TAMPOCO LAS FINCAS SON LO QUE ERAN

(A mi padre que me encargó este relato)

Después de un breve paréntesis en mis andanzas,  al quedarme huérfano del guía que en la distancia me orientaba y me corregía estos relatos de caminos y veredas alrededor de Ciudad Rodrigo, me he sentido un poco desorientado. Pese a ello, el día después de San Isidro, fecha muy campesina,  he cogido la bici y la mochila para recorrer una nueva ruta.

Una vez más, echaré mano de su memoria (siento no haber  podido guardar en un USB todo lo que atesoraba) para componer un recorrido donde las fincas, que él  se conocía al dedillo, serán protagonistas, comprobando lo mucho que han cambiado. De esta forma, quiero cumplir su deseo de que escribiese un relato sobre ellas, cuando le leí  “las huertas ya no son lo eran”.

Después de tener explorados muchos de  los caminos y senderos de los alrededores de Ciudad Rodrigo, decidí inventarme una utilizando las horas de un reloj, la ruta ya la había hecho, lo que hice sencillamente fue verla y disfrutarla desde otro punto de vista.

Considerando que Ciudad Rodrigo está en el centro de  un reloj analemático (reloj de sol hecho en el suelo), el eje de la meridiana donde la ciudad ha de moverse para marcar imaginariamente sus horas con la sombra de la catedral, la marca el curso del río Águeda, de esta forma, a mi derecha estaba el río y a mi izquierda las fincas. Una vez armado en mi cabeza el reloj, lo demás solo fue cuestión de pedalear y disfrutar del camino.

Saliendo  hacia el este, comencé mi recorrido por el camino de San Agustín, donde mi reloj marcaría las tres, intentado dar una vuelta completa alrededor de la vega, colocando las fincas limítrofes, la mayoría del término municipal en las horas del reloj.

Una vez superada San Agustín, una de las fincas más cercanas al núcleo urbano, recorrida por el regato de San Giraldo, me incorporé en  la Puentecilla, a la carretera de Caridad.

A  la izquierda Los Tesos, de reciente protagonismo carnavalero, después de tantas opiniones, creo que el espectáculo pudo ser perfecto de no ser los espantadores, ahora sancionados con multas demasiado benevolentes. A continuación Brocheros , siempre me he preguntado el por qué del nombre de las fincas, algunas con nombres muy sugerentes, atractivos, poéticos,..

Los pequeños cerros, verde que te quiero verde, de una primavera muy lluviosa, van delimitando el regadío del secano, Casasola, familiar para mí, tiene nombre solitario, hoy muy concurrida. La Caridad y su monasterio, con carga muy emotiva para los farinatos, hoy en boca de corrillos opinando sobre su futuro, Sanjuanejo que junto a Conejera e Ivanrey  dieron origen  a pueblos de colonización que llevan su nombre.

Cantarranas, una de las fincas que llegó a tener escuela pública a la que acudían cuando podían los niños de las fincas de su alrededor.

El Valle y el Manco cierran este cuadrante, llegando hasta las seis, para cruzar el río. A todas las fincas, el regadío les dio un buen bocado, pasando de cultivar trigo a convertirse en ricas huertas. Hoy el paso del tiempo le ha dado una vuelta a la tortilla, siendo muchas de ellas otra vez de secano a pesar del agua que tienen. ¡Qué cosas tiene la vida!

A ambos lados de la  carretera hay un auténtico espectáculo de color, el blanco de escobas, espino y jara, el amarillo de jaramagos, genistas, morado de alverjas, cantuesos y pinceladas de rojo de atrevidas amapolas dispuestas a reivindicarse. Color, olor y sonido que alcanzan el máximo nivel al estrecharse la carretera antes de la subida al pantano, el regato del Manco de agua clara hace mis delicias.

