TRAS EL PASO DE LOS LOBOS

Es el Paso de los Lobos un lugar muy dado a historias de aventuras. El lobo siempre fue por estas tierras un animal temido, al que además se recurría para añadir más miedo y zozobra de la que ya tenían los niños de la posguerra. ¡Qué viene el lobo! ¿Quién no escuchó tal exclamación en su infancia!

Ahora los lobos que pasan por este desfiladero, se han reciclado, son de colores llamativos, sus patas transformadas en ruedas, le permiten devorar kilómetros, moviéndose con gran agilidad. Hasta algún que otro león vimos esa mañana.

Llegamos también con ansiedad y muchas ganas  al Paso de los Lobos para iniciar una ruta fuera del entorno conocido, con bastantes altitudes que poder coronar y especialmente muchas nuevas vistas que disfrutar.

Todo quedó olvidado nada más iniciar la marcha y girar a la derecha. Un enorme predegal, donde las botas de senderistas han conseguido poner orden y trazar un camino, te eleva pronto hacia un mirador espectacular, donde sobresale aún más ese cohete artificial que le adosaron hace tiempo al Peñasco de la Peña. Quizás ahora hubiese sido más complicado o por lo menos no sería tan cantoso.

Los hitos van orientando al caminante, que poco a poco empieza a divisar valles y picos a diestro y siniestro. La erosión ha realizado un trabajo espectacular, las cuarcitas en sus manos han dado mucho juego, cuerpos geométricos casi perfectos de distintos volúmenes, huecos en la roca como si hubiesen sacado una gran bola de helado, y por encima de todos la Mesa del Francés, el Mingorro para los de Monsagro. Planicie pétrea dominando el gran valle del Agadón, sus numerosas fracturas, han formado un gran conglomerado de rocas en forma de cañón. Al fondo la gran espina dorsal que une la Peña con la Hastiala, desde la distancia no parece tan larga como cuando subes y bajas por sus pedreras para alcanzar la máxima elevación de estas sierras.

Buena mesa se buscó el tal francés para darse un capricho gastronómico. Con estas vistas cualquier plato obtiene un plus de sabor, empezábamos la ruta y más de uno tuvimos la tentación de probar la mesa. Bordeando su contorno occidental, se va ampliando el campo visual hacia la campiña, Monsagro en primer plano, Serradilla, encinares y pastizales amarillentos, Ciudad Rodrigo tan visible desde la Hastiala queda oculto por algunos de los númerosos cerros que nos encontramos al regresar.

Igual que la Sierra de Gata, esta zona está trillada de caminos y cortafuegos que confunden a los caminantes, por mucho GPS que lleves. Bajando campo a través, que también tiene su encanto y viene bien de vez en cuando, llegamos a un antiguo camino de caballerías, desbrozado recientemente, para alcanzar el puerto de Monsagro, entre  el pico de Migas Malas y el Mingorro.

Parada gastronómica y de toma de decisiones futuras. Lanzo el anzuelo al Rongiero, cumbre que tenemos delante, para ver si mis queridos amigos pican, e iniciamos la ascensión. Quizás fuese el viento que movía el anzuelo, el cortafuegos que se perdía pronto o los pedregales de la cumbre, la cosa es que nadie picó. Me conformé ascendiendo por su ladera, por  el camino que lo bordeaba para  hacer labores de reconocimiento para futuras rutas. ¡Hay que ser previsor! ¿Mereció la pena? Siempre las subidas lo merecen, el valle del Batuecas arrancaba a mis pies, alcanzando a divisar el convento que se perdía en la lejanía, a la derecha el camino seguía bordeando laderas hasta llegar a la cumbre del Montón de Trigo.

A veces hay coincidencias muy curiosas, a los pocos días leyendo el libro de Carles Villalba “Sueño..sueños rotos”, le dedica un capítulo a la zona que hemos recorrido, lo que me permite meterme aún más en la historia profunda que describe en los albores de la segunda República.

Muchos lobos debieron pasar por estos caminos en busca de comida, especialmente ovejas, hoy no parece que sea para ellos un hábitat apetecible, trasladándose hacia los pueblos cercanos a las Arribes, donde los ganaderos con bastante frecuencia sufren sus ataques. A veces es complicado gestionar la convivencia de intereses muy distintos.

Los Puertitos es un cruce de caminos, donde arranca la bajada hacia el valle del río Batuecas, cuyo nacimiento percibimos echándole imaginación, pues humedales pocos había, algún arbusto de ribera, nos llevó  visualmente hasta su posible lugar de nacimiento.

Casi siempre las propuestas que se hacen no suelen caer en saco roto, caminando por una pista forestal en dirección a La Alberca, mis compañeros de caminata proponen subir hasta el Alto de Lera en la sierra de la Alberca, cercano a la Peña del Huevo. Dicho y hecho, enfilamos la subida por un camino desbrozado, de pendiente suave y continua, llena de pitronchos, todo recto, lo cual hace la subida un poco más antipática.

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LAS RESIDENCIAS DE ANCIANOS, ESPACIOS DE CONVIVENCIA (A todos sus trabajadores)

Sus andares desorientados y especialmente su mirada los delatan. Son los residentes que tienen cierta autonomía y deambulan el primer día por los pasillos y estancias de la residencia.

Son las residencias los nuevos internados, espacios de convivencia, donde aquellos a los que la vida le ha ido dejando sus facultades mermadas, pasan sus días, atendidos, para poder seguir teniendo una cierta calidad de vida, mientras poco a poco se van despidiendo de ella. Fuera de ellas, esa labor de despedida  sería complicada.

