral tardará en llegar. Es cierto que ya hay muchos árboles florecidos, pero por imposición del calendario, no porque hayan tenido el ambiente que necesitan para abrirse las yemas florales.

Ante tal circunstancia, teniendo en cuenta que sigue el camino desnudo ante la falta de hojas que poco van tapando vergüenzas, hice un importante esfuerzo por centrarme en la basura que iba viendo en las cunetas, a orilla de la carretera. El viento racheado no daba para muchas alegrías veloces , por lo que pude a lo largo del trayecto cabrearme hasta la saciedad de la enorme cantidad de basura almacenada a orillas de una carretera precisamente muy poco transitada.

Es difícil de entender cómo hoy día, que la mayoría de los coches tienen climatizador, viajando con las ventanas cerradas, se puedan abrir para lanzar al campo tanta inmundicia. ¡Y hay que ver lo tiran!

El colmo de los colmos me lo topé subiendo las rampas pasada la presa. En una curva con vistas interesantes al embalse rodeado de cerros, con muy mala visibilidad, alguien paró hace un tiempo su furgoneta para dejar allí muchos de sus despojos domésticos. Entre todos, sobresale el viejo televisor, quizás el más indicado y adaptado a la nueva situación, pues tal vez por su pantalla saliese mucha telebasura y muy pocos documentales de concienciación. Pensé que estaría en su salsa, rodeado de ventanas, tubos de estufa, la caja de la camilla, botes de pintura, por supuesto plásticos, sacos de yeso sobrantes,… todo un arsenal de basura totalmente desubicado en un espacio natural.

Recorrí andando el espacio entre curva y curva, menos de 50 metros.  Para mí sorpresa, me fui topando con cantidad de restos lanzados desde los coches al campo. Hay que tener los sentidos muy embotados para no ser conscientes de que ese tipo de objetos además de  desentonar enormemente donde caen, provocan daños irreparables al medio ambiente. Ganan por supuesto las latas y entre ellas la coca-cola, pocos lugares están vírgenes de ella, colillas, bote champú, envoltorios de chucherías, bandejas de empanadas, bidones vacíos de pintura, botellas  y platos de plástico, cajetillas de  tabaco, etc

Una larga lista de compra ya utilizada cuyos restos alegremente han sido lanzados al campo, después de comer en el coche. Con este pequeño ejercicio práctico, es muy fácil comprender la demoledora reflexión que hace Muñoz Molina acerca del futuro de la tierra puesto en peligro por la invasión de los plásticos, una amenaza complicada de frenar. Por los mares ya navegan millones de toneladas, ocupando enormes extensiones como auténticos iceberg.

En un cercado donde pastaban ovejas, sus alambres ya tenían más plásticos enganchados que lana, un ejemplo palpable que también en la costura el territorio lo marcan ellos.

Queda mucho por hacer, a pesar de lo mucho que se intenta desde los centros de enseñanza, ayuntamientos, instituciones, grupos altruistas. Nunca tuvieron que desaparecer de la escuela la educación en valores a través de temas transversales y la educación para la ciudadanía. Es más fácil que un niño sienta el amor a la patria al contemplar la belleza de la naturaleza en cualquiera de sus múltiples manifestaciones que viendo pasar la bandera en un desfile.

Estamos ante los sentimientos, que no se comportan matemáticamente, que necesitan constantemente de detalles, de ejemplos, y ahí sí que desde las pantallas de TV, pueden ejercer un efecto multiplicador, pero ese tipo de programas apenas suman en la absurda carrera de las audiencias.

Al regresar, la flor amarilla de la lechetrezna lucía hermosa entre el asfalto de la carretera, quizás harta de tanta basura en la cuneta decidió dar la vuelta a la tortilla, por algo se empieza.

DE PROCESIÓN POR GATA ENTRE CASCADA Y CASCADA

La puerta natural de entrada a la sierra  de Gata, el risco de Martiago, lleva un tiempo en standby por obras, por lo que hay que redirigir la ruta para acercarse a ese territorio maravilloso. Está claro que todos los caminos llegan a Roma, así que saliendo por la carretera de Bodón y girando en la presa de Irueña se llega a Martiago, quizás incluso antes que por el risco.

