CAMINANDO ENTRE LAS NUBES

¡Baja ya de las nubes! gritó el maestro al alumno embebido en su viaje. ¿Quién en sus tiempos de alumno, no escuchó alguna vez esta exclamación? ¡Qué juego da este fenómeno meteorológico!

A pesar de ello, quizás no se recurra mucho a ellas, como elementos de inspiración y belleza. Esta mañana, le adjudiqué el protagonismo cuando caminaba de El Bodón a Pastores pasando por el risco de La Herguijuela. El sol había desplazado las nubes a derecha e izquierda, montando un escenario espectacular, dejándome mi camino bajo un cielo azul limpio, pronto me subí a las nubes siendo arrollado por las turbulencias de mi memoria lejana

Siempre me sorprendieron, fueron muchas veces mi distracción para poder digerir mejor el tiempo en aquellos veranos interminables de duras faenas agrícolas.

¡Qué distinta situación ahora! El tiempo, es un ente abstracto incontrolable, que dependiendo del momento o situación, se hace eterno o pasa volando sin darnos cuenta. He llegado a las etapas de mi camino donde el tiempo pasa demasiado deprisa, sin pausa, hagas lo que hagas, estés donde estés, no hay forma de frenarlo.

Siempre me ha cautivado el cielo azul, decorado con brochazos de nubes blancas, consiguen un contraste de un color maravilloso. Me vienen a la memoria cómo en aquellos interminables veranos, se formaban los cúmulos al mediodía. Aparecía en el horizonte, detrás de la sierra, un pequeño vellón de lana, que si el viento no lo disipaba, empezaba a crecer como si un ave gigante lo inflase y poco a poco se iban reproduciendo, llenando todo el cielo, consiguiendo un cielo espectacular.

Si el sol seguía “picando”, el blanco se iba tornando en gris y a eso de las cinco de la tarde, hora muy taurina, comenzaban a sonar los timbales: teníamos encima la temida tormenta. A partir de ese momento, se acabó el disfrute del cielo, en el campo las tormentas son peligrosas y solo quedaba refugiarse y esperar a que le bajaran los humos con las bombas que lanzaban voluntarios generosos o cambiase el viento a gallego y se llevase por delante las envalentonadas nubes.

Si no había tormenta, me encantaba ver las formas que iban adquiriendo las nubes, esta mañana he visto cómo leones tumbados se tornaban en perfectos rascacielos, el mapa de Europa se estiraba de norte a sur originando el mapa de América, un rostro humano daba origen a la copa de un pino. Caracoles, delfines, cocodrilos, dragones, siguen siendo las figuras más esculpidas por la mano de las nubes.

Esta actividad nubosa, me llevó a recordar cómo también las nubes fueron protagonistas en mi actividad docente, especialmente cuando bajan al suelo y forman la niebla, como esta mañana a primera hora. Nos perdimos en medio de las encinas por Sageras, cuando habíamos dejado en su casa al alumno protagonista del teatro en el mes de diciembre, la niebla borra hasta los puntos cardinales. En sierra Nevada subimos todo lo que nos dieron de sí piernas y pulmones para que mis alumnos sevillanos tocasen la nieve y nos sorprendió la niebla, sumiéndonos en momentos de desasosiego e incertidumbre. Cuando con mi amigo Manolo íbamos a los Pirineos, las tormentas nos sorprendían por las tardes, los relámpagos, truenos y chaparrones eran espectaculares, a veces bajando el Noguera haciendo rafting nos mostraron su cara menos amable.

El cielo con nubes da tanto juego, que permite desarrollar la creatividad con ellas, desde la imagen del creador que teníamos en el catecismo, cuando los rayos se cuelan entre los nubarrones oscuros, avisando que él está ahí vigilando y especialmente el arco iris, ese fenómeno que estés donde estés, te hace salir como un resorte para disfrutarlo.

Hay otras nubes, pero no son tan atractivas, emborronan el cielo, la luz la transforman, no merecen estar hoy aquí. Cuando aparecen, quizás para eso estén los pintores, Zurbarán y Velázquez le daban variedad de colores, consiguiendo cielos espectaculares. También Unamuno recurrió a la niebla para escribir su novela que aborda su preocupación por el destino y la inmortalidad, difuminando la línea entre la ficción y la realidad.

Tienen mérito las nubes compactas que cierran el cielo, dando origen a la lluvia constante. Termino el recorrido, sigue el cielo cambiante con nubes de algodón, hoy no habrá tormenta, las figuras alineadas por el viento que pica del norte no las deja crecer, ni casi fotografiar, moldeando ratones y peces con hocicos afilados, si siguen así, la puesta de sol promete.

Aprovechando que camino dentro de un cocodrilo y abre sus fauces para enfrentarse a otro, salgo y aterrizo de nuevo en el suelo. He pasado por tres pueblos y recorrido 18 km, sin ver a nadie, gracias a las nubes, he mantenido una interesante conversación conmigo mismo.

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4 comentarios en “CAMINANDO ENTRE LAS NUBES

  1. Manuel

    Las nubes me han regalado algunos de los mejores espectáculos que he visto en mi vida. He tenido la suerte de contemplarlas varias veces desde arriba, y cuando ha coincidido con las primeras o últimas horas del día se ha convertido en algo inolvidable. Recuerdo especialmente un atardecer en Picos de Europa, con el sol enrojecido tiñendolas de color a ellas y a las cumbres que las atravesaban formando islas que parecían de otro mundo…

    ¡Precioso relato, Antonio!

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  2. Gracias Manolo. Tienes razón, las nubes son un auténtico espectáculo a cualquier hora del día, estación, estés donde estés. Esta mañana he realizado un recorrido parecido en bici, al salir el cielo azul impresionaba, a la vuelta comenzaban a levantarse a derecha e izquierda pequeñas pompas de algodón.

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  3. Casi a diario veo esconderse el sol, y frecuentemente con nubes. Qué bellas son siempre, cuántas cosas me dicen, qué paz me transmiten,… y que contraste tan grande con las nubes que tenemos en la cabeza. Unas suman, otras restan. Tus artículos me llevan a las nubes de la positividad. Gracias Antonio.

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    1. ¡Ay Antonio qué haríamos sin las nubes y los pájaros de la cabeza! Ellos nos permiten, a los que los mantenemos en nuestras cabezas, sorprendernos cada día de las puestas de sol, de las nubes, de las flores de las cunetas, de las sonrisas y caras de los niños….como siempre suman como bien dices. Las debemos cuidar con mimo.Muy acertado comentario amigo Antonio.

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