Atracados en estos puertos, los residentes se amarran a la  atención del , personal que en ellas trabaja, todos  juegan un papel extraordinario. Equipo formado  fundamentalmente por  mujeres, pues en sanidad, dependencia y educación la ley de igualdad es difícil que se cumpla.

Hoy la educación entre muchos de los retos que tiene que enfrentarse, está el de enseñar al que no quiere. Las auxiliares de una residencia tienen que atender a personas que en su mayoría no quieren estar ahí. Ello conlleva que su trabajo, para empezar sea de una gran complejidad, debiendo buscar estrategias que lleguen a la sensibilidad del interno para ganarse su confianza.

A ello, unido que los que entran, salvo una minoría, irán empeorando su situación, la carga emotiva que establecen con los residentes, hacen de estas trabajadoras unas heroínas sociales, a las que la sociedad apenas  valora, pero que hoy día son un pilar fundamental de la estructura social

Convivir con personas que llegan hasta ahí con una maleta vital tan variada, conlleva enormes dificultades. ¡Hay tantas personalidades en una residencia!  Afortunadamente cada persona es un mundo, lleno de proyectos, aficiones, gustos, sensibilidades, que nos hacen diferentes. Cuando se llega a ese puerto de la travesía, también se han ido arrastrando cantidad de rutinas, pequeños placeres de la vida, a los que al llegar a una residencia hay que ir soltando poco a poco.

La familia, pero especialmente las trabajadoras de estos centros tan necesarios, deben hacer un excelente trabajo de pedagogía para conseguir que una personalidad ya formada y a veces rígida, se vuelva flexible para poder adaptarse a la nueva situación, casi siempre no aceptada.

Y los hay que la aceptan y muestran lo mejor de ellos en esa etapa que no quieren ser una carga  para sus familiares, para satisfacción de los trabajadores, para satisfacción suya que comprueban cómo pueden seguir creciendo personalmente a pesar de sus carencias. ¡Chapeau  por esta gente!

Tienen bastante de internado, de colegio estos centros asistenciales, quizás sea porque al final todos nos vamos volviendo un poco niños. Se palpa en las relaciones que se establecen entre ellos, sus espacios, a los que pronto  incorporan a su registro de la propiedad, es comprensible que aspiren a tener un pequeño espacio suyo, después de dejar su casa y su ambiente creado con los años. Lo mismo ocurre con las relaciones, se establecen por grupos, a veces dirigidos desde las direcciones por sus posibles coincidencias o por evitar posibles choques de carácter.

Paco Roca, escribió un precioso libro-cómic “Arrugas”, posteriormente llevado a las pantallas, donde describió con gran sensibilidad la vida de algunos personajes en la residencia, personajes que se repiten más o menos en todas, convirtiéndolas en escenarios donde a cualquier hora del día se podría rodar una película muy parecida.

A pesar de la dureza de la situación, los que llegan aún en buenas condiciones, afortunados son de poder compartir con todos sus intereses, conocimientos acumulados, ilusiones, dándose a conocer, oportunidad que no tienen aquellos que ya llegan en una situación en la que han perdido cualidades que ahora no le permiten ser como ellos han sido.

¿Y los familiares dónde colocarlos? Ellos también son parte activa y fundamental en este engranaje asistencial. Unos desde la colaboración constante y positiva, integrándose perfectamente en las residencias, cumpliendo sus normas, otros más desde la distancia.

Llevo años en contacto con la residencia Obispo Téllez, cuando veo cómo organizan actividades que implican la participación de válidos y no válidos, teniéndolos que desplazar, animar.. no puedo menos de sentir admiración por un trabajo encaminado a mantener una llama de ilusión en estas personas que han llegado a la parte del viaje más complicada, justo cuando las fuerzas ya flojean y necesitan de ayuda. ¡Enhorabuena y ánimos para seguir adelante!

Residencia Obispo Téllez
Residencia Obispo Téllez

EL PLACER DE VIAJAR EN COMPAÑÍA (Recorriendo el curso bajo del Ebro)

Es viajar un recurso lleno de posibilidades, pero es necesario activarlas para que realmente se pueda aprovechar. Se puede relatar un viaje de muchas maneras, el último que realizamos lo describiré desde la óptica de lo compartido, lo novedoso, lo anecdótico, lo que pasó, nos impactó y especialmente desde el aprendizaje.

Habíamos elegido “acercarnos” al delta del Ebro, pasando por Albarracín, por eso del “ya que”, casi nada viviendo donde vivimos. La ilusión, las ganas y tanta energía positiva hicieron el viaje muy agradable.

Hay que meterse un madrugón si se quiere ver amanecer a comienzos de julio, por lo que al ponernos en carretera, el sol ya se había desperezado y hacía acto de presencia, tanto de luz y energía como incomodidad para conducir. Había mucha ilusión por metro cuadrado dentro del coche, muchas ganas de compartir unos días, rompiendo la monotonía, disfrutando de la convivencia, a veces complicada durante el curso.

Comenzar el viaje hacia Madrid en esta época, te permite disfrutar de una mancha enorme de verdes maizales, que se agradecen ante la inmensidad del amarillo secano que este verano es de una dureza predesértica. Los rayos del sol jugueteaban con el riego por aspersión regalándonos  arcos iris  de vez en cuando.

