RECORDANDO Y APRENDIENDO EN EL SUR (Un viaje por Andalucía)

Llevaba ya bastante tiempo sin que el sonido del despertador me avisara de que terminaba el período de descanso. Merecía la pena el madrugón para iniciar un largo viaje hacia el sur. Debió ser porque nací y me crié orientado al sur, por lo que siempre me cautivó esa dirección. Comencé trabajando más al sur de Ciudad Rodrigo y en la década de los 80 cogimos nuestro equipaje, yéndonos a vivir a Sevilla.

Era por tanto, un viaje con mucho sentimiento, con muchas emociones, con mucha activación de la memoria. Los muchos viajes, entonces interminables por el estado de las carreteras, me permitieron conocer como la palma de la mano el paisaje y los pueblos del trayecto.

Entonces el viaje nos llevaba a comenzar de nuevo las clases, esta mañana no volvíamos a la escuela, pero de una forma indirecta se iba a asomar de vez en cuando en nuestras andanzas.

Los viajes conllevan grandes dosis de aprendizaje, una forma de adquirir conocimientos empapándote sin querer de la cultura, del paisaje, de las gentes por donde pasas, también con ellos repasas y comparas, ves cómo el paso del tiempo todo lo cambia, nada permanece igual.

Así fue cómo vagueando, vagueando, comenzamos bajando el puerto de Perales, que desgraciadamente solo conserva el nombre, pues los incendios han arrasado el impresionante bosque por donde serpenteaba una carretera ondulada y parcheada hasta no saber qué parte era la original y cuál la remendada. En Perales del Puerto, circular sorteando las numerosas curvas paralelas a los cursos  de la Rivera de Acebo y el arroyo Fresnedoso  se convertía en un viaje a ninguna parte, con el fondo de la carretera siempre oculta  tras los traspantojos de  jaras.

Afortunadamente Extremadura y Andalucía se han dotado estos años de una red de carreteras muy notable, permitiendo devorar kilómetros con gran rapidez y comodidad. He de hacer grandes esfuerzos para componer un puzle de pueblos que ahora la autovía deja de lado, pero que siguen estando ahí. Hace años, se cruzaban de punta a punta, en medio de tractores, caballerías, motos estridentes, olores a mosto, aceite y  alpechín, a bares de chateo con sus clientes a la puerta, que siempre parecían los mismos, pasases cuando pasases.

A pesar de las nuevas carreteras, Córdoba desde Zafra sigue estando lejana, eso si, cada vez está menos sola, que de ello se encargan especialmente los japoneses. A pesar del frenazo en nuestro transitar, merece la pena recorrer la N-432 ahora en primavera, entre encinares centenarios, con el suelo recubierto por una pradera de un verde inmenso. Al cruzar el  Bembézar y el Zújar, se activó mi escuela memorística donde aprendíamos de corrido los afluentes, algunos insignificantes, pues apenas llevan agua,  comarcas y pueblos a los que siempre soñaba viajar. Fuenteovejuna, Peñarroya- Pueblo Nuevo compitió con Ciudad Rodrigo en Un Pueblo para Europa, las caras de Bélmez…un repaso,  recuerdos de una escuela alejada del entorno.

Los olivares van ocultando a los encinares, Córdoba la llana como la bautizó Machado, aparece en la vega del Guadalquivir. ¿Qué te han hecho Guadalquivir para que no lleves agua clara nunca? Tú Guadalquivir, portador de tanta vida y riqueza, ¿cómo es posible que  traten tan mal tus aguas cristalinas procedentes de Cazorla?

Córdoba está radiante de azahar, mezclado aún con las naranjas amargas –curiosa incongruencia-de la anterior cosecha, derrocha olor y color, llevándote en volandas por sus calles y plazas.

Cogiendo la autovía de Málaga, los olivares se hacen dueños del paisaje hasta donde la vista alcanza. Los inmensos pueblos blancos, junto con los cortijos, rompen la monotonía, cumpliendo los versos del poeta: “campo, campo, campo entre los olivos los cortijos blancos”. También a la altura de Montilla, la inmensidad del olivar se ve rota por numerosos “campitos”, pequeñas parcelas familiares donde han construido un pequeño merendero aprovechando el pozo, que a la vez le permite cultivar su huerto.

Negros nubarrones avanzan desde el este, vienen cargados con abundante agua que comienzan a descargar cuando al fin alcanzamos el Torcal de Antequera. Precioso espacio natural situado en lo más alto de la extensa sierra malagueña, donde las lluvias – muy abundantes en Andalucía, a pesar de lo que fuera de ella se piensa- han realizado un trabajo erosivo con resultados espectaculares.

Recuerdo que más de una vez, los negros nubarrones de tormenta descargaban tanta agua en Sevilla, que teníamos que salir antes de la escuela para evitar situaciones peligrosas. Salamanca sí qué es un desierto, apenas caen cuatro gotas, viene un viento frío que disipa las nubes.

Dejamos atrás la fértil vega de Antequera, la laguna de Fuente de Piedra, donde nos quedamos con la miel en los labios, viendo los flamencos en la lejanía, como palos rosas pinchados en el agua.

