Taller de escritura de Raúl Vacas

EL DOMADOR DOMADO

(La primera sesión del curso la dedicamos al circo y a su relación con la literatura y la música.) La propuesta que nos hizo fue describir un personaje del circo.

Supo que sería domador, el día que su abuelo lo llevó por primera vez al circo instalado en las eras del pueblo. Era un humilde circo ambulante, con muy pocas atracciones, pero para él fascinante.

Cuando el domador sacó al viejo león, domado más por los años, que por él y pidió voluntarios para participar, su corazón se puso a mil revoluciones. Debieron ser sus ojos saltones la papeleta para que le tocase la lotería, pues el domador al final lo eligió para actuar.

Era un niño, tranquilo, bastante tímido, al que no le gustaba ser protagonista, pero su amor y pasión por los animales, fue mucho más fuerte, lanzándolo como un resorte hacia la pista.

Nada más traspasar la puerta, sintió cómo se llenaba de una energía especial, transformándolo en un niño distinto, más parecido a aquellos compañeros altivos y chulescos de la escuela. El domador lo subió encima del viejo león, dándole una vuelta triunfal a la pista.

Sus paisanos le aplaudieron a rabiar, desde ese día solo pensó en dedicarse a domar fieras y trabajar en el circo. Como era un chico disciplinado y trabajador, pronto consiguió su sueño, haciéndose domador de leones y tigres, actuando en los circos más importantes.

Igual que la primera vez que se transformó al entrar en la pista, su carácter se tornaba en agresivo, voceaba enérgicamente, restallaba el látigo con curvas de vértigo, su cuerpo se hinchaba parecía más atlético, su éxito le alimentaba su ego, que iba creciendo día a día, llevándolo a ser un domador excesivamente vanidoso.

También al principio, fuera de la pista cambió su carácter, pero a  medida que fueron pasando los años, la ternura y el cariño de su familia fueron domando al domador enérgico y altivo de dentro de la pista, habiendo cada vez más diferencia entre sus dos vidas Cuando terminaba su jornada laboral, dejaba tras de sí los rugidos de las fieras, amansándose su carácter, volviendo a ser otra vez aquel niño al  que su abuelo llevó por primera vez al circo.

LOS RELOJES MARCABAN LAS 5 

(Texto escrito con las palabras: reloj, panadera, toro, cárcel y heridas; sacadas al lanzar un dado)

Eran las 5 de la mañana cuando sonó su despertador, cuando la panadera estaba llamada a enfrentarse a su madrugadora jornada laboral.

Doce horas más tarde, el reloj marcaba las 5 en punto de la tarde, la hora en la que el toro que estaba aguardando en el chiquero, su cárcel, debía enfrentarse a una funesta jornada, en la que las heridas hechas a plazos, a degüello, acabarían con su vida.

Salió a hombros la panadera horneando un pan que saborearon los espectadores viendo cómo el toro terminaba su vida moribundo, arrastrado por dos mulillas.

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