Ese enorme mar artificial creado hace unos años, embalsando las aguas copiosas que caen desde Navasfrías hasta el Rebollar, anulando las cascadas de los ríos, tiene las aguas tranquilas cuando cruzamos la presa en dirección a El Sahugo. Los robles totalmente desnudos, dejan a la vista del viajero todo su territorio, formado por prados cercados, donde la hierba recién nacida parece más el césped de un campo de golf, que el manjar exquisito que esperan las vacas que siguen comiendo pasto seco y pienso para disgusto de los ganaderos.

Llevan todos los regatos agua clara, las charcas rebosan por los laterales, donde seguro que la moruja se deja mecer por las aguas cristalinas. La aparición de la llamada ensalada de los pastores, anunciaba el cambio de una dieta invernal, donde aparte de las escarolas, la ensalada se reducía a lo mínimo de lo mínimo.

La carretera hasta Martiago, discurre paralela a la sierra, permitiendo una vista de toda ella, con los contornos delimitados por un sol espléndido, que ejerce como nadie de modulador de luces y sombras. Al cruzar la capital de la comarca de Agadones, giramos hacia al sur, buscando tierras extremeñas. Una carretera sin coches, es hoy día un camino extraño, muchos kilómetros sin cruzarte con nada, hasta alcanzar el puerto Viejo. Aquí, se comienza a bajar hacia Robledillo, las laderas se llenan de brezos ya florecidos y pequeños pinos a los que les cuesta la propia vida tirar para adelante, con lo poco que les costó a los pirómanos quitársela a sus antepasados centenarios.

En la Golosa, base la Bolla Grande, cogimos una pista, autovías forestales que recorren y cercenan estas cumbres y laderas, para acercarnos al camino que nos llevará a Ovejuela en las Hurdes. Caminos perfectamente trazados, aprovechando valles de ríos y regatos, zigzagueando para romper el ritmo de subidas y bajadas, cuando el resuello ya está pidiendo tiempo muerto, caminos que te llevan a un mundo demasiado cercano pero totalmente escondido. Caminos por los que subían y bajaban tantas penurias, por los que hacían tantas estaciones de penitencia, cogiendo castañas, haciendo carbón de brezo, vendiendo aceite, y así conseguir lo mínimo para seguir a duras penas viviendo.

Castaños, pinos y encinas, conviven en esta bajada, que muestra una imagen totalmente distinta del verano. Los helechos secos, los castaños la mayoría abandonados de la mano de dios, parecen esqueletos verticales, cruces de pasión, auténtico calvario sobre el Gólgota, a la espera de  que vuelva a darse otro milagro de la primavera. Más de uno lo tendrá difícil en esta primavera aletargada.

Los brezos ponen la nota de color en el camino, más florecidos en las laderas orientadas al sur. El sonido es de los pájaros y del agua. Cuando el camino pierde altitud, nos reciben las coquetas cascadas del arroyo de la Fuenfría con su musical sonsonete, agua limpia, transparente que golpea sobre pizarras que caprichosamente entorpecen su recorrido.

Nos recuerdan que nos dirigimos a la gran cascada del Chorritero. Se juntan los dos ríos cuando el camino se abre hacia espacios abiertos, bajo un cielo azul. Las dos corrientes vienen alegres, especialmente la que baja desde la Bolla, encajándose cual embarcadero en un canal de pizarras erosionadas por aguas ya pasadas, para lanzarse al vacío, pues no hay posibilidad de marcha atrás.

Caída espectacular, un gran salto de agua, que en esta primavera lluviosa, está dejando imágenes maravillosas. El agua limpia, se transforma en espuma blanca pulverizada, deslizándose por el tobogán de pizarra, cruzándose  caprichosamente para formar  lazos que asemejan perfectamente al número ocho.

Golpea en su caída en el pozo piscina, provocando un sonido melódico cual tambor de procesión, que se rompe al salir disparada el agua cauce abajo entre piedras esculpidas anárquicamente por la fuerza de la corriente. Llegan caminantes por el nuevo camino cual penitentes hasta el monumento, ha perdido el encanto de llegar hasta aquí sorteando la corriente, saltando de orilla a orilla haciendo equilibrios y malabares. A cambio, afortunadamente mucha más gente podrá disfrutar de esta maravilla de la naturaleza.

