EXÁMENES: ¿PARA QUÉ?

Esto me pasa por no ser un jubilado al uso y no tener aficiones livianas como dice mi compañero de pádel Vicente. Si hubiera escogido llenar mi tiempo con trabajos manuales, bailes de salón, universidad de la experiencia, viajes del IMSERSO..no habría tenido que superar los retos del camino que elegí recorrer en el comienzo de esta nueva etapa.

No acostumbro a dejar cosas a medias, siempre fui muy riguroso con mis alumnos, cuando ante la entrega de una tarea se justificaban que la tenían a medias: las medias son una prenda de vestir, no sirven para justificar que no se ha completado el trabajo solicitado, le replicaba. Así de esta forma, decidí avanzar en mis estudios de Psicología que dejé sin terminar hace casi 40 años: ¡qué locura! Fue lo que me dijeron la mayoría, yo también lo he pensado, pero echándole valor he preparado los exámenes que he realizado la semana pasada y que principalmente me han servido para escribir este relato.

Decidí matricularme en tres asignaturas de nombres muy sugerentes y motivadores: Psicología Social, Ps.de la Motivación y Ps.de la Emoción, las tres con gran carga de relaciones humanas, un tema que me apasiona especialmente y al que he dedicado bastante esfuerzo en los colegios donde he trabajado para que fuesen espacios humanizados, donde por encima de todo estuviese el respeto por la persona.

Teniendo en cuenta mi experiencia y la cierta facilidad para escribir un texto, pensé tonto de mí, que superar el trance del examen no sería tarea complicada, la cosa cambió al comprobar que los exámenes eran de tipo test, y ¡vaya test!.

A pesar de todo, no he abandonado, he recurrido a extrañas fuerzas intrínsecas para resistir y motivarme, porque extrínsecas no encontraba ninguna, tan sólo escribir este relato y otro parecido a mi equipo docente.

Como suelo hacer, como buen Castaño, el primer día del examen, llegué con bastante tiempo, me dio tiempo suficiente para dar un paseo interesante por el centro de Zamora, un buen incentivo. Al llegar al lugar del examen me puse a la cola con una sensación extraña, era evidente que por mi edad, parecía haberme equivocado de cola y más de un joven seguro que lo estaba pensando, pues vi en ellos caras descolocadas, pero por otra parte me sentía como hace 30 años, cuando realicé mi último examen de Pedagogía. Qué manera tan distinta de vernos y de percibir el paso del tiempo.

Para sorpresa de muchos, no llegó a ocupar mi sitio en la cola nadie, enseñé mi carnet- gracias Olga por avisarme- y me dieron mi receta, que como todas las recetas tenía su miga descifrarla. Si hace años estudiar y examinarse en la UNED era de un frío que asustaba, hoy con las tecnologías el frío se ha congelado. Como borregos disciplinados, íbamos esperando a que el lector óptico leyese el código de barras y la impresora escupiera tu dosis correspondiente, donde aparecía hasta el espacio que debía ocupar. Dos personas atendían la tecnología y desatendían a las personas, ni una simple mirada te dedicaban, y eso que me examinaba de Psicología de la Motivación. Como los acomodadores del cine, otra persona te colocaba en tu lugar correspondiente, cuya pegatina coincidía con la de mi examen, además reflejaba la hora del comienzo y la hora de su finalización. De esta forma se acaban los maniáticos, los que prefieren sentarse adelante o atrás, porque creen  que le dan suerte, se acabaron las chuletas, escritos en las mesas….

Los contenidos de las 3 asignaturas, son interesantes, a veces demasiado densos para explicar conceptos que se pueden comprender sin tantos rodeos. Como dije al principio, el examen era un test al que creo que el equipo docente respectivo le ha dedicado bastante más tiempo que a elaborar el temario, quizás no sea objetivo y no esté haciendo una inferencia adecuada.

Mientras rellenaba los cuadraditos correspondientes, reflexionaba, si con estas preguntas, en caso de conseguir el Grado de Psicología, sería capaz de recibir a un paciente aquejado de ansiedad, a un alumno desmotivado, a un profesional que se considera maltratado por su jefe,..cuando relleno el cuadro correspondiente a la sed volémica o el de la teoría de la covariación. Está claro que estos pensamientos guardaban más relación con mis jóvenes compañeros de examen, pues a mí el tren laboral ya pasó.

Terminé el examen y con este sistema tecnológico, no había escrito una letra, ni siquiera mi nombre, eso sí, te piden el carnet hasta cuando entregas el examen. Si consigo superar alguna asignatura y logro motivarme por otras vías, tengo que espabilar, pues no me veo abuelo temblón rellenando cuadraditos. O quizás hayan cambiado la LOMCE, Bolonia… y me dejen escribir y cocinar mi propio guiso con los contenidos y mi larga experiencia en el campo de la educación.

Lo peor de esto, es que este guiso no lo catan las máquinas. (Estas máquinas son lentas, hasta el 9 de marzo no nos dan los resultados)

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