Suelta mucha agua el embalse, la bajada es un espectáculo de agua y espuma mezcladas con el sonido, al fondo los riscos teñidos de amarillo y blanco. Camino de Pastores, la pizarra se adueña del terreno, poco suelo, tan sólo pequeños valles por donde los regatos llevan bastante más agua de lo normal por estas fechas. Bordeo el teso de la Calera, hermoso baluarte tapizado por flores y encinas en plena floración con multitud de tonos verdosos, desde su cima se domina la ciudad.

Descendiendo hacia Águeda, el camino es un espectáculo de luz y color, las fincas con sus charcas, encinares, pequeños valles donde pastan las vacas forman  una imagen de postal. Cabezal Viejo, Cuadrados, Casasolilla, Porrilla, Valdespino, Cantarinas y Pedrotello completan el nuevo cuadrante, ya son las nueve por mi reloj.  Han pasado por mi memoria cantidad de recuerdos de estas fincas, muchas muy familiares, donde las encinas adquieren su protagonismo, perdiendo muchas de ellas terrenos que cedieron al regadío.

Continuo por el canal de riego hacia el oeste, Fonseca y Conejera cierran el arco occidental hasta el río. Llego a las  doce, punto donde el río marca la perpendicular con el eje de la ciudad con mi mochila cargada de unas imágenes maravillosas de un paisaje que constituye un  auténtico ecosistema.

Entre el río y las sierras de Camaces y Monsagreño, hay un conglomerado de fincas, que forman una penillanura desde donde se ve una panorámica poco conocida con la ciudad hundida y la sierra de Gata al fondo.

El Mariego, Ivanrey, Palomar, el Tejar, la Muge, Chamorrilla, Castellanos, Serranos, Pedro Pulgar, Capilla, Valdecarros, Ledín, son algunas de las fincas del último cuadrante, muy distintas a las del sur. San Giraldo, cierra el círculo de un reloj donde las fincas han sido las protagonistas. Más alejadas de mi recorrido están Campanilla, Casablanca, Fresno, Alcazarén, Robliza, Melimbrazo, Manzanillo, Peronilla, la Rade, Gazapos, La Jiera, San Miguel, Macarro, Ravida y otras muchas que darían para otro relato.

Durante muchos años, las fincas mantuvieron una estrecha relación con la ciudad, eran pequeños pueblos, algunas como Fresno con escuela e iglesia,  que comerciaban mutuamente con Ciudad Rodrigo.

Incluso contaban con sus vendedores ambulantes, panaderos, hueveros, lecheros, hojalateros, cabriteros, aceiteros, que con sus caballerías recorrían estos caminos. No faltaban las gitanas que practicando su arte del regateo y la técnica de cansar a su interlocutor conseguían cambiar un perol por varios “llenos” de garbanzos. También por desgracia, de vez en cuando aparecían mendigos pidiendo.

Por último, las fincas creaban numerosos puestos de trabajo: pastores, vaqueros, porqueros, cabreros, montaraces, criados de la labor, segadores,…hoy nada de esto ha quedado, ya nada tienen que ver con el pasado. La tecnología y las vacas, las grandes privilegiadas de los políticos comunitarios se han llevado por delante la vida de las fincas, quedando reducida la mano de obra al mínimo, apenas vi besanas de cereal y “las eras ya no eran”. El coche, el móvil, internet, lo controlan todo a golpe de clic.

Igual que me pasó en las huertas, mi padre controlaba estos territorios, sabía de dueños, hectáreas, de pastos, ganados y cereal. Hoy especialmente me ha acompañando, recordándome  historias que ocurrieron en estos paisajes, esta mañana de mayo más bonitos que nunca.

Anuncios

4 comentarios en “TAMPOCO LAS FINCAS SON LO QUE ERAN

  1. Nada es lo que era y, en muchas ocasiones, también nadie es quien parece. “Todo se pasa….la paciencia…..”. Preciosas imágenes las que han podido pasear con tus recuerdos. Hay que procurar que por lo menos nuestros recuerdos, seamos capaces de conseguir que nunca mueran. Es nuestro personal y verdadero Patrimonio Personal. Gracias por recordárnoslo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s