Habíamos decidido cruzar Madrid, había otras opciones, pero nos inclinamos ir hacia el infierno de los atascos. Nada más cruzar el túnel, los cuatro estuvimos en alerta, llegará o no llegará, y por supuesto que llegó, con puntualidad inglesa, en la Florida los coches dejaron de correr para moverse a plazos. Es difícil comprender qué ha pasado cuando de repente sin que ocurra nada anormal, el tráfico se para. Olga nos explica muy bien cómo influye un simple frenazo en el desplazamiento colectivo, es una especie de serpiente gigante que una vez parada, le cuesta arrancar. Lo comprobamos a la vuelta, anunciaban accidentes, tan solo habían sido pequeños alcances, pero las retenciones eran mastodónticas.

Sorteamos Madrid entre atascos y velocidades de vértigo, Olga nos supo sacar de la marabunta como vaqueros y pastores conducían por las ciudades sus animales. La A-2 es una avenida llena de naves, industrias, negocios de todo tipo, donde entran y salen camiones, furgonetas, coches, que exige mucha concentración. Pasado el centro y despejada la vía, hicimos la primer parada.

Primer control de habituallamiento, unos argentinos tienen el mate en el techo del coche, aprovechan para darle unos chupetazos, comentamos que o no pueden pasar sin él o como su sabor no es muy apetecible, quizás quieran quitárselo cuanto antes de compañero de viaje. Una escena surrealista.

Abandonado Madrid y su bullicio industrial, ahora circulamos entre campos sedientos de cosechas míseres, donde comienzan a aparecer pequeñas encinas que nada tienen que ver con las del Campo Charro. Un gran cartel avisa de que estamos en Castilla la Mancha, por supuesto D. Quijote también anduvo por estas tierras o eso es lo que interesa al turismo. No me imagino a mi querido personaje cabalgando por estos parajes yermos, muy poco propicios a sus aventuras.

Esta comunidad da para muchas anécdotas y risas viajeras, parada incluida en Albarracín. Después de haber subido bastante hacia el nordeste, enfilamos el suroeste para al final volver a subir hacia al norte, un verdadero galimatías de itinerario para sortear carreteras que ralentizan el viaje o para llegar a Albarracín, volviendo loco a veces a D. Google, con el que a veces discrepo.

La AP-7 discurre entre el mar y la montaña, llena de coches, camiones que suben y bajan como si se tratara de un tobogán, a veces ganan los que suben, otras pierden, su intensidad y ritmo son impredecibles. La monotonía autopística, nos lleva a desarrollar actividades de aprendizaje a los viajeros, desde pueblos, aves que vuelan, fábricas, árboles, “despacito”, que Alicia nos puso al día…

Llegamos al destino, nuestro anfitrión nos esperaba, el primer contacto con un ciudadano catalán no pudo ser más positivo, persona entrañable era Miguel Ángel, dispuesto en todo momento a que nuestra estancia en esas tierras fuera lo más agradable posible. ¡Qué poco valor tienen los estereotipos! ¿Cómo hacen sus investigaciones los psicólogos sociales?

Campos de arroz, trazados geométricamente, campos verdes con tonos amarillentos con barraca valenciana incluida,  nos recibieron al abrir la ventana, una playa interminable al norte y al sur de arena fina, nos abrazó para olvidarnos de los km recorridos.

Enorme ecosistema de humedales, donde han conseguido sobrevivir agricultores y naturalistas, cediendo unos y otros, creando un espacio de gran actividad económica. Aves sobrevolando constantemente los arrozales, lagunas repletas de flamencos al atardecer, a medida que pasaban los días más cerca los veíamos. Cuando el sol iba cayendo, los iluminaba intensamente, desbordando las tonalidades rosas de unas aves especiales, con poses especiales, nos impactaron muy gratamente. A su lado gran variedad de aves acuáticas haciendo de corte real, pues ellos son la atracción desde los miradores instalados en las lagunas.

La necesidad ayuda al aprendizaje, tantas ganas y esfuerzo por divisar los flamencos, con ayuda de Alicia, conseguimos fundir las imágenes al mirar por los prismáticos, gran descubrimiento. Un baño, con paseo interminable por Punta Banya, una puesta de sol de postal sobre las salinas, cerramos las ventanas de un día lleno de sorpresas, como la coqueta playa del cabo Roig, comiendo bajo las moreras (donde en uno de sus troncos por poco dejé mis sesos) una paella dominada por las galeras.

Gran rendimiento le sacábamos a los días, los exprimíamos al máximo, hay tanto que ver, disfrutar, compartir en los viajes, que las horas se las tragaba literalmente el mar, dejando poco tiempo para la lectura. En Reus nos sorprendió la huella dejada por su paisano Gaudí, dándole a la ciudad un toque modernista espectacular. Muy bien indicado el recorrido por la ruta modernista, nos quedó un buen sabor de boca, con unos edificios llenos de creatividad y armonía, como el que vimos en Pinel de Brai, donde César Martinelli construyó un edificio espectacular para la cooperativa de agricultores.

De regreso, al llegar a Castilla la Mancha los pueblos exhibían los templos del franquismo, los silos del SENPA, todos clonados, ¡lo mismo que el almacén de Martinelli!. Tiene ese pueblo cierto aire creativo, subido en lo alto de un cerro, guarda una composición estética admirable, nada que envidiar a Horta de San Joan, más conocido porque estuvo allí Picasso y eso cuenta positivos. Una tienda de productos de la tierra vendía agua de color, ¡tela marinera de imaginación!

