CASTELO MENDO, DONDE LOS RELOJES NO MARCAN LAS HORAS

CASTELO MENDO, DONDE LOS RELOJES NO MARCAN LAS HORAS

Desde Vilar Formoso,se puede llegar hasta Castelo Mendo por la vía rápida o utilizando la vía lenta. Por la primera transitan aquellos que sus relojes le marcan las horas puntualmente, siendo su tiempo siempre limitado. La vía lenta discurre por la antigua carretera que hace años recorrerla se convertía en un viaje interminable.

Aunque ha mejorado bastante, conserva su viejo trazado de curvas y más curvas, que no permiten alegrías de velocidad. En cambio sí que permite alegrías emocionales, al poder disfrutar pausadamente del paisaje, del impresionante valle del Coa, al que se le ha añadido el espectacular acueducto por donde pasan los vehículos a grandes velocidades. Los pocos que que utilizamos esta carretera aquella mañana de mayo, con un cielo azul espectacular éramos viajeros con el tiempo enlentecido, autocaravanas, salvo algún repartidor desesperado por adelantar en una carretera con muy pocas opciones para ello.

Al dejar la carretera principal, pronto te sorprende la vista de Castelo Mendo, levantado sobre una pequeña colina, sus casas reformadas, de tejados nuevos de color rojizo, asemejan las uvas de un gran racimo.A falta de gente, nos reciben unas cabras con sus chivos a la puerta de entrada. Las cabras con llevan atadas una pata delantera con una trasera, con el fin de que controlar sus andaduras, esto me recuerda que en mi infancia se le hacía a aquellos animales con conductas difíciles. Estaba claro que llegábamos a un pueblo donde el tiempo quedó  en “stand by” hace mucho.

Dominando la colina, mirando hacia el valle del Coa, el pueblo está rodeado de colinas tapizadas por encinas y alcornoques. Traspasada la muralla, sorprende gratamente la restauración y conservación del pueblo, respetando su arquitectura, dominada por el granito. A pesar de de la poca distancia que separan los pueblos a ambos lados de la raya, las diferencias entre los pueblos españoles y portugueses son muchas, entre ellas destacan el blanco de sus paredes,, la conservación y las flores que adornan casas y calles. Desgraciadamente les une la falta de personas que habiten en ellos.

Habitantes sí que debió tener el pueblo tiempos atrás, a juzgar por las casas y especialmente por las iglesias. Sus casas a las que se accede mediante una escalinata que lleva al porche de entrada, tienen sus ventanas con su cerco perfectamente encalado, sus números todos iguales. El impresionante rollo de la plaza y sus iglesias, junto con sus callejuelas, dan juego para hacer una visita interesante por su pequeño casco histórico.

En la parte alta, las ruinas de las murallas, permiten otro paseo con buenas vistas del valle y los altozanos. El Jálama ofrece una vista distinta, al cono familiar le ha salido una protuberancia: el nuevo camino que este verano descubrimos.

No hay tiendas, ni servicios, un bar que debe funcionar los días de guardia, por lo que los pocos vecinos se las apañarán con las furgonetas ambulantes o viajando a otros pueblos más grandes. En estas condiciones es difícil que la gente se quede a vivir en los pueblos, a pesar de su belleza, de que Mario Soares, siendo presidente de la República vino a visitarlo.

Un camino muy bien señalizado, nos llevó hasta el río Coa. Discurre entre huertos, algunos muy bien atendidos, donde vimos a un vecino con muchas cosechas a sus espaldas, preparando el terreno para la siembra de una nueva. Al terminar los huertos, las encinas y alcornoques se adueñan del paisaje, poco a poco,el pueblo se va alejando ofreciendo una bella vista al fondo del valle, con sus casas blancas de tejados rojos.Las ruinas de un antiguo convento, con su abandonada huerta, nos indican la proximidad de la pequeña vega, fértil en su día, hoy matorrales y zarzas campean a sus anchas.

No lleva mucha agua el Coa, pero son aguas cristalinas, que al pasar entre canatos rodados provocan corrientes y murmullos, que hacen la meta del camino un trofeo espléndido. Es el río de los grabados prehistóricos, un río que nace muy cerca del Águeda y que quiso hacer otro camino, para luego unirse de nuevo a él.Contemplando el valle, pienso que debió suponer un plus de inspiración a aquellos pioneros del arte, que dejaron su obra en las rocas de su orilla.

 

Anuncios

Un comentario en “CASTELO MENDO, DONDE LOS RELOJES NO MARCAN LAS HORAS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s