ESCHER, UN ARTISTA MILIMÉTRICO

Cuántos genios han pasado por las aulas sin demostrar sus grandes capacidades, además comportándose como verdaderos inadaptados. Uno de ellos fue Escher, artista surrealista , matemático, intelectual  holandés. Viendo la magnífica exposición que hasta junio se puede ver en Madrid, me imaginaba a este genio del arte del grabado intentando obedecer a sus maestros para copiar láminas de los anticreativos cuadernos de plástica.

Al final terminó deprimiéndose muy joven, sintiendo en sus carnes  lo duro de ser diferente en un entorno poco comprensivo. Gracias a que su familia sí lo era , se marchó a Italia y ahí encontró la mejor medicina para reconducir su vida y comenzar su carrera artística.

Se puede ver la exposición en el palacio de Gaviria, recuperado para poder ser disfrutado, abriendo de nuevo sus puertas, después de estar cerrado varios años al dejar de sonar la música discotequera en sus suntuosas estancias.

Te recibe el palacio con una exhibición muy escheriana, enmoquetada la entrada con grabados mientras haces la agradecida cola, digo agradecida, porque es gratificante ver una cola generosa para ver a este artista no muy popular. Nada te hace pensar esa entrada, donde se aglutinan tiendas de todo tipo, que de repente te encuentras con una impresionante escalera palaciega, que te asciende a las alturas del arte. Arte que en Escher es excepcional, distinto, diferente, con una carga de creatividad, originalidad y sobre todo pensamiento científico, que atrapa al espectador desde el primer grabado, para involucrarlo mentalmente en cada de una de sus obras expuestas.

Han cuidado mucho el enfoque didáctico en la exposición, haciendo cada cierto tiempo una pausa expositiva para que a través de la manipulación se pueda entender mejor los trabajos del genio holandés. Trabajos en los que siempre aparece de una u otra forma su obsesión por el espacio, por intentar representar en un plano el volumen, consiguiendo imágenes imposibles de asimilar y entender. Su impresionante orientación espacial  le llevó a realizar obras de una complejidad, de una precisión milimétrica, que él solo era capaz de resolver.

Jugando con el blanco y el negro, consiguió composiciones y efectos que a medida que avanza la exposición te lleva a desequilibrarte , logrando composiciones de una gran belleza estética, utilizando figuras geométricas para representar escaleras que se cruzan, difícil saber si suben o bajan, columnas que dejan de estar en su sitio, su habitación reflejada en una esfera que sujeta en su mano, sus autorretratos marcados por la línea recta…

La mayoría de las 200 obras expuestas, te dan un toque visual, haciendo trabajar constantemente a los ojos codo con codo con el cerebro donde está la orientación espacial, que muchas veces le cuesta reaccionar para ver lo que el artista quiso representar: la mayoría escenas relacionadas con la naturaleza, la costa de Sicilia, el sur de Italia, Granada, y especialmente Roma. Camaleones, escarabajos, libélulas, peces, patos, se cruzan prodigiosamente para conseguir efectos parecidos al tablero de ajedrez, efectos que para visualizarlos los ojos han de fusionar los fondos blanco y negro, para que como de un revelado se tratara aparezcan gratamente las imágenes perfectamente enmascaradas.

De todos ellos, me impactó el titulado “El día y la noche” obra de gran contenido autobiográfico, pues representa el paisaje de su Holanda natal. Es impresionante cómo las geométricas parcelas del campo holandés por arte del lapicero milimétrico de Escher comienzan a elevarse del suelo, transformándose poco a poco en ánsares blancos y negros que al final inician su vuelo en direcciones distintas por el meandro del río, por supuesto río blanco y río negro.

El sobrecogedor esfuerzo para representar el volumen sobre el papel de una esfera, el trabajo imposible con la gubia dando cortes finísimos en la plancha de madera para imprimir el grabado, obtuvo unos resultados espectaculares.

Salimos de la exposición con la cabeza cuadriculada, con el cerebro  lleno de líneas, polígonos, esferas teñidas de blanco y negro… Nada mejor para continuar en la misma dirección que ir a comer a un restaurante japonés. Su orden, los palillos, sus platos con compartimentos geométricos, su control, la perfección de la cultura nipona, nos permitieron poner en práctica la visión original del artista holandés.

Alicia, experta en trabajar Escher con sus alumnos, nos puso examen, con bastante ayuda y esfuerzo, conseguí un “sufí” raspado. Había que interpretar el logo de Carrefour, muy escheriano, actividad  que dejo para los lectores.

Aprovechando el ambiente japonés y mi última clase con Raúl Vacas, intenté resumir la exposición con un simple haiku. Difícil.

Negro con blanco

concentro la mirada

¡veo una imagen!

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2 comentarios en “ESCHER, UN ARTISTA MILIMÉTRICO

  1. Agustín Ramos

    El domingo en el XLSemanal hay un artículo sobre Escher con una foto de ese “El día y la noche” que tanto te ha impactado.. Mira, entre tu artículo y el del dominical me ha entrado el hormiguillo de la curiosidad por este hombre ¿Sabías que Pink Floyd pirateó uno de sus cuadros? Fue para la carátula del album The dark side of de Moon que, por cierto, lo tengo. En cuanto a Carrefour lo conocí en Francia el verano de 1968 y ya sabía que el nombre significa “cruce de caminos” (je parle français assez bien) y que los colores son los de la bandera francesa (bleu, blanc, rouge) pero no me había fijado en esa gran “C” blanca que queda en el medio.

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