Recorrimos entornos y espacios donde se desarrolló la batalla del Ebro, se notaba en los pueblos, con monolitos, esculturas o celebraciones en homenaje a los que perdieron la vida luchando por sus ideas, defendiendo la libertad. Muchas huellas en edificios, muchas heridas en familias, difíciles de cicatrizar,  muy emotivo.

Es el Ebro un río anormalmente caudaloso en España, a pesar del año seco, impresiona cuando navegas hacia la desembocadura. Inmensa masa de agua azul entre orillas de cañaverales, carrizos, espadañas, islas, lagunas y cómo no arrozales, que cambian constantemente de color según la luz del sol. A pesar de que más arriba de Tortosa dos canales enormes le chupan gran cantidad de agua, llega hasta unirse con el Mediterráneo con gran energía, aportando a su mar una buena dosis de agua dulce, donde se va mezclando con la salada formando diversos ecosistemas y tonalidades.

Una bandada enorme de gaviotas y otras aves invitadas nos recibe justo cuando mar y río se funden en un abrazo, es el brazo de  río mayor, otros en forma de canales se han ido uniendo al mar discretamente en distintos puntos, formando el delta. Los fenómenos naturales provocan a veces, enormes sedimentaciones que alteran el  paisaje. La entrada del río en el mar fue obstruida, teniendo que hacer un giro a la izquierda, originando la isla de San Antoni, el faro de Tortosa ha quedado mar adentro, buena clase práctica de geología.

No se entiende esta zona, a la que llega poco turismo afortunadamente, sin las puestas de sol y su gastronomía basada en el arroz y el marisco. Salir del delta al norte o al sur, te topas con núcleos turísticos de sol, playa y paseos marítimos llenos de restaurantes y tiendas para entretener al personal cuando se pone el sol. Se nota que la paella tiene un toque especial, el arroz, el agua, los mariscos, siendo un plato exquisito.

Pero el sur de Tarragona no es solo el delta, el Ebro sirve de guía para llegar a muchos sitios con encanto. A no muchos km, nos sorprenden los pueblos y especialmente la montaña, con el Parque Natural de Ports como la joya de la corona.

A Miravet, encantador pueblo, se puede llegar por rutas distintas, una llena de curvas entre olivos, almendros y frutales colmados de fruta, todo aderezado con el canto de las chicharras, la otra cruzando el caudaloso Ebro subiendo el coche en dos barcas unidas, que mediante un sistema de cables y la pericia del barquero te llevan hasta la otra orilla, curioso sistema este “paso de barca” que se ha sabido mantenerse en el tiempo. Mucha riqueza agrícola, paisajística y urbana atesora el valle del río.

Dos enormes macizos pétreos, les Roques de Benet, nos anuncian la entrada en el parque Natural, aprieta el calor, se desviven las chicharras que baten alas a mil por hora, la pista forestal gira al este, llevándonos por un paisaje donde la vegetación y las formaciones geológicas están perfectamente compenetradas. Un área recreativa, a la orilla del río, bajo enormes abedules, una piedra de molino, se convirtieron en el comedor más original y natural en el que ha comido la familia. En tan buenas condiciones,  dimos buena nota a los bocatas que nos prepararon en Horta de San Joan. ¿Qué decir del trato de los habitantes de esta zona?. Una vez más no nos sirven los estereotipos, por lo general fueron amables, correctos, sin caer en la impertinencia.

Siempre se dirigieron en correcto español, aprendimos que la leche fría que le ponían al café era “natural”, en el centro del parque nos dejaron verlo sin pagar, en el del delta, la chica nos trató con exquisita amabilidad, el camarero del restaurante vecino se desvivía para que probásemos los platos de la zona en las mejores condiciones…

Mejores condiciones buscamos después de comer, el calor apretaba, era cuestión de llegar hasta las pozas para bañarnos. Empezamos el camino bajo un auténtico sol sevillano, una estrella de David marcada en una piedra nos llenó de zozobra, aún más cuando una pareja de ingleses regresaban sin haberse zambullido en el agua. Tomamos los cuatro la decisión de avanzar hacia adelante, asumiendo que podíamos volver más secos aún de lo que estábamos. A los pocos metros, cuando el valle empezaba a encajonarse, llegó uno de los mejores momentos del viaje: ¡una poza de agua cristalina!

Nadando entre peces, rodeados de enormes paredes de cañones, sobrevolados por los omnipresentes buitres, recuperamos las fuerzas y sobre

todo la ilusión ( pocas veces habíamos tenido la oportunidad de bañarnos en un entorno de tanta belleza). A medida que el curso del río descendía, aumentaban las pozas de agua cristalina, pero ninguna nos pareció que tuviera el encanto de “la nuestra”.

Han construido en Deltebre un puente “made in Calatrava” para cruzar el río justo cuando empieza a divisarse la gran isla de Gràcia que divide su curso, su arco permite disfrutar de unas puestas de sol espectaculares. Llegamos con la música de las chicharras aún sonando en el tímpano y pronto fue borrada por la de las ranas y sapos mientras contemplábamos cómo el sol se escondía justo por donde habíamos echado un día completísimo.

Había que comprar productos típicos, habituallamiento para el largo viaje de regreso, que Pepi cada vez lo hace mejor, lo mismo que la elección de todo el equipaje necesario.

El haber estado alejado del mundo de las compras por unos días, nos llevó a vivir una situación rocambolesca, muy divertida. Me llevé por delante el plato de monedas que una mendiga tenía a la puerta de un centro comercial, el gran ruido provocado y su salida desbocada me provocaron una situación de susto y vergüenza, que arreglé como pude devolviendo las monedas a su sitio, incrementando el crédito de la señora. A la salida comprobamos su estrategia, colocaba el plato para que los clientes se lo llevasen por delante y así verse en la necesidad de echarle unas monedas, que ella gastaba en vino y bollería industrial.

