ASTURIAS, DONDE EL VERDE TODO LO TAPIZA

Viajar desde Salamanca o Madrid hasta Asturias por autovía, se convierte con el paso de las horas en una monotonía, incluso para mí, que siempre intento disfrutar con todo lo que va apareciendo a ambos lados de la carretera. Campos de Castilla tapizados por el cereal dorado a punto de ser devorado por las cosechadoras, que este año de buena cosecha, tendrán que emplearse a fondo para luchar con tanto bálago.

Pasado León, al fin se rompe la monotonía, comienza a empinarse el relieve y los valles ya son valles, donde los ríos encajonados tienen claro el camino a seguir, no como los pequeños ríos, algunos de nombres muy sugerentes (Puercas), que se cruzan entre Tordesillas y Benavente, muchos de los cuales habrán tenido serias dudas antes de iniciar su camino, pues el desnivel es prácticamente inexistente. Es la última semana de junio, los piornos están de flores a rebosar, alcanzado el embalse de Barrios de Luna, el espectáculo es sobrecogedor, el amarillo sobre las laderas verdes, de fondo el cielo azul con pequeños cúmulos y para poner la guinda el reflejo en el agua clara del río Luna, precioso nombre, paisaje demasiado bello para no poder disfrutarlo a tope pues las curvas de la autovía no permiten despistes.

Cruzado uno de los primeros puentes de tirantes que se construyeron en España, uno se introduce en el túnel de 5 Km que te lleva bruscamente a un paisaje distinto. Comprendo que viajando por el viejo puerto de Pajares, ese cambio se va haciendo lentamente, pero esos días que viajamos a Oviedo, estaban cargados de muchas sensaciones, todas reñidas con la lentitud.

La salida del túnel, además de agradecer de nuevo la luz natural, te sumerge en un paraíso natural, donde la más pequeña roca está tapizada de un verde hierba que todo lo cubre. Bajamos el valle a las 7 de la tarde, el sol iluminaba las cumbres de las montañas, jugando con luces y sombras, al fondo los pueblos perdidos en las laderas completaban una imagen de mucho valor emocional, tuvimos suerte, alguno de los demás días que recorrimos el valle, la niebla nos jugó una mala pasada.

A pesar que íbamos ligeros de equipaje, Olga llevaba tal cantidad de rocas, minerales, árboles, fósiles,..en su cabeza, que su peso ayudó al coche a agarrarse mejor durante la bajada, sobre todo porque era un equipaje que no se movió durante todo el viaje.

Alcanzado el caudal del Lena, las pendientes se suavizan, Campomanes , Pola de Lena y Mieres son las principales localidades que vamos dejando atrás. La humareda de la térmica, los enormes tubos conductores del carbón, nos anuncian que las minas y el carbón son protagonistas.

En la confluencia de este valle con el que desciende desde el oeste, se asienta la ciudad de Oviedo, nuestro destino. Ciudad extendida a lo largo y ancho del valle, ocupa una extensión considerable, vista desde el Pico Paisano en la sierra del Naranco, da la impresión de que es una ciudad de más habitantes.

Mientras Olga descargaba su pesada carga, caminé por la ciudad, recorriéndola en distintos momentos y días, me encontré con un Oviedo muy distinto de cuando lo conocí por primera vez hace 40 años, que subiendo el eterno puerto de Pajares con rotura del embrague del 127 incluida, vinimos  con  nuestra amiga Julia que aquí trabajaba. Aquella ciudad estaba negra como el carbón, aunque hospitalaria, resultaba una ciudad sucia, con muy poco encanto. Cuando volví hace 15 años, la ciudad era irreconocible, hoy he visto que ha seguido su línea de recuperación.

El centro peatonalizado, limpiado el hollín de los edificios, permite al viajero disfrutar de la ciudad. La catedral, el ayuntamiento, el coqueto mercado Fontán, los edificios institucionales del Principado, el teatro Campoamor, la plaza , la calle Uría, el impoluto Campo de San Francisco, el edificio Calatrava, justifican una visita entrañable y positiva a la ciudad.