Nos hacemos la foto del grupo para el recuerdo, antes de iniciar el agradable paseo por el camino paralelo al río. Hasta Ovejuela es una cascada continua, a veces aumentada al saltar las  pesqueras para sacar agua para el riego de bancales plantados de olivos o castaños. Meandros profundos cambian el curso del agua, llevan a confundir el sentido de las corrientes, disfrutando de ellas desde los puentes de madera. Descansa el agua en la piscina natural a la entrada de Ovejuela, donde otra cascada se forma al saltar el agua que rebosa en su salida, día lleno de cascadas, de estaciones de disfrute del mismo agua a lo largo del camino.

Estamos en las Hurdes, los bancales en terraza con sus olivos, las viejas casas de pizarra que aún se mantienen de pie a duras penas nos lo recuerdan. Afortunadamente una mayoría de ellas son nuevas, respetando las calles estrechas y retorcidas, en el campo abierto sobresale una casa señorial, demasiado grande para pueblos tan pequeños, sobre gustos no hay nada escrito. Una señora mayor, en la solana deshojando una berza amarillenta, nos señala la campana camuflada que se nos resistía, contando como suele ocurrir historias de la vida de estos pueblos tan lejos de todo.

Increíblemente, Ovejuela tiene vida, ya quisieran muchos pueblos del sur de Salamanca tener tanto viajero por sus calles, con bar y restaurante incluidos y sobre todo la naturaleza en estado puro. Para amantes del senderismo una buena estación de penitencia, especialmente la subida hasta la cuerda de la sierra desde el pueblo, más dura si se decide pasar de nuevo por el Chorritero.

La subida por la falda más al oeste, permite unas preciosas vistas del valle, de los bancales de la ladera, algunos con olivos muy bien arreglados. De vez en cuando, cruzan el camino pequeños riachuelos que caen formando sonoras cascadas. Al llegar a la cuerda, nos permite saborear quizás aún más todas las sensaciones vividas en el camino, el esfuerzo de la procesión, como el de la procesionaria, nos recompensó con creces.

Aún tuvimos tiempo para acercarnos hasta la última cascada de Gata, el Chorrito de los Ángeles, de bastante más altitud, formada por dos corrientes de agua en caída vertical que se unen antes de alcanzar el vacío, dibujando una escena de gran belleza. Por el cielo azul, con  el fondo de la sierra de Béjar completamente blanca, sobrevolaban los buitres, mostrándonos una espectacular exhibición de aeromodelismo y todo en grata compañía, sin duda un gran día.

AÑO DE NIEVES,… (Pisando nieve hacia La Hastiala)

En mi infancia, se recurría mucho a los refranes, había para todas las tareas, días, meses,.. a veces acertaban, otras el tiro salía por la culata. Quizás hubiese en su utilización una forma de agarrarse a un clavo que ofreciese algo distinto de la dura realidad del día a día, ya de por sí bastante negativa. Nevaba de guindas a brevas, después a esperar a ver si se cumplía uno de los mejores refranes, “año de nieves, año de bienes”. Tal es su ambigüedad, que si se quiere, siempre se cumple el refrán, pues por muy cenizo que sea uno, siempre algo positivo acaecerá a lo largo del año.

Últimamente, nos ha visitado la nieve, de forma importante sobre todo en la Sierra de Francia. A pesar de que otro refrán dice que por San Blas, la cigüeña… y este año el 2 de enero había en la espadaña de San Pedro una, suspenso total para el refrán.

Aproveché que se adelantaba la primavera, para salir ayer al campo a esperarla. Aguanté hasta las cinco de la tarde, regresando sin sentir ni tan siquiera alguna de sus señales previas. Como recompensa, el día me llevó al encuentro de la montaña, el cielo y la nieve. Está siendo el mes de marzo un mes salvador, un mes al que le debemos recuperar la esperanza en el ciclo de la naturaleza, hecho añicos los últimos tiempos.

Lleva varios días La Hastiala pintada de blanco, ejerciendo de faro visual, especialmente cuando le da el sol, llamando poderosamente la atención y atrayéndote hacia ella. Por ello ayer, pasada la última de las borrascas, decidí acercarme una vez más hacia la sierra de más altitud de nuestro entorno.

Los arroyos y regatos llevan agua limpia, a destacar el Morasverdes, tanto tiempo seco, sequísimo. A medida que uno se va acercando a la sierra, ésta se  difumina con el cielo, como si la pintura no  hubiese sido capaz de perfilar el horizonte. De vez en cuando, el sol ejerciendo de aguarrás limpiaba a su paso todo lo que encontraba.

