TU MIRADA ME DIJO TANTAS COSAS…

(25 de noviembre. Día Internacional contra la Violencia de Género)

Casi todos los días venías a verme a mi despacho, desde aquel día frío y gris del mes de noviembre que llegaste a nuestro cole de la mano de tu madre. Me miraste con mirada desafiante al abrir la puerta, tenías ya una trayectoria recorrida en despachos y de trato con adultos, la mayoría fríos, a los que tú intuías, que tus problemas no le interesaban.

Logré con bastante esfuerzo, aprobar tu examen, me diste la mano y te llevé a conocer a tu maestra, a tus nuevos compañeros. En el interminable trayecto para ti, conseguí que me contaras dos pequeñas cosas que necesitaba después para hablar con tu madre.

Cuando salía de la clase me lanzaste una leve sonrisa, borrando por un momento la enorme carga de tristeza que invadía tu rostro. Al recreo pregunté a tu maestra por tus primeros momentos en clase, al verme me dijiste que no te gustaba el cole, que querías hablar conmigo.

Tu madre me dejó tocado con una historia cruel, con muchas sombras y demasiadas lagunas intencionadas donde tu padre, fue actuando aquella mañana desempeñando muchos personajes. Me dejó mi despacho lleno de emociones, la mayoría  contrapuestas, difíciles de encajar, rodeadas de un misterio un tanto siniestro que desde el primer momento encendió mi particular alerta ante la violencia de género.

A pesar de tu corta edad, tu rápida revelación, me permitió poner en marcha los protocolos necesarios para que intervinieran los servicios sociales y dar solución cuanto antes el problema. A la hora del recreo me buscabas para verme, yo te dejaba para que poco a poco fueses soltando el pesado lastre que tu pequeño corazón arrastraba.

Aquella mañana había escuchado en la radio una noticia que inconscientemente el despertar de la duermevela me llevó a pensar en ti. Demasiadas coincidencias para que tú fueses protagonista de ella pensé. Camino del colegio, las piezas del puzzle comenzaron a encajar rápidamente, terminándolo de completar al ver que no llegabas a saludarme.

Con tan sólo 8 años, te habías convertido en un héroe, haciendo frente a la violencia de tu padre solo con tu cuerpo y tu voz, pegándote  como una lapa a tu madre, gritando hasta hacer temblar el techo del piso. Te encontraron, al llegar, sentado, hablando con tus padres para explicarles a los dos con tu mirada que la vida es más fácil de lo que ellos inútilmente pretendían, debían dejar vivir, respetando la vida.

Habías sufrido tantas situaciones como la de esa mañana, que podías aportar tanto a todo el centro, que conseguí que, a pesar de toda la pesada burocracia, continuases con nosotros. Te costó recuperar tu mirada, a mí me costó otro esfuerzo extra que me terminases de contar tu negra aventura de caminos y senderos hechos a base  gritos y maltratos. Nos costó a los dos ver luz después del túnel, pero mereció la pena. A la salida, fuimos a la biblioteca donde te esperaban los delegados de curso, ante los cuales interviniste para contar pequeños retazos de tu historia, para tranquilizar a todos los compañeros, pues tu caso, como suele ocurrir fue muy mediático y rápidamente se extendió por todo el colegio.

Desde ese día, formaste parte de la asamblea de delegados y subdelegados del centro, donde siempre uno de los puntos a tratar era la convivencia, haciendo mucho hincapié en la igualdad de sexos, proponiendo una serie de actividades para sensibilizar a toda la comunidad educativa de uno de los problemas de convivencia más graves que hay.

En vista de que las medidas policiales, campañas divulgativas no surten efecto, habíamos decidido que hay que empezar desde el cole, sensibilizando a toda la comunidad educativa, valorando la riqueza de poder compartir chicos y chicas las mismas experiencias, los mismos juegos.

Sin quererlo te convertiste en protagonista de las reuniones, pues sobre ti, giraron muchas de las propuestas que sacamos adelante con el fin de que todos en nuestro cole NOS RESPETÁSEMOS, creando un espacio de convivencia. En el colegio diste tu mejor lección, soltaste tu dura experiencia para transmitir esperanza, pues solo a partir de la EDUCACIÓN se podrá acabar con la violencia de género.

Te miraba, fui comprobando que aquella mirada la aparcabas, observaba cómo tus ojillos comenzaban de nuevo a brillar, cuando con tanto sentimiento le decías a todos tus compañeros que no es posible vivir en un entorno violento.

Al terminar el curso, la convivencia entre chicos y chicas había mejorado bastantes puntos, en el patio desaparecieron actitudes y juegos sexistas, se había comenzado a recorrer un camino en la educación contra la violencia de género.

Pasado un tiempo, tu madre me abordó en el despacho para preguntarme si era cierto lo que tú le contabas, apenas daba crédito a lo que le decías, así que no tuve más remedio que incluirla también en el proyecto. A partir de ese día, trabajaría con los servicios sociales del centro y el AMPA, para sensibilizar a los padres del problema, aprovechando un caso de violencia de género con final feliz.

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2 comentarios en “TU MIRADA ME DIJO TANTAS COSAS…

  1. sonsoles

    Que dura realidad, palpable y cotidiana. Contada con sensibilidad y esa delicadeza con la que un buen docente sabe cómo sacar adelante temas tan duros y escabrosos, lamentablemente frecuentes. Tan frecuentes, desgraciadamente, que en muchas ocasiones parece que la sociedad sólo quiere cerrar los ojos.
    Buen trabajo, “Maestro”.

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