¿Nada hubo negativo en el viaje? Pues no, sí que hubo cosas menos positivas como en cualquier actividad, pero que desde la compañía y la complicidad se le sabe sacar también su jugo. En medio de arrozales, humedales, aguas estancadas, los mosquitos tienen un hábitat inmejorable, son ellos la pesadilla de los habitantes y visitantes, tuvimos suerte, Miguel Ángel, nuestro anfitrión había puesto en la vivienda trincheras y cañones para luchar contra el enemigo, a pesar de ello, de vez en cuando alguno sobrepasaba las defensas y atacaba, trayéndonos sus recuerdos picantes.

Llenamos de buenas sensaciones el habitáculo, cuando a las cinco de la tarde, iniciamos la ruta de regreso. Tiempo para recordar, para esperar nuevos destinos, para desear que se repitan estos viajes compartidos que permiten disfrutarlos desde otra óptica.

¡Concho! ¡Lo lejos que estábamos! Devorando km, entre la selva de coches que iban y venían, la mayoría como destino Valencia, no nos percatamos del enorme calor que hacía en Cuenca, hasta que paramos en Honrubia, antítesis de lo que habíamos disfrutado. Áreas de servicio basadas en el consumo, no en el descanso y relajación de los conductores, una marabunta de viajeros desorientados que veían cómo se le iba el autobús y hacían el acopio de comida basura para el viaje.

Volvimos a la carretera, con un sol espectacular despidiendo el día. Nosotros aún tuvimos de hacer km antes de despedirlo, entre las luces de feria que iban y venían. Atravesar Madrid de noche, mimetizándonos como topos, fue fácil. Cuando alcanzamos a divisar las torres de Salamanca, la luna se divisaba por el retrovisor con un buen muerdo en su cara. Para cara las nuestras cuando al fin terminamos nuestra aventura llevada a cabo cerca de Port Aventura, que también sea dicho, vimos de lejos.

 

 

 

 

DE BOLLA A BOLLA, SUBO Y BAJO CUANDO ME TOCA

Desde la muralla, estas dos elevaciones de la sierra de Gata están solapadas, se ven dos en una, muy bien encajada una en la otra, por lo que desde la distancia, la Bolla Chica parece continuar en su elevación con la Grande. Al coronar el risco de Martiago, se empiezan a divisar separadas, con sus cumbres achatadas, dando espacio a la imaginación del viajero, para una explicación del porqué de esa situación.

¿Se llevó la erosión por delante su tronco de cono, como se lleva el viento el gorro de un arlequín? ¿Cayó sobre ellas un meteorito aplastando su cumbre? Sea como fuere, es cierto que su nombre está muy bien puesto, son dos cumbres completamente abolladas, que las hacen menos estilizadas y atractivas que otras cumbres cercanas de la sierra.

Pero, a pesar de ello, ¿tienen altura? ¡Vaya que si la tienen! Hay que subir la grande para ver que sus 1523 m de altitud están ahí, tenga como tenga su cumbre.

Llevaba un tiempo alejado de estas cumbres, la llegada de Alicia supuso un buen pretexto para que conociera esta parte de Gata. Siempre que veo una montaña, me intriga lo que se verá una vez alcanzada la cima, mis cimas de pequeño eran las copas de los árboles a los que trepaba mientras cuidaba el ganado en la ribera del regato de Bodón.

Preparamos unos bocatas, exquisito manjar gastronómico para estos menesteres y con la mochila a cuestas, comenzamos la ruta desde el Puerto Viejo de Martiago. Como no podía ser de otra manera, pronto percibimos la  sequía y por otra parte las huellas erosivas de grandes tormentas que han arrastrado cantidad de materiales, dejando las pistas llenas de regueros sin agua. Extremos climáticos que cada vez se alejan más, especialmente en la meseta castellana. Difícil adaptación de animales y plantas que viven en estas alturas arrasadas hace años por los incendios.

Sobrecoge cómo resisten los pequeños pinos plantados en bancales que están mejorando estéticamente las laderas, lo mismo le debe pasar a los pocos animales que viven por aquí, dos jabalíes atravesaron la pista de la Bolla, buscando la humedad artificial de la piscina para recarga de los helicópteros.

Bordeando la ladera de la Bolla Chica, uno comienza subidas y bajadas entre las dos cimas hasta alcanzar el puerto de Las Erías, el enorme valle del Arrago se pierde en la lejanía hasta Descargamaría con el castillo de Almenara en Gata como referencia. A medida que nos acercamos a su base, la Bolla se muestra más imponente, sólo tenemos la opción de coronar su cima a través de una gran cicatriz que le han asestado en su cara norte. Los cortafuegos y pistas serán muy necesarios para la defensa de estos paisajes y su explotación con un turismo que llaman activo y no sale del 4×4, pero sus laderas y cumbres  están muy heridos por ellos, hasta la escobilla se habían llevado por delante.

Muy duras son las primeras rampas, en pocos metros se gana bastante altitud que se transforma en el horizonte que se amplía, tras un pequeño respiro, los últimos metros tienen un desnivel que impresiona. Compensa llegar a la cima, las vistas, como siempre espectaculares. Un mar de nubes sobrevuela nuestras cabezas, en la inmensidad del paisaje, con un silencio sobrecogedor, sentados en el punto geodésico, el cielo si existe, aquí está un poco más cerca.