Comencé a ascender hacia el alto del Copero, la pista seca y árida de otras veces, estaba recubierta de nieve, una alfombra deliciosa para los pies. Las cunetas bajaban agua cantarina, el viento silbaba entre los pinos, el sonido amortiguado de las pisadas con la nieve, un rebeco cruza el sendero y me dirige una mirada desde el fondo.

Aquí la nieve tiene su hábitat natural, conserva un blanco espectacular, no se embarra, ni mancha al pisarla, se va fundiendo por abajo, saliendo las gotas que precipitan en busca de la corriente ladera abajo. Nada que ver cuando visita latitudes bajas, dura poco la alegría con que es recibida, todo lo complica. Qué distintas las nevadas de la infancia. Constituían una fiesta, la mayoría de las veces cuatro copos y al final agua, creo recordar que hasta rezaba para que cuajase, pero el dios tenía mucho trabajo para perderlo en semejantes tonterías.

Si cuajaba, éramos por unas horas felices, se dice pronto, hasta la comíamos y nos parecía exquisita. Peleas, muñecos, especialmente grandes para que durase, durase,..y lo más sorprendente la luz que invadía todo, una luminosidad agresiva acompañada de un silencio sepulcral , un manto que tapaba todas las vergüenzas de la huerta, pero al poco tiempo al fundirse las aumentaría al dejar todo de nuevo a la intemperie mezclado con nieve embarrada, fea y sucia. Lo mismo ocurre en las ciudades, la nieve de calles y carreteras, no merece ese trato, da pena cómo queda, nada parecido a lo que estoy pisando y contemplando esta mañana.

Mirando hacia el nordeste todo son nubes y cumbres blancas, la sierra de Béjar y Gredos cubiertas de blanco. A medida que la vista gira hacia el suroeste, va desapareciendo la nieve, tan sólo en la Canchera y el Jálama hay unos copos en las cumbres que semejan a las buitreras, al fondo la Sierra de la Estrella completamente blanca. En la penillanura, las nubes adoptan una posición de vela andaluza, para tapar el sol y que corra el viento del norte.

Regresé lentamente girando en el sentido de las agujas del reloj, la carretera de curvas y recurvas se va entretejiendo entre pinos Valsain de la sierra El Guindo. Están talando ordenadamente estos montes, auténticas reservas forestales; qué diferencia de los fuegos intencionados que se llevan todo por delante. Una forma de homenajear a los bosques en su día.

Al salir a campo abierto, cerca de Serradilla del Arroyo, el campo rebosaba agua, pero el marrón pardo del pasto seco aún dominaba en el horizonte. Mucha falta le hace a la tierra el calor para que reviente, será cuando llegue la primavera.

¿A QUIÉN MOLESTA QUE NAZCA LA HIERBA?

Intenté sortear como pude los embistes de Félix el fin de semana para poder disfrutar del maravilloso espectáculo del campo tras la lluvia. Ha conseguido llenar cauces de ríos, regatos, pantanos, charcas, bodonales, dando el carpetazo definitivo a la sequía.

Las plantas adormecidas por la falta de agua, han recuperado en un plis plas su vitalidad, la hierba machacada por las heladas, rápidamente ha resurgido cual vendaval desde sus entrañas para tapizar valles, cunetas, sembrados, fosos y contrafosos de la ciudad medieval.

Pero hay espacios del terreno, que desgraciadamente no podrán aportar ese verde primaveral. Mochilas fumigadoras, se han encargado de anestesiar, esterilizar con herbicidas terrenos que a partir de ahora se convertirán en manchas negruzcas que resaltarán aún más en medio de tanta explosión de color verde hierba.

¿A quién molesta que nazca la hierba? ¿Por qué recurrir a herbicidas para evitar el ciclo vital de la naturaleza? Pocos días han pasado desde que llegaron por primera vez las agradecidas lluvias y el lunes en los fosos, ya se notaba claramente la llegada de la primavera. El tapiz se extiende como una mancha verde, empiezan a hacerse notar  las primeras flores, componiendo un paisaje maravilloso.

