UNA CAPERUCITA DE MUCHAS CARAS

(En el taller de escritura de Raúl Vacas trabajamos la geometría y la creatividad, la adaptación del cuento de Caperucita fue una de las actividades que hicimos)

Caperucita era una niña recta, sin ángulos en la cara, trazada paralelamente con los puntos de vista de su madre en un plano circular. Desde pequeña  se le inculcó que para moverse por el perímetro del bosque debía utilizar siempre la línea recta, pues ese espacio estaba lleno de aristas curvas y caminos en espiral, todos muy peligrosos.

Solía vestir con capa roja triangular y gorro cónico, de ahí su nombre, le encantaba recoger flores y frutas ovaladas que guardaba en su cesto poliédrico.

Un buen día de viento concéntrico, cuando iba a llevar a su abuela la comida, cogió un camino perpendicular, no el paralelo al río como acostumbraba. Al llegar a la intersección con el punto intermedio, se encontró con el lobo, que ese día llevaba las orejas más triangulares que nunca y una enorme boca cilíndrica sin aristas (para tragar mejor a las presas). Su cara ante el miedo y el asombro se le estiró diametralmente transformándose  en un óvalo.

Al ver el lobo la cara de Caperucita, intuyó  que se había ido por la tangente, pues estaba claro su despiste, trató de engañarla,  trazando en el suelo un círculo para explicarle cómo reconducir su camino. Partiendo del centro trazó un ángulo recto, marcando el sector donde se encontraba su abuela.

Como es lógico su abuela vivía en el ángulo opuesto por el vértice, lo que aprovechó muy bien el lobo cogiendo la bisectriz para llegar antes que ella a casa de  la abuela.

Su casa irregular, formada por ventanas con arcos y puerta ovalada, le resultó un poco fantasmal, su escalera en espiral le llevaría a la habitación donde su abuela ya demasiado curvilínea por la edad, dormía plácidamente. En un abrir y cerrar de ojos, se zampó a la abuela, metiéndose en la cama, esperando la llegada de Caperucita que aún estaría descifrando la fórmula trigonométrica de cómo llegar casa de su abuela.

Llegó Caperucita con su cara aplanada por la larga espiral recorrida,  al ver a su abuela tumbada en la cama, la confundió con el pentágono que pintó en la escuela, pues tenía orejas triangulares, boca prismática, con muchos vértices y ojos ovalados. Apenas le dio tiempo a hacer preguntas, pues el lobo emitía respuestas cortantes y secantes, siendo devorada por el lobo feroz, llegando a instalarse en su  estómago elíptico junto a su abuela. Allí  permaneció hasta que el cazador consiguió sacarla sana y salva, rajando la panza semiesférica del lobo con su machete triangular.

Salieron las dos dando saltos verticales,  a Caperucita su cara aplanada se le estiró formando un círculo de sorpresa, ayudando al cazador a introducir en el estómago del lobo cantos prismáticos, de aristas cortantes. Al despertarse el lobo tenía mucha sed, por lo que se fue al estanque poligonal para saciarla, siendo arrastrado por el empuje de los cantos hasta el centro del estanque, donde su corazón puso punto final.

Caperucita quedó eclipsada, poniéndosele  cara  elíptica, al estirar más el diámetro horizontal por efecto de la sonrisa y la alegría , y colorín colorado este geométrico cuento se ha acabado.

CURVAS Y RECTAS ENTRE SUEÑOS

La luna menguante que entraba por la ventana,  iluminó  la estancia oscura, demasiado recta, llena de aristas y ángulos imprecisos, llenando mi felicidad de una emoción curvilínea, con espirales y anillos concéntricos por  donde los rayos disparaban dardos hacia un futuro lleno de incertidumbres, con caminos llenos de curvas, donde en cada curva encontraba el amor, mi pasado…  la libertad inundaba e iluminaba todo el camino.

Poco a poco se fue la luna, un sueño profundo, cargado de vértices y ángulos, de líneas rectas, en los que estaban representados el odio, el dolor, el hambre, el viento y sobre todo mi presente… terminó llevándose por delante mi felicidad placentera.

 

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4 comentarios en “UNA CAPERUCITA DE MUCHAS CARAS

  1. Remedios Alonso López

    Antonio: Como siempre dejaste unos textos ingeniosos, gráciles, emotivos, evocadores…
    Un hurra a esa estrategia de expresión escrita, que permíteme que me la apunte para llevarla a la práctica con mis chicos, aunque ya sea con otros nuevos porque el tiempo con los que también son tuyos se acaba.
    ¡Qué pena que todo tenga que tener un final!, menos mal que todo pasa y todo queda, como nos dice el poema.

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  2. ¡Qué caperucita tan “cariprismática”. La verdad es que a todos los que nos gusta jugar con las palabras, nos viene muy bien toda esta capacidad creadora. Te diré que con el texto de las nubes me pasó algo muy curioso: había terminado de escribir un microrrelato precisamente entre “cúmulos ” y “nimbus” . Tú, querido Antonio, lo adornaste con esas preciosas fotos. Sigue así, para que nunca nos jubilemos ni de la imagen ni de la palabra.

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