La bajada a Málaga discurre por el valle trazado por el río Guadalmedina, autovía con curvas, que no permite grandes velocidades, disfrutando de un paisaje con enorme variedad, tapizado en estas fechas de un verdadero jardín natural.

La Costa del Sol, nos recibe con un sol apagado, rendido ante la fuerte borrasca que ha entrado por el Mediterráneo. Sorprende su cambio, las casas, urbanizaciones, hoteles, carreteras, autovías abarrotadas de coches se han adueñado de kilómetros de costa, devorando el paisaje. Vayas hacia el este o el oeste, parece que te mueves en la misma ciudad, una ciudad clonada por edificaciones pensadas para el descanso, con esqueletos, monumentos antiestéticos, herencia de la crisis, con vistas a un mar Mediterráneo, a veces demasiado lejano.

Hay que pararse y visitar los centros de los pueblos para saborear la belleza de muchos de ellos que nada tienen que ver con los añadidos que le han ido poniendo. Los centros comerciales, restaurantes de comida rápida y muy especialmente los campos de golf compiten por ser las señas de identidad de una costa a la que han quitado mucho encanto del que tenía hace 40 años.

Para encanto los pueblos blancos colgados en las laderas de las sierras de Las Nieves, Almijara, Tejeda, Alhama,  la Axarquía y también Málaga que ha sufrido una espectacular transformación positiva, no solo en el exterior sino también en su contenido.

Picasso, su paisano más universal, inició la gran revolución cultural-museística, al que han seguido numerosas iniciativas, dotando a la ciudad de un circuitos de museos de calidad, siendo ahora una de sus principales señas de identidad.

No entiendo los viajes sin patear y caminar las ciudades, pueblos, paisajes  que visitas, empapándote del día a día, de la vida que late en sus calles y plazas. Nos ofreció Málaga unas condiciones especiales para ello, una temperatura ideal, unos parques y jardines rebosando ya la primavera anticipada, jazmines y buganvillas en flor, cotorras cotorreando, pueblos enjalbegados hasta los más alejados muros, naranjos y limoneros soltando azahar para que los viajeros lo esnifen gratis. Y como siempre sus gentes, con su amabilidad, gracia y simpatía, aquí la vida se mueve más lenta que en el norte, exprimiendo mejor su jugo, buscando siempre el lado alegre.

Y por último el mar, paseos marítimos interminables, con un mar a veces embravecido, un tanto desconocido, con amaneceres y atardeceres de postal, con chiringuitos con olor a pescaíto frito y espeto contrarrestando el lujo de yates y tiendas en las que nadie entra pues son simples museos del lujo compitiendo a ver quién tiene la prenda más cara.

Visitamos varios museos, disfrutamos de la belleza del arte, de su creatividad, originalidad, de su carga expresiva, componiendo escenas para denunciar injusticias o reflexionar sobre los sentimientos humanos, aprendiendo nuevas facetas de Kandiski, recordando a nuestro Celso Lagar, recreándonos con Picasso, museo que repetimos. Magnífico montaje en el centro Pompidou para denunciar la sumisión de las mujeres árabes, arrodilladas, en señal de oración, con su velo. Obra realizada con cartón y papel de aluminio con una gran carga expresiva.

La calle Escuela te lleva a la encantadora plaza de los Naranjos de Marbella, un grupo de escolares se dirigen al Ayuntamiento para realizar una visita. Pienso en cómo habrán maquillado en el edificio la corrupción de Gil y Gil, su amigo Julián Muñoz “El Pescaílla”, Maite Zaldívar. La llegada del buen tiempo, motiva a muchos docentes a sacar la escuela a la calle. Hemos  visto a bastantes grupos en museos, en Fuente de Piedra, en la Alcazaba, la mayoría de centros concertados, con uniforme, atendidos por expertos monitores, donde siempre atendía una minoría y la mayoría se entretenía pinchando y molestando a su vecino. `¡Qué distinto es ver los toros desde la barrera!

Callejeando fuera de la alfombra roja, Málaga esos días celebraba su festival de cine, donde actores y actrices se exhiben ante el público, uno se topa con una realidad bien distinta, donde aún queda mucho que hacer, para que todos los malagueños puedan ser actores en las mismas condiciones.

Al regresar paramos en nuestra querida Sevilla, donde confirmamos la teoría, la carretera de Su Eminencia, las tres Mil Viviendas, siguen igual de reconocibles que hace 37 años cuando llegué por primera vez a Sevilla. En cambio el centro no deja de transformarse de ponerse cada vez más guapo como dicen los sevillanos. Disfrutamos cantidad por el recorrido que nos preparó, actuando de cicerone, Julia, nuestra amiga del alma.

Poniendo así el broche de oro a un viaje maravilloso, cargado de recuerdos.

 

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3 comentarios en “RECORDANDO Y APRENDIENDO EN EL SUR (Un viaje por Andalucía)

  1. Manuel López

    “… viendo los flamencos en la lejanía, como palos rosas pinchados en el agua…”, ¡¡qué buen título para una entrada “pajarera” en el blogggg!! ¡Y qué buen viaje os habéis marcado.., pájaro, siguiendo con los símiles alados!

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