Este mirador excepcional tiene muchas ventajas, está en el centro de Gata, por lo que permite divisar gran parte de los valles hurdanos al sur, al este y oeste la espina dorsal de la sierra, al norte la penillanura amarillenta con manchas verdes, especialmente la del Rebollar. El viento sopla en estas cumbres con fuerza, fácil comprobación al ver los escasos pinos que sobrevivieron a los incendios con sus troncos retorcidos.

Bajamos con dificultad y precaución el tobogán, ascendiendo por la ladera de la otra hermana, 100 m más baja, que en la montaña se nota cantidad. Desde la cima se domina el amplio valle del Esperabán, con sus laderas acribilladas de cortafuegos, aumentando la sensación de sequía. Subido en la cumbre, teniendo en cuenta que es la época de recogida del cereal, imposible no pensar en las enormes calamidades que pasarían los hurdanos por estos caminos para alcanzar la meseta, donde a pesar de la dureza de las labores que realizaban, al menos llevaban algo al estómago.

Hoy apenas quedan campos para segar cereal al norte de las Bollas, los pastizales amarillentos han sustituido a los rastrojos, las vacas poco a poco se han ido adueñando de las besanas.

Cargamos bien la cámara visual con imágenes que no tenemos todos los días al alcance de la mano, enfilando el enorme cortafuego de bajada, ¡tela marinera de largo! Bajamos, subimos  de nuevo, en la bajada última, tuvimos al sol por guía, que iniciaba ya los preparativos para irse a acostar por tierras de Guarda.

Subir y bajar, ¡qué bien se conjugan estos verbos por la montaña!, aquí se sienten especialmente.

 

ALBARRACÍN, ESCONDIDO TRAS LA SIERRA

Para llegar hasta Albarracín los que vivimos en la raya de Portugal, hay que vivir  una larga aventura, llena de pueblos, ciudades y especialmente kilómetros. Se vaya por donde se vaya, se haga caso o no al señor Google, acercarse a su escondite supone una decisión cargada de voluntad y constancia. Afortunadamente, el pueblo y su entorno no defraudan, haciendo olvidar pronto las horas de viaje.

Es el Sistema Ibérico una barrera natural que yendo del oeste te complica la marcha en línea recta, por ello hay que rodearla bien por el norte o por el sur, buscando vías de comunicación que garanticen un mínimo de rapidez, cosa que no lo permiten las que van en línea recta. Y con todo ello, hay que cruzar Madrid ,la gran barrera artificial, que depende de tantos factores, que siempre que la cuzas alguno te toca, añadiendo un plus de tiempo extra a tu viaje.

Llegamos por primera vez a Albarracín hace casi 40 años. Habíamos terminado la Escuela de Verano en Ávila, por lo que estábamos empapados de aquella pedagogía fresca e innovadora que aportaban aquellos encuentros de educadores que bebíamos de fuentes parecidas, suministrándonos un especial combustible para caminar por la senda educativa con ganas e ilusión. Si ahora, el viaje ha sido una eternidad, entonces viajar con el 127 por carreteras donde las rectas estaban prohibidas y los baches competían mano a mano  con las curvas, constituyó un viaje interminable. Íbamos camino de Italia, visitar estas tierras estaban dentro de los “yaques” que siempre me atrapan a la hora de programar un viaje.

Era Albarracín un pequeño pueblo perdido en su serranía, muy auténtico, lleno de detalles campesinos en cualquier esquina, tan sólo conocido por el nacimiento del Tajo –siempre de forma memorística- En aquellos años, aún no se notaba en los pueblos el impulso democrático que llevaría a mitigar tantas necesidades de los pueblos rurales. Enclavado dentro de una comarca olvidada, escondida, desconocida, pero no por ello maravillosa.

Impresionan los pueblos de esta zona, tan perfectamente mimetizados con el paisaje, paisaje a veces demasiado austero, pero sobrecogedor. La carretera te conduce al pueblo por un callejón de barrancos rojizos, con el río Guadalaviar de guía a la izquierda y los enebros, sabinas y buitres en las alturas.  Al final, en lo más alto de los cerros, se levanta majestuoso un pueblo que parece de cuento, de Eurodisney, desde que se clona todo de forma artificial.

Entonces, su autenticidad se debía a la ausencia de turismo, ésta no demandaba negocios que hoy día se han multiplicado exponencialmente, eso sí respetando bastante bien el trazado y la arquitectura. Hasta el poderoso y omnipresente banco de Santander ha tenido que adaptar su logo.

No disponía de camping, por lo que acampamos a la orilla del río, hoy transformada en aparcamiento de cemento, un rebaño de ovejas nos despertó con sus esquilas, avisándonos que era importante madrugar para evitar los calores que azotan el pueblo en el verano. Tuvimos que dejar paso a ovejas, carros, caballerías, caminando por las callejuelas estrechas, en esta visita eran los coches los que te echaban hacia puertas y escalinatas en su increíble y desubicado recorrido por el pueblo.

Pueblo árabe, con un trazado espectacular aprovechando la curva del río, orientado al suroeste. Buena forma de luchar contra el calor, juntando los aleros de las casas para que el sol no pueda penetrar, siendo una delicia pasear por las calles con sombra. Las casas revocadas con yeso de tonos parecidos –aunque siempre hay excepciones- le dan un toque de gran belleza, llevándote a veces a dudar de que sean auténticas o sean parte de un gran escenario.

