MONSAGREÑO Y CAMACES, TAN CERCA Y TAN LEJOS

Tal vez haya sido la barrera del tren, o quizás el cementerio las causas que puedan explicar el por qué la salida al campo por el norte de la ciudad, siempre ha sido minoritaria. Es indudable que la sierra de Gata tiene mejor situación para divisarla desde la atalaya de la batería, más altura, pero es verdad, que estas sierras menores que han pasado bastante desapercibidas para la mayoría de nosotros a pesar de su cercanía, son espacios naturales llenos de un gran encanto.

Se puede llegar a estos parajes por dos caminos: la prolongación de las casas de Martín Báez y el Junco Gordo.

Sale este último de la carretera de Salamanca, antes de la rotonda de la autovía. Hasta llegar a la vía del tren, los corrales y establos de los carniceros, te ponen pronto en contacto con el campo y el ganado, principal actividad de todas las fincas de la socampana. Las últimas lluvias y el nitrógeno del estiércol, desarrollan pequeños fractales en las charcas de gran vistosidad.

Pasada la barrera de la vía del tren, se comienza a divisar la enorme penillanura con la sierra al fondo. A orilla del camino, aparecen matas de juncos gruesos, quizás de ahí venga su nombre. Comienza a ascender lentamente, cuando se alcanzan las primeras encinas. Están estas sierras tapizadas por encinas, algunas de gran porte y belleza, jaras, retamas, lentisco, tomillo, cantueso, brezo, lo que las convierte en un herbario natural con gran cantidad de aromas.

Leer artículo completo en La Gaceta digital

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La sierra tapizada por encinas
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