LA REINA ISABEL

Desde que supo que se llamaba Isabel, lo suyo fue hacer honor a su nombre y vivir como una reina. O por lo menos, eso es lo que a todos los que la llevamos viendo día tras día en su silla, nos lo parece.

Lleva bastantes años situada en su trono, a la entrada de su palacio, recibiendo a todos los que llegan. Esta habilidad le convierte en una reina muy humana, de las de andar por la calle, no como otras Isabeles que están siempre escondidas detrás de las ventanas y salen a los balcones a saludar artificialmente cuando tienen cámaras delante.

Y es que nuestra reina Isabel es de carne y hueso, ríe, habla con la gente que pasa, siempre expectante con todo lo que tiene a su alrededor, como una buena reina, que antes de emitir un veredicto ha de asesorarse previamente.

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Isabel, como siempre, recibiendo a los visitantes

Y me consta que  lo borda, nada más que la visita entra en su territorio, sus cinco sentidos se ponen a trabajar, para que cuando el paseante le muestre sus cartas credenciales, ella tenga ya  en su boca la respuesta. Una respuesta que no deja indiferente a todo su séquito, que lo tiene, que para eso es la reina de su palacio.

A pesar de que su trono está a la misma altura que el resto de moradores del palacio, ella siempre sobresale, y ahí sí que ejerce de reina, dominando la situación como nadie. Es cierto que poca gente se atreve con ella, ha conseguido establecer en sus dominios una especie de halo que la hace brillar, estar por encima de todos los moradores.

A veces, cuando la jornada acaba y ella termina agotada, pues debe ser agotador estar un día sí y otro también recibiendo visitas y ponerle cara de lo que ella cree que ha de poner, su carácter se dispara, lanzando dardos contra el más inocente que en ese momento se acerca.

Otras, no entiende cómo estando en un señor palacio, su silla la tienen sin engrasar, con lo poco que cuesta una gota de aceite, o que no la dejan salir a la plaza a tomar un café con el que ella solo sabe que le espera a la salida de su oficina. Por mucho que le digan, e intenten calmarla, a nuestra reina no le pasa nada, tan sólo que olvidó que eso le pasó cuando fue reina de otro reino, que este ya es distinto, adaptado a los nuevos tiempos y como todo, nada es ya lo que era.

O como el día que desesperada cuando todos en palacio dormían y aún no habían llegado las visitas, decidió dar una vuelta por el  palacio y colocar su ropa en los armarios. Cuál sería su sorpresa que los armarios estaban dentro de las habitaciones, no en los pasillos como ella siempre los había visto, ella que tantos trajes había planchado y colgado en las perchas del pasillo, ahora le dicen que están en el armario dentro de la habitación. ¿Qué hace un armario dentro de la habitación?

Te seguiré viendo reina Isabel cada vez que venga a tu palacio, a pesar de que desde tu silla de mando  me has convertido en  padre, pareja, hermano e hijo de mis tres chicas, eso solo lo hace una reina,que además de reina, es maga.

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