El castillo y las enormes murallas protegerían las empinadas laderas del ataque enemigo con bastantes garantías de éxito, esa mañana afortunadamente no conseguían evitar la entrada de las nubes blancas de algodón que sobre un cielo azul dibujaban bellas estampas desde el mirador de la catedral.

En aquel viaje, visitamos el Monasterio de Piedra, antes de recorrer gran parte de Italia, ello nos permitió valorar más nuestros pueblos, paisajes,..a veces no tan conocidos pero que están a la altura de cualquier ciudad a la que los intereses económicos se encargan de promocionar hasta la saciedad. En este viaje íbamos camino del delta del Ebro, muchos han sido los lugares que nos han sorprendido, la mayoría alejados de las grandes aglomeraciones, pero ha sido el parque natural Els Ports en Tarragona el que nos ha llamado especialmente la atención, siendo un perfecto desconocido, guardando como guarda un tesoro paisajístico.

Este peaje también está incluido en los viajes personalizados, pero no en los programados, compensando siempre con creces el esfuerzo.

LA RUTA DEL CONTRABANDO: CAMINANDO POR LA RAYA

Está Navasfrías situado en el vértice de ese triángulo caprichoso que trazaron los geógrafos al delimitar las provincias. Con razón es el pueblo más alejado de la capital, 140 km, prácticamente la diagonal del polígono irregular que es la provincia de Salamanca.

Llegar hoy desde Ciudad Rodrigo, es un paseo que nada tiene que ver con aquella carretera llena de curvas invadida por los robles. Pasando Casillas de Flores, a pesar de la especial sequía que estamos sufriendo, se nota que nos acercamos a uno de los pueblos de España donde más llueve. Las orillas del Águeda, muestran de vez en cuando pequeños prados de hierba verde, transmitiendo una sensación de frescor, que nos hace olvidar el pasto ya agostado que hemos ido dejando atrás.

Da alegría llegar a un pueblo, donde aún se mantienen productivos gran cantidad de huertos y huertas, las patatas uno de sus cultivos estrella están en su apogeo, si el agua no se acaba y las respetan las tormentas, se augura buena cosecha.

Teníamos como objetivo de la ruta llegar hasta el nacimiento del río Coa en Portugal. Es normal que con tantas precipitaciones, estas tierras den origen a dos ríos que curiosamente se unen poco antes de desembocar el Águeda en el Duero.

Hay una vegetación exuberante rodeando el pueblo formada por robles y castaños centenarios, que han transformado los caminos en auténticos túneles vegetales, por lo que caminar a primeras horas de la mañana es una sensación muy agradable. De vez en cuando, prados cercados unos con pasto aún verde, otros ya secos después de haber sido guadañados, unos con vacas, otros sin ningún tipo de presencia animal.

Hemos tomado uno de los numerosos ramales que debe tener la ruta de los contrabandistas, aunque quizás entonces hubiera uno por el que se comercializaba con mayor intensidad. Subiendo hacia lo alto para coger el camino que se dirige a las minas, reflexionaba sobre lo que debió suponer el contrabando

Siempre ha existido en el alma humana un espacio para coquetear con la trampa, con el engaño, unos más que otros, pero a veces invadir los límites de la legalidad produce unos niveles de adrenalina que superan las posibles ganancias económicas que pueda aportar la trampa.

Sí que es cierto, que a veces las necesidades son tan grandes que no hay más remedio que superar esas barreras para poder sobrevivir, y esto es lo que les pasaba a muchos portugueses y españoles que en los años 50 y 60 cruzaban la frontera para comprar y vender, principalmente café y tabaco, de forma irregular.

Los contrabandistas, escribían día  a día páginas llenas de autenticidad, por estos tortuosos y oscuros caminos, arriesgando sus vidas para ganar un puñado de monedas y así poder sobrevivir.

Desde esta ruta, los contrabandistas se dirigían a los distintos pueblos de la zona, donde tendrían sus correspondientes enlaces para conseguir la distribución de la mercancía, sorteando a la guardia civil.

La ruta los contrabandistas en Ciudad Rodrigo empezaba en el Teso de María de la O, en aquella época completamente pelado, pues se sembraba de trigo, dónde sólo pequeñas carrascas, retamas o montones de gorrones podían servirles de baluartes defensivos. Superada la bajada de la ladera este del teso, se adentraban en las enormes zarzas que delimitaban el canal de riego de las huertas, si conseguían esquivar a los guardias civiles, bajarían a toda pastilla por la raya de Pedrotello para meterse en el regato del Bodón, en aquellos años estaba cubierto por una auténtica bóveda de sauces, mimbreras, chopos, zarzas, que lo convertían en un espacio natural casi inexpugnable. Allí permanecían escondidos dentro del agua con su saco de café o tabaco a la espalda, esperando la noche o el momento que consideraban propicio, para dar el asalto a la última etapa, llegar regato abajo hasta el pueblo contactando con sus emisarios y así entregar su tesoro.

Recuerdo más una vez cómo en medio del charco del regato, a las puertas de la meta, terminaba su aventura, los guardias civiles empleándose muy a fondo, los detenían, a veces ateridos de frío, a veces sin su botín, que habían conseguido ocultar antes de que llegasen los civiles.

Con esta reflexión, la invasión de mariposas de todos los colores y los helechos de un verde intenso que de vez en cuando nos ayudaban a espantar los mosquitos, alcanzamos el tramo más largo de la ruta de los contrabandistas. Ella nos llevará en un abrir y cerrar de ojos a Portugal, los molinos eólicos portugueses marcan frontera, en esta parte todo se quedó en las promesas de IBERTROLA que el viento se llevó,  como constaba en los muchos panfletos que se repartieron por la zona.