¡Qué contraste con los adarves de la muralla! Aquellos a los que se recurrió con los herbicidas, utilizando plásticos para evitar que la hierba asomase, muestran su peor cara.

El uso de estos productos químicos, quizás tenga una justificación en la agricultura para luchar mejor y más eficazmente contra las malas hierbas, pero no se entiende muy bien su uso para dejar sin vegetación espacios a los que se les puede pasar una desbrozadora. Lleva varios años el ayuntamiento, especialmente el pasado, cuidando como un jardín los fosos y contrafosos durante la primavera, mostrando una de las mejores postales que la ciudad nos puede regalar.

A destacar cómo no la presencia del rebaño de ovejas, recuperando algo que nunca debió desaparecer, a veces los ayuntamientos llevan a rajatabla la aplicación de órdenes y decretos, dictados por legisladores que están al margen de la realidad de los pueblos. Es importante que los pueblos sean espacios de convivencia donde puedan mantenerse tradiciones especialmente respetuosas con el medio ambiente. Todos saldremos ganando.

Por tanto, cuesta entender que se sigan utilizando estas sustancias químicas tóxicas que alteran ecosistemas, que terminarán en los ríos, contaminando las aguas ya de por sí bastante escasas y deterioradas.

Día 21 de marzo, la gran ventana de la primavera se abrirá de par en par, un año más seguimos teniendo nuestra gran casa sin acondicionar, los plásticos nos invaden por todas las esquinas, esta semana tristemente protagonistas enredados entre las ramas después de las crecidas, los basureros incontrolados afean espacios de paso, los coches siguen siendo los amos de las calles,…queda mucho por hacer en la conciencia humana.

En esta tarea cualquier detalle es importante, dejemos que nazca la hierba, hoy aún estamos a tiempo de salvar el medio ambiente, mañana….

ABRIENDO BRECHA (En el día de la mujer trabajadora y la convocatoria de paro)

Hace años, lo normal era que todos los niños tuviéramos algún que otro arañazo o rasguño en las rodillas, codos. El que se hacía o le hacían una brecha en la cabeza, gozaba por unos días de un protagonismo especial. Eran las cicatrices testigos de una vida marcada por el riesgo físico. Esta palabra, pasado aquel tiempo de jugar en la calle, subir a los árboles, montar en bici, como que había quedado un tanto dormida en el diccionario.

Pero mira por cuanto ha despertado con gran vitalidad, aterrizando en un territorio distinto, ya que aquel sí que se durmió para siempre.

Tecleando en google la palabra brecha, el milagroso buscador encuentra casi quince millones de resultados en 0,70 segundos , lo que nos indica su enorme  vitalidad para utilizarla en múltiples circunstancias.

Concretamente, mucho tiempo llevamos escuchando a políticos, tertulianos, demagogos, esta palabra para referirse a la diferencia salarial entre hombres y mujeres. A todos se le llena la boca al pronunciarla, especialmente cuando se anuncian elecciones, quizás quieran recuperar el sentido glorioso de la palabra.

Está claro que hay una herida, mayor o menor entre las condiciones laborales, el sueldo de unos y otros, conllevando unas repercusiones sociales que afectan seriamente a los derechos de la persona.

Abrir una brecha, es iniciar un camino, un recorrido para solucionar un problema, eso hicieron los ingleses abriendo la brecha en la muralla de Ciudad Rodrigo para iniciar la entrada en la ciudad y terminar el asedio del ejército francés.

Pues bien, en la actualidad, lejos de seguir esta senda, la mayoría de las fuerzas sociales, parece que prefieren coger el pico y la pala para ahondar en la zanja, lejos de avanzar en el camino de las soluciones. Algunos, como el presidente del gobierno, lo resuelve con “ahora no toca”.

Ya es hora que alguien comience a cicatrizar esta brecha incómoda para las relaciones entre hombres y mujeres. Afortunadamente una de las propuestas parlamentarias ha cosechado bastantes apoyos de otros grupos, algo inusual de esta legislatura, donde se juega a poner zancadillas para impedir avanzar legislativamente.

A pesar de que el debate se está centrando demasiado en la brecha salarial, que es importante,  hay muchas más brechas abiertas entre sus condiciones laborales, especialmente las relacionadas con las tareas domésticas, el cuidado y educación de los hijos, atención de los mayores, donde siguen siendo las mujeres las que soportar a sus espaldas las mayores cargas, brechas sexuales, sociales, culturales. Ello conlleva un gasto de energía muy grande entre las relaciones de dos sexos que están condenados a entenderse, que son necesarios el uno para el otro, creando espacios para la convivencia, basados en el respeto al otro y la eliminación de todo tipo de brechas.

