CAMINANDO Y RELATANDO EN PORTUGAL

Aprovechando que estaba preparando la asignatura de Psicología de la Emoción, llegaba el día del examen y no había hecho práctica alguna, decidimos irnos a activar las emociones a Portugal. Por otra parte, “caminando y relatando” aún no había salido de las fronteras y me apetecía que fuese el país vecino el primero en visitar.

De siempre, Portugal ha sido un país con un encanto especial para mí. Cuando el jueves pasado volvimos de nuevo, sentí una emoción especial porque viajábamos y eso significaba que Pepi había conseguido superar su enfermedad que durante un tiempo le robó su autonomía y especialmente su sonrisa. No hay emoción más grande que recuperar la salud, tanto para el enfermo como para aquellos que estamos a su lado. Viendo cómo ha subido y bajado por los caminos de Bussaco, coronando la cima más alta, la alegría, esa emoción que surge cuando consigues una meta o se atenúa el estado de malestar, brotó como las fuentes de la sierra. Primera práctica superada, el premio una sonrisa de oreja a oreja.

En Portugal brotan emociones constantemente, es un país con un ritmo diferente, es complicado entender cuando estás perdido en un pueblo maravilloso qué pintan ellos en Europa. Sentimientos  produce nada más entrar y comprobar lo verde que está siempre su paisaje, que su sistema para cobrar el peaje es un anzuelo fácil para los sinvergüenzas –empezando porque ese día una cabina no leía las bandas magnéticas- que vayas por donde vayas los portugueses son gente encantadora, que sus aceras son únicas, como su café, el bacalao, los pasteles de Belem, los azulejos, los fados,…muchos motivos para hacer trabajar a las emociones.

Nuestro destino era Bussaco, pero antes debíamos aprovechar el viaje para embebernos de alguna maravilla que aún no conocíamos. Elegimos Trancoso, pueblo de la Alta Beira, aprovechando su cercanía gracias a la IP, Europa con su ritmo y sus fondos,  le ha permitido mejorar las carreteras. No deja indiferente este pueblo, anclado en el pasado con un cuidado retoque para mantener su rico patrimonio. El granito lo domina todo, el viejo castillo y las murallas se han quedado en paro, como la mayoría de sus gentes, pues no hay nada que vigilar. Ya ni quedan niños para jugar en las plazas, el tiempo se paró y lo arrastran los pocos vecinos que quedan hasta donde las fuerzas le acompañen.

Viven de la ganadería, el queso, algún embutido, probamos las sardinas dulces, original dulce el de estas tierras, hechas con mucho cariño, como la dueña de la tienda que se desvivió por contarnos la vida y el poco futuro de estos pueblos de la Beira Alta tan lejos de las grandes rutas del turismo.

Volvimos a la autovía para dirigirnos a Aveiro. Obra de ingeniería hecha a base de morder la montaña y construir puentes para salvar valles, al mirar de reojo y ver la vieja carretera, te vienen a la memoria los viajes interminables, además del peligro que suponía circular por aquí.

Es Aveiro una ciudad que asombra, siendo éste una de las funciones de las emociones, asombrar y lo hace porque al llegar recibe al viajero con mucha luz y un canal veneciano con sus moliceiros esperando sus clientes. Una pena que le hayan puesto motores a estas  góndolas portuguesas, desmerecen el esfuerzo que han hecho para tenerlas ricamente decoradas, preciosas.

Ciudad abierta al mar, ha sabido rentabilizarlo, convirtiéndose en una localidad atractiva para el turismo. Sus casas modernistas rodeando la laguna, su playa de arena blanca finísima sin principio ni fin, su arroz caldoso, los mariscos, le permiten atraer cada vez más a turistas.

Llegar a Luso siempre alegra, sus casas y palacios rosa-salmón con sus tejados rojos en medio de un bosque, desprenden una sensación de paz y tranquilidad. También aquí, el tiempo se mueve a otro ritmo como en todo el país, volvía a reflexionar lo difícil que es encajar a Portugal en Europa, aquí el tiempo lo estiran, hasta tienen una hora más que nosotros, siempre encuentran un hueco para atender al viajero, sin conocerte te pueden invitar a comer en una celebración colectiva, en el hotel se desviven para que tu estancia sea lo mejor de lo mejor…

Emociona ver cómo los portugueses con su aire de tristeza, tan cantada en sus fados, son felices, sonríen cuando te atienden, hablan español y nosotros a duras penas decimos o brigado, tienen una espiritualidad que les hace distintos, su virgen de Fátima, San Antonio, sus olores, especialmente el de  sus iglesias, sin ellas no se entiende Portugal, quizás por ello las han llevado hasta el mar. (En Mira han construido una en primera línea de playa igual que las casetas a rayas playeras)

La sierra de Bussaco, merece un relato aparte, derrama belleza por todos sus valles, patearlo en esta primavera loca, ha sido una experiencia de muchos quilates. La recorrimos de este a oeste y de norte a sur, la vegetación, especialmente los árboles imponen, integrados todos dentro de un equilibrio y armonía difíciles de conseguir. No encontramos muchos caminantes perdidos entre el bosque, los coches y autobuses, a pesar de que tienen que pagar para entrar, suben a los turistas hasta el palacio, donde nada más llegar aún sin verlo y disfrutarlo , hacen sus fotos para enviarlas y quedar constancia de que están ahí.

También se activaron mis emociones pedagógicas, adolescentes desbocados en la carrera, con sus móviles recalentados, apenas disfrutaron del palacio y el entorno, una vez más confirmo mi teoría: que poca relación hay entre la escuela y la vida. Poco me ha servido para emocionarme saber que por la amígdala entra la corriente nerviosa que la lleva hasta el tálamo, menos a los alumnos que seguro nadie en clase le habló que venían a un entorno maravilloso natural, donde los sentidos había que abrirlos al máximo, que las carreras y gritos, eran para otros viajes.

Terminamos caminando por las calles de Coimbra, capital de la Beira Baja, además de principal centro universitario del país. Subiendo y bajando como en la mayoría de las ciudades portuguesas, recorrimos la parte histórica y universitaria. También  muestra sus dos caras, conviven la miseria y la riqueza, en un puzle difícil de encajar.

A la entrada de las dos catedrales e iglesias que vimos, gente muy mayor  pidiendo limosna nos exprimieron las últimas emociones.

 

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3 comentarios en “CAMINANDO Y RELATANDO EN PORTUGAL

  1. Trancoso, Aveiro, Busaco,… y PEPI. Ese retorno al disfrute de las pequeñas cosas después de un tiempo difícil me llena de alegría. Bien por el cocinero que ha preparado esa degustación y mejor por Pepi que la ha disfrutado.

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  2. ¡Cuánto me alegro de ese gran disfrute! Toda esa amalgama de sensaciones y vivencias, por ese país vecino, me han refrescado la memoria de mis viajes lusitanos desde “ciudad” Lo mejor: Que Pepi haya podido compartir contigo ese llenarse de naturaleza, pues es la que con sus dones nos ensancha los pulmones del alma. Me alegro muchísimo. Qué sigáis de camino.

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  3. Agustín Ramos

    encantador tu relato, Antonio y muy emotivo en lo tocante a Pepi, Cómo nos alegramos todos de que haya recuperado su eterna sonrisa y esa mirada que no mencionas. Y en cuanto a Portugal qué te voy a contar. Suscribo cuanto dices porque – yo también – soy un enamorado de nuestro vecino que he visitado en innumerables ocasiones pero que hace ya demasiado tiempo desde la última vez que fuí así que tu relato me vino de perlas.

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