UN CURSO RECORRIENDO CAMINOS

 

Hace un año que el calendario oficial no me programa el tiempo, ni el reloj me marca las horas, ambas herramientas las he quedado aparcadas, siendo éste hecho uno de los más significativos de este primer año de mi nueva etapa. Un tiempo, el de jubilado, que te llega en bruto, como decía Benedeti, y al que tú mismo lo debes domar para que no escape entre los dedos yéndose igual que ha venido.

Llenar este tiempo, darle sentido, es una de las tareas a las que me he dedicado el último curso desde que dejé la escuela, echando mano de la curiosidad, esa maravillosa puerta que te lleva al conocimiento, especialmente el de tu entorno, para sacarle el máximo partido.

Siguiendo la guía machadiana, “he andado muchos caminos y abierto muchas porteras” , he caminado con gente, en solitario, acompañado del silencio y la soledad, del sol, la luna, las nubes, los pájaros, el viento, con el cielo de telón para completar cada día una obra de teatro distinta…Y todo el campo se queda mudo y sombrío, meditando…

“…Y en todas partes he visto” que las personas han desaparecido y a las pocas que quedan le pesan demasiado los años. Me dio lo mismo ir al norte que al sur, al este o al oeste, las escuelas estaban cerradas, no vi un niño, apenas quedan ya tabernas, fincas y huertas ya no son lo que eran, pero queda el paisaje, historia de esta tierra, la vida, los caminos, la esperanza, …

.  …“Hace algún tiempo donde hoy los bosques se visten de cenizas… se oyó la voz del hombre… cantar tras la yunta, hoy recorres kilómetros y kilómetros y tan solo te acompaña la voz del viento rompiendo el silencio, algún que otro perro aburrido de no tener que actuar ante la falta de asaltantes.

Ahora que el curso ha vuelto a ponerse en funcionamiento, aprovechando que el verano sigue, a pesar de que hace mucho que el calendario dio paso al otoño, he cogido la bici para ir a la sierra a ordenar y organizar el tiempo que se fue y el que vendrá.

Pedaleando, rumiando y digiriendo noticias del día a día, mis últimos exámenes no exentos de frustraciones y satisfacciones, reflexionando sobre cómo los árboles pierden sus hojas antes de convertirse en flores otoñales por culpa de un calentamiento que todos vemos y nadie quiere poner freno.

El tiempo que llevo alejado de las aulas, me distrajo mientras acometía las duras rampas, antes de divisar la inmensidad de la sierra,. con sus pináculos, que me recordó las subidas y bajadas de emociones y sentimientos experimentados el curso pasado.

Caminé reflexionando conmigo mismo, recorrí sin darme cuenta bastantes Km, contemplando a lo lejos horizontes y paisajes, demasiado bonitos para una tierra por donde pasaron demasiadas  caravanas de tristeza,…

Aún, sigo contando cursos en vez de años, aún no he conseguido  formatear mi cerebro, manteniendo de momento un contacto más o menos directo con la educación a través de mis compañeros, la Facultad de Educación, la UNED y especialmente mis hijas que después de una larga aventura en la empresa decidieron cual agradable sorpresa, dedicarse a la enseñanza.

Lleva demasiado tiempo la educación bailando al son de políticos que poco saben de ella, poniendo y quitando leyes a su antojo, distrayendo a los docentes con papeles y más papeles, no dejándolos trabajar con los niños al 100%. He visto a mis compañeros nadando en aguas demasiado turbias, agobiados por llegar a una orilla difusa y lejana. No hay nada peor en educación que sus auténticos conductores estén agobiados sobre todo por un exceso de burocracia muy poco ilusionante.

Tiene mucha relación el trabajo de la escuela con subir a la montaña, ambos implican mucho esfuerzo y buena forma mental y física, con el fin de no abandonar ante la primera rampa, el primer desengaño, pero si se consigue llegar hasta la cumbre, todo lo recompensa: dominar el horizonte, ver los ojos de un niño cuando consiguen descubrir lo oculto,… La curiosidad que nos permite buscar soluciones a preguntas que nos hacen cosquillas, debe ser abonada desde la escuela para que siempre sea la energía vital de cada persona, para ello los educadores han de estar en buena forma.

El exceso de academicismo, los contenidos, y últimamente las reválidas se convierten en piedras demasiado grandes para sortear el camino. Apenas vi escuelas con niños, pero las que vi, tenían los niños dentro de las 4 paredes, con poco contacto con el entorno.

Con tanta reflexión, con tantos horizontes maravillosos donde clavar la mirada, se me pasó la tarde, no programé nada, tan solo sé que seguiré soñando caminos, unos virtuales como pompas de jabón, para encadenar palabras que cuenten historias,  otros reales no en vano a mi abuelo lo llamaban Correlindes, seguiré construyendo mi propio camino, que a pesar de lo que dijo Machado no me importa en absoluto tener que volverlo a pisar.

A veces el camino que serpea y débilmente blanquea se enturbia y desaparece… caminar conlleva a veces perderte en la duda, no saber hacia dónde avanzar, pues los límites no están claros, en la educación, a veces los trazos del camino los borran intencionadamente, poniendo hitos falsos para confundir a los caminantes. ¡Cuánta falta hace trazar un camino estable, bien delimitado para moverse con libertad!

También este tiempo nuevo hay que organizarlo para que la ilusión no se apague, Ambos son dos mundos INGRÁVIDOS Y GENTILES distintos, pero maravillosos, educar es conducir por caminos que se van complicando y los niños han de buscar con ayuda de los maestros las estrategias para sortearlos, cuando lo consiguen la alegría es enorme.

Los recuerdos del trabajo permanecen, la escuela como tal aparece como fuente de vitalidad de un trabajo que constantemente te obliga a estar despierto, teniendo la mente ocupada con proyectos e ilusiones, en un entorno rodeado de mucha carga vital y afectiva.

Igual que los estudiantes, seguiré con mi mochila a cuestas: ¡aún le queda tanto espacio que rellenar!

 

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4 comentarios en “UN CURSO RECORRIENDO CAMINOS

  1. sonsoles

    Yo también sigo hablando de cursos en vez de años (deformación profesional) Me encanta cómo vas recorriendo “caminos no trazados, allanando los sueños y la espera”. Por los derroteros de tu palabra se ve una evolución EN ALZA Y SUBIDA, con la que creces y nos enseñas a que los demás sigamos creciendo. Claramente “aprender no ocupa lugar” Gracias siempre.

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  2. Llevas todo un “curso” escribiendo cada semana y de algún modo dando rodeos para que tus artículos no se centraran en el tema que ha ocupado gran parte de tu vida: la educación.
    Al igual que disfruté mucho con la lectura de “El diario de un albañil”, porque Santi escribía sobre lo que vivía cada día, estoy seguro que algún día disfrutaré con la lectura de “El diario de un maestro”.
    Y no salgo de los “Antonios”, me persiguen: primero fue el Machado, luego el Gala, y ahora tú.
    Me quedo con el tercero, no digo evidentemente que sea el mejor, solo que me quedo con él.

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    1. Los que nos hemos dedicado a la educación llevamos grabada una marca, que en cierto modo nos hace un poco diferentes. No es fácil separar esa actitud ante la vida, a pesar de lo que dices, yo no lo he conseguido, escribiendo es fácil teorizar, y ya sabes que soy más como tu amigo Santos, de mono y paleta.

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