EL 15J

En 1977 habría sido el 15 de junio, pero las tecnologías, esa maquinaria devoradora de palabras y letras, ha quedado la fecha de la efemérides de las primeras elecciones, reducida a la mínima expresión. Han pasado 40 años, ¡se dice pronto! Poco o mucho, depende del color con que se mire, para bien o para mal, han sido años que han dado mucho juego en la historia personal de muchos de los que nacimos en la década de los cincuenta.

Recuerdo con bastante claridad aquel 15 de junio de 1977. No hacía mucho que había terminado la mili, poniendo punto final a una de mis experiencias más negativas. Catorce meses de pura efervescencia política en un Madrid completamente tomado por extremistas de ambos lados.

La convocatoria de las primeras elecciones generales, bajó unos puntos la tensión, pues la campaña electoral y especialmente los mítines, permitieron cierto desfogue. Habían sido demasiados años sin participación política, demasiada violencia, demasiada ilusión puesta en esa fecha mágica, a la que muchos tertulianos llevan días dedicándole muchos minutos mareando la perdiz.

Los más jóvenes estábamos envueltos en una nube, llenos de esperanza, de ilusiones de cambio. Los mayores tenían sus miedos, avivados por los partidos que preferían que todo siguiese igual, siempre con el recuerdo negativo del 36.

Fui nombrado presidente suplente de una de las mesas electores del Arrabal del Puente. Acudí puntual a la cita aquella mañana. El presidente titular era mi antiguo profesor de “Historia memorística”. Se constituyó la mesa con gran solemnidad, cumplimiento a rajatabla toda la normativa de la Junta Electoral, en ella constaba que los suplentes debían estar localizados en todo momento. Al no tener teléfono, implicaba que debía quedarme en las escuelas. Tuve suerte, me examinaba de oposiciones la semana siguiente y mi antiguo profesor se apiadó de mí, dejándome marchar a la huerta, eso sí, haciendo acto de presencia un par de veces y estar en el escrutinio.

Escrutinio, que como no podía ser de otra manera, me hizo bajar de las nubes, aterrizando para ver que por el arrabal y las huertas, eso del cambio político no le había convencido, quedando las cosas más o menos como estaban. Al ser seguidor del atleti, comprendí pronto aquella noche, que debía acostumbrarme a convivir también en la política con las derrotas.

Por supuesto que llegaron vientos del cambio con distintas intensidades y direcciones, llevando a España a integrarse en Europa, rompiendo su aislamiento. También en estos cuarenta años, hemos ido perdiendo por el camino dosis de sentido común, que han traído consigo nuevos problemas, nuevas situaciones, que son difíciles de entender desde aquella óptica lejana del 15J. Antonio Muñoz Molina se refería a ello en su blog, al publicar El País la noticia de la declaración de amor de Bigote Arrocet a María Teresa Campos.

La semana siguiente tuve el examen, arriesgué echando mano del 15J para desarrollar la problemática del siglo XIX en España. Al tribunal le debió sorprender positivamente. Fue el 15J una clase práctica de historia.

15J
Propaganda institucional de las elecciones

 

 

 

 

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