Cambia el paisaje portugués, la repoblación es un ejercicio en el que los portugueses sacan buena nota,  las  laderas por el fuego abrasadas, pronto se decoran con bancales con sus pequeños plantones. Es de llegada fácil el nacimiento del Coa, con pista asfaltada incluida, quizás por ello desilusiona un poco más. A veces viajar incluye el ejercicio de la imaginación, esta mañana debimos practicarlo y rebuscar en la ladera de la sierra de la Mesa, para encontrar un pequeño charco de agua donde arranca el viaje del río. Entre tanto buscar encontramos al primer gran habitante de su ecosistema, lo va a pasar mal este verano.

Arranca el río valle abajo en busca de su primer pueblo. Es Foios un pueblo blanco de tejas rojas sobre un escenario verde, como una gran mayoría de pueblos portugueses, donde sus flores le dan una alegría que no tiene los pueblos del otro lado de la Raya. A pesar de ello, tampoco han conseguido que se fije población. Pronto en las rutas habrá que señalar la presencia humana como ahora se ponen fotos.

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APRENDER

Escuchaba la radio camino de Zamora, donde debía enfrentarme a un examen de psicología del aprendizaje. Muchas teorías y ensayos con animales para intentar despejar los caminos del aprendizaje, la mayoría de ellos confusos y llenos de obstáculos.

De repente, una noticia actúa como estímulo reforzador del aprendizaje. Un guionista de la serie El Ministerio del Tiempo, homenajea a su antiguo profesor de dibujo del instituto, colándolo en el capítulo del día anterior. La gran personalidad y carisma de Victorino, que así se llama el profesor, hace fácil relacionarlo en la serie. A partir de ahí, las redes sociales hacen el resto.

Gemma Nierga consiguió poner en contacto a través de las ondas a alumno y profesor. Es Victorino una persona que no te deja indiferente, comprometido con la educación, la cultura, con un gran compromiso social defendiendo el entorno salmantino ante la sinrazón de la mina de uranio de Retortillo.

Fue emocionante la conversación que mantuvieron los dos. Un profesor alejado de las estrictas normas académicas, que echando muchas horas de su tiempo enganchaba a los alumnos, realizando actividades con grandes dosis motivadoras, especialmente conectadas con el desarrollo personal de los alumnos. Se notaba en el ex alumno, como después de 20 años hablaba de su profesor con un cariño especial, habiéndole dejado una huella muy positiva.

Casi igual que mis profesores de Psicología. Reconozco que no he dedicado todo el tiempo que requiere preparar una asignatura de la UNED, pero hay que hacer esfuerzos tan grandes para encontrar pequeñas motivaciones para digerir sus contenidos, que a veces renuncias,  te abandonas en el estudio y se bloquea el aprendizaje.

Es el aprendizaje una herramienta que nos permite predecir la adquisición, el mantenimiento y el cambio en la conducta como resultado de la experiencia, llevándonos a conseguir una mejor adaptación a nuestras circunstancias ambientales.

Por muchas teorías que tengamos, tanto viejas como nuevas, si desde el entorno del educador no se crea un espacio capaz de sorprender, de asombrar, al que quiere aprender, es difícil adquirir conocimientos, habilidades, destrezas. Como mucho se pueden memorizar contenidos que te llevan a adquirir un determinado título que te puede llevar a conseguir un puesto de trabajo, pero no te permitirá sacarte el carnet para circular por la vida con garantía para conseguir una buena adaptación.

Quizás, sean las redes sociales el mayor exponente sorpresivo que tengan ahora los docentes, pero de momento, están lejos de poderse canalizar positivamente, al contrario, se están convirtiendo en  un nuevo enemigo al que combatir.

Estamos a final de junio, salen estos días de los centros educativos riadas de alumnos y padres con los boletines de notas. Por lo general, tan solo reflejan datos numéricos, de una gran frialdad, lo que la sociedad cada vez demanda más: cifras y más cifras. ¡Qué poco importan las actitudes de los alumnos!

Es por tanto esta recogida de la cosecha un poco incompleta. Una vez más, la dictadura de las editoriales, con el consentimiento de la administración educativa, hacen del aprendizaje una tarea ardua, poco motivadora, donde los ejercicios repetitivos, los deberes, los contenidos, dejan poco espacio para desarrollar otras actividades más creativas y motivadoras.

Siempre hay maestros como Victorino que saliéndose de la norma, utilizan estrategias más atractivas para conseguir un aprendizaje más duradero. Como maestro, siempre ante la llegada del final de curso, me importaba la evaluación de los alumnos, aquello que le había sorprendido, motivado, qué había quedado de ti cómo maestro y persona en la mente de un niño, aquellos aprendizajes afianzados a través de actividades impactantes, llámense salidas al campo, visitas, creación literaria y artística, investigación… resisten mejor el embiste del largo y motivador verano.

He terminado hoy mis clases del taller de escritura y creatividad, clases que todos los días desbordan grandes dosis de motivación, creando entre maestro y alumnos un espacio adecuado para que todos aprendamos de todos. Gracias maestro Raúl Vacas por ser el contrapunto de mis otros estudios de Psicología.

Decía mi padre: ¡qué  bonito que es aprender! Sería éste, uno de los primeros principios que debieran tener en cuenta los que se vayan a dedicar a esta maravillosa profesión que es EDUCAR.