SUERTE A LA NUEVA ENCINA

Cuando se vive tantos años, se acumulan tantas experiencias, tantas sensaciones, tantas historias, que terminan llenando todos los espacios. Esto le debió pasar al centenario árbol gordo, debió ir atesorando en sus raíces todo lo que fue observando en su larga vida, llegando a impregnar el subsuelo de inmensidad de leyendas y experiencias. Quizás por este motivo no hayan conseguido adaptarse el olmo y la encina a la que fue su casa, había tantos recuerdos acumulados, apretujados en la tierra, que a los nuevos inquilinos los asfixiaron.

Ha sido una buena idea antes de plantar la nueva encina, quitar el alcorque y dejar abierto el espacio que va a ocupar el árbol, con el fin de oxigenarlo, de limpiar la casa al nuevo inquilino, que no queda nada del viejo olmo, que no implique agobio y presión de un personaje con tanta historia.

Leer artículo completo en La Gaceta digital

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