SENDO: UNA VIDA KILOMÉTRICA

Le costó bastante terminar su 94 etapa de su particular vuelta ciclista, a pesar de todo ello, su afán de seguir pedaleando, le impulsó a tomar de nuevo la salida y comenzar la siguiente etapa, pero esta vez una pájara  le obligó a poner el pie en tierra.

Utilizó mucho la bicicleta para desplazarse por la vida, siendo un adelantado ecologista, convirtiéndose en todo icono de sus paisanos, hasta bien entrada su década de los 80, era fácil verlo recorriendo la ciudad en bici para hacer sus recados. Las etapas largas, poco a poco tuvo que recortarlas, después de la caída que tuvo en Valdespino.

¿Quién no conocía a Sendo “ El Cencerrero” en Ciudad Rodrigo?. Poco a poco se fue dotando de una personalidad muy singular que por supuesto no dejaba indiferente a nadie. Una personalidad basada en el trato humano, de ayudar a la gente, de arrimar el hombro sin esperar nada a cambio. Su trabajo de comerciante, le llevó conocer a la mayoría de sus paisanos, así como a muchos de los pueblos de la comarca. Era el más pequeño de la familia de los cencerreros, muy enraizados en la vida campesina, pues no en vano, suministraban gran cantidad de las herramientas y aperos que necesitaban los agricultores para realizar sus labores.

Llevaba en sus genes la historia familiar, las tradiciones de su pueblo, participando como actor o espectador en la vida de la ciudad. Así fue como en sus años jóvenes jugó al fútbol en varios equipos, siendo al final entrenador del San Andrés, seguidor incondicional de su Atleti de Bilbao. Participaba como miembro en varias cofradías, siendo últimamente el cofrade más antiguo de la de San Sebastián, en Semana Santa cogía su hábito participando activamente en ella, para él era una forma más de expresar su religiosidad.

Pero quizás fuese en el carnaval y dentro de él, los encierros, donde más disfrutaba, aunque a veces conllevase la preocupación y el desasosiego a sus tres mujeres. Lo recuerdo corriendo con la gorra en la mano, siempre delante de los cuernos, donde solo se atreven los que dominan la situación utilizando la forma física y sobre todo el sentido común. Cuando muchos años después, ya siendo mi suegro, compartí con él la carrera en la subida del Registro, era todo un espectáculo verlo actuar, dando instrucciones, estudiando la carrera, llegaban los toros y él se esperaba, corriendo muy cerca, abandonando la carrera, arrimándose a las agujas viéndolos pasar.

Como cronista taurino, disfrutaba una vez pasado el encierro, comentando y explicando lo sucedido, aportando su particular visión como corredor con experiencia. Si un toro se quedaba emplazado o se escapaba del recorrido, él se quedaba hasta el final ayudando en las tareas de llevarlo a los toriles. Cuántas veces tuvo que ir a la tienda para coger una maroma para llevar atado al morlaco hasta su destino.

El contacto con la naturaleza era otras de sus pasiones, siendo un caminante empedernido, las marchas de Asprodes, de la Peña de Francia siempre contaban con su presencia. Pero cuando más disfrutaba era cuando salía en bici los domingos  con su pequeño pelotón de amigos, recorriendo los pueblos de la socampana, y no digamos cuando él se marchaba solo con su bici o vespino, perdiéndose por un tiempo, que más de una vez provocó angustias a la familia.

Poco amigo de bares y fiestas multitudinarias, prefería siempre estar con la familia, disfrutando de los paseos y especialmente en verano del río.

De su intensa vida de aventuras, le encantó ir coleccionando recuerdos, atesorando una importante colección de fotos, que él se encargaba de custodiar bajo llave, y que de vez en cuando te dejaba catar alguna, quedándote siempre con la miel de los labios.

El día 30 tuvo que echar el pie a tierra, abandonando la lucha de la vida, vida que poco a poco le había quitando muchas de sus aficiones, dejándolo desamparado y dependiente, él que siempre fue tan poco sujeto a normas y horarios. Quizás ahora en su nuevo tiempo pueda recuperar otra vez esos caprichos que tanto le gustaban, lejos de normas y obligaciones, y le podamos ver de nuevo entrando victorioso en su vespino después de una etapa triunfal, perdido viendo un encierro de cualquier pueblo de la comarca o escucharle decir ¡Mari: el tiempo!

ABUELITO SENDO

Eras una persona única. Ya desde pequeñas nos sorprendías.