Capítulo aparte es la visita a las dos joyas románicas de la ladera del Naranco. Llegar hasta ellas te traslada a otro mundo, dejado atrás el bullicio de la ciudad, al ver las dos iglesias parece que retrocedes en el tiempo, un tiempo más reposado que el que nos ha tocado vivir. Tuvimos suerte los visitantes de esa mañana, un voluntario jubilado, nos deleitó con su explicación, donde no solo transmitía sus conocimientos, sino que con su sello personal nos envolvía y trasladaba al siglo X.

Muchas veces he visto la subida del Naranco en la Vuelta, siempre me ha parecido una etapa preciosa, con un ambiente espectacular, así que decidí subir hasta el Pico Paisano andando, sus rampas no muy pronunciadas, permiten disfrutar de una maravillosas vistas de la ciudad, con la cordillera al fondo. Al atardecer, cuando pierdes de vista la ciudad, te sorprende una puesta de sol espectacular, envuelto entre la niebla el sol parece dudar por dónde escaparse en el oeste. Oviedo , también actúa en la puesta de escena, en un instante es atrapada la ciudad por una niebla multicolor sobresaliendo la ciudad claramente iluminada.

En lo más alto, un Cristo con los brazos levantados como señal de victoria, como Tarangu cuando aguantaba sus pájaras y lograba subir a lo más alto del podio.

Es Asturias, una comunidad muy hospitalaria, vayas por donde vayas, la gente está dispuesta a ayudarte, a conversar… emocionalmente me parece que nos superan a los castellanos, quizás las montañas no dejen tan fácilmente escapar las emociones de sus habitantes, enraizando en su paisaje, que no deja indiferente a nadie.

Hice una escapada hasta Candás, por satisfacer esa curiosidad castellana de ver el mar, me encontré con un minero ya jubilado, que me puso al día del trabajo de la mina, de la dureza, de los peligros, de los valles mineros,…

Después de haber pateado y convivido unos días con los asturianos, no existe tanta diferencia con nosotros excepto el paisaje, es la riqueza de la diversidad de España, no se entiende que ahora determinadas comunidades autónomas hagan enormes esfuerzos por intentar ser diferentes, cuando sus matices de siempre ya son suficientes, así aquí adjudican excesivo protagonismo a Fernando Alonso, a Quini, Villa, Tarangu, la mayoría deportistas que han triunfado fuera de su patria chica, el verde, la sidra, la fabada, los castaños, la costa, los parques naturales, el orballo, la mina, la montaña, son por sí solos capaces de cautivar al caminante que llega.

Regresamos ascendiendo el valle, aún más ligeros de equipaje, una parada cerca del puerto, nos permitió recoger las últimas imágenes de un paisaje que te envuelve, te cautiva, te tranquiliza, te energiza para superar las áridas sensaciones del enorme secarral en el que se ha convertido Castilla.

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4 comentarios en “ASTURIAS, DONDE EL VERDE TODO LO TAPIZA

  1. mercedes

    Compañero, ……siempre me encantan tus fotos…ya sabes , la imagen me ” cose ” la letra de tus escritos……que por otra parte, parecen pinceladas del cuadro que describes.

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  2. Antonio: Nos pones a funcionar el corazón y los sentidos al unir las palabras con esa amalgama de imágenes, sensaciones, sentimientos, colores, olores,……. Me encanta todo ese verde esperanza, del que aquí andamos un poco faltos. Bellas pinceladas.

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  3. Asturias… verde de montes… Un trocito de paraíso que tenemos ahí al lado…

    Me ha gustado especialmente esa descripción del viaje que tantas veces he hecho y que, en verano, me transmite las mismas sensaciones… La salida del túnel del Negrón con el macizo de Peña Ubiña a la izqda. es una “experiencia religiosa” que debería experimentar todo el mundo…

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