Ojalá  se conviertan pronto estas iniciativas en una ley que acabe de una vez por todas en estas brechas inhumanas, que tanto dolor e injusticias han provocado en el sexo al que precisamente los hombres llaman débil, y por el que muy poco hacen a veces. Que tarde o temprano ya solo queden en muchas luchadoras cicatrices, mensures grabados a base de lucha, discriminación, fracasos laborales, como las que tiene Carmen Sarmiento, por citar alguna.

Tal vez mañana,  los informativos aparquen por un día la información regada de anestesia y se cuele una información objetiva de una huelga histórica, una nueva jornada de la lucha de las mujeres para alcanzar la igualdad. Todos saldremos ganando, luchando juntos por construir una sociedad más justa e igualitaria donde no importe el sexo para gozar de privilegios sociales, laborales, económicos… nada mejor que sumar desde la diversidad.

Queda bastante camino que recorrer, pues quizás sea la brecha cultural la más complicada de cerrar. Mientras no visualicemos en el día a día cierto equilibrio en los avatares cotidianos tan desequilibrados: colas del supermercado, salas de prensa de bibliotecas, patios de colegios, despachos de dirección, paseos matinales de jubilados, actividades culturales, algo no encaja. Como siempre, en cuestión de actitudes, la escuela y la familia tienen mucho trabajo por delante.

He coordinado muchos años equipos de trabajo, es necesaria la presencia de los dos sexos, cada uno aporta un toque necesario para lograr una buena compenetración. No se entiende que siendo las mujeres mayoría en titulaciones, sigan siendo minoría en puestos de dirección y coordinación.

Ojalá que con el apoyo de muchos hombres termine pronto esta lacra de brechas negativas y se inicie la apertura de la buena que lleve hasta la solución de una situación compleja. Tarde o temprano, las brechas serán solo propiedad de los geólogos.

GRACIAS ENMA, GRACIAS BESTIA DEL ESTE

Vivimos en un espiral mediático, difícil de frenar, es complicado  ser alguien, si no te metes en él. Tal es esta fiebre mediática, que hasta las borrascas, temporales, gotas frías y demás fenómenos meteorológicos de cierta relevancia han de ser bautizados con un nombre cuánto más mediático mejor.

La semana pasada nos recibieron dos borrascas una procedente del sur, cálida y húmeda, la otra nos llegó del este, trayendo consigo un vendaval de viento gélido. Han dado mucho juego las dos en los informativos, especialmente la “bestia del este”, pues igual que la nieve logra esconder gran cantidad de basura y trastos viejos, ella consiguió seguir tapando los problemas del gobierno, de la oposición, de los catalanes, de los pensionistas, siendo protagonistas de la mayor parte de los informativos.

Agradecidos debemos estar de su grata visita. En muy poco tiempo, nos han cambiado nuestro paisaje sediento, de caminos polvorientos en invierno.

Esta mañana la niebla húmeda se condensaba en las ramas desnudas de los árboles, formando gotas redondas como bolas de cristal, en las que se reflejaban los tímidos rayos del sol de un amanecer distinto. Los regatos, en paro durante mucho tiempo, han comenzado a trabajar, ya bajan por sus cauces pequeñas corrientes de agua, acompañadas de un sonido que ya parecía haber desaparecido por estas tierras. Las plantas aromáticas debían tener sus poros taponados, esta mañana olía el campo a jara, tomillo, cantueso y sobre todo a aire limpio. Las aves lo celebraban con trinos y cantos, mientras volaban con vuelo alegre.

El viejo pantano ha conseguido remontar su nivel desde las profundidades, tapando poco a poco sus miserias, garantizando el suministro y el riego para el verano.

Gracias a estos personajes la vida en el campo ha dado un giro de 180º tan sólo en una semana, por tanto creo que es exagerado el nombre de bestia, más bien ha sido una bestia salvadora, de una situación que tenía al campo encogido. Gracias a su visita la primavera, que estaba siendo taponada, podrá estallar una vez más, cubriendo el campo de color y vida.