Uno de los primeros recuerdos que tenemos de ti es en la tienda, repartiendo sugus en ese cesto tan mítico. Algo curioso con lo poco goloso que eras tú. Esa dulce actividad contrastaba con la otra que siempre te estaba encomendada: cortar el alambre de espino (a la vez que cortabas el tráfico momentáneamente), solo reservada para los más valientes.

Pero tal vez de todos los artilugios de la tienda con el que más te asociamos es con el carretillo. Y es que siempre has tenido predilección por las ruedas… siempre recordaremos esa foto de la tienda con la bici; tan equipado estabas que de pequeñas pensábamos que eras un ciclista profesional.

Nos hacía gracia que no tuvieses coche y ahora nos resulta muy bonito pensar cómo llevabas las compras a casa a la gente que lo requería.

Aparte de tu indumentaria ciclista, la prenda más característica tuya eran los gorros de invierno, que siempre te daban un toque de ternura. La llegada del verano la marcaba el cambio del gorro a la visera. Una visera que siempre nos gustaba quitarte cuando estabas echándote la siesta en tu sillón. Y después te soplábamos en esa cicatriz que hasta hace poco pensábamos que era de una mordedura de un perro.

Sin embargo, la chaqueta no indicaba la llegada del frío, ya que incluso en pleno agosto te gustaba llevarla. ¡Qué poco te gustaba el frío y los días en los que tiraba el aire!

Nos gustaba que nos contaran anécdotas en las que tú eras el protagonista. Puede que una de las que mejor te definían sea la de cómo salvaste a una cigüeña, cómo la cogiste a pesar de lo pesada que era y la llevaste a la guardia civil.

Nos reíamos mucho cuando abuelita te decía que no sabías llamar desde una cabina o hacer una tortilla. Aunque pocas veces te veríamos comer una, otra imagen que siempre tenemos de ti es desayunando la tapioca, relamiendo los huesos en la comida y disfrutando de los fideos en el cazo.

Hasta hace poco no cenamos juntos en Nochevieja, de pequeñas era todo un misterio para nosotras verte aparecer junto a abuelita ya muy tarde, pero a tiempo de tomar las uvas, después de la misa del gallo.

Tu manera de hablar nos pareció siempre bien curiosa, ya que muchas veces no utilizabas la primera persona del singular para referirte a ti mismo: se ha pasado bien la noche, nos vamos a la cama (aunque sólo te fueras tú).

Tu continuo picor de espalda, las formas que encontrabas para paliar ese picor y tu gusto por los potingues es algo que también te definía y nos hacía mucha gracia a nosotras.

También te caracterizabas por tus despedidas. Cuando llegaba el momento de decirnos adiós en la calle, Sendo siempre tardaba en aparecer, pero una vez que hacía acto de presencia,  le gustaba apurar hasta el final. Si nos despedíamos de ti en el coche, más de una vez teníamos que bajar la ventanilla porque siempre había algo que nos tenías que contar en el último minuto.

Pero tal vez el gesto que más te caracterizaba, tu gesto más lindo, era tu manera de besarnos al despedirnos. Esos besitos en la mano que tanto te gustaba darnos a todos los que te queríamos. Un bonito gesto que has conservado hasta el final de tus días.

Alicia y Olga

abuelos-patio

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3 comentarios en “SENDO: UNA VIDA KILOMÉTRICA

  1. mercedes

    ¡ QUÉ TERNURA DESPRENDEN ESTOS RECUERDOS!.
    A TRAVÉS DE LOS ABUELOS Y LO QUE HABÉIS CONTADO DE SUS VIDAS, PUEDO ENTENDER LA CALIDEZ HUMANA DE VUESTRAS FAMILIAS.
    ME HA EMOCIONADO,

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  2. Agustín Ramos

    Conocía a Sendo desde hace un porrón de años, cómo no iba a conocerlo si nuestra casa familiar de la familia Rufo estaba a tiro de piedra y la actual de mi madre se ve desde la tienda. Pero la semblanza que hacéis tú y tus hijas me ha dado una perspectiva que no conocía. Y la elección de la foto no podría haber sido más certera pues refleja muy bien todo lo que tú y tus hijas contáis en el relato, tierno y entrañable.

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  3. Julia

    Sendo compartir contigo juegos infantiles luego después de la adolescencia nuestras vidas tomaron rumbos diferentes pero siempre que iba a Ciudad Rodrigo con Julita visitaba tu tienda para verte a ti ya tu familia hasta siempre amigo Joaquina

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