ALBARRACÍN, ESCONDIDO TRAS LA SIERRA

Para llegar hasta Albarracín los que vivimos en la raya de Portugal, hay que vivir  una larga aventura, llena de pueblos, ciudades y especialmente kilómetros. Se vaya por donde se vaya, se haga caso o no al señor Google, acercarse a su escondite supone una decisión cargada de voluntad y constancia. Afortunadamente, el pueblo y su entorno no defraudan, haciendo olvidar pronto las horas de viaje.

Es el Sistema Ibérico una barrera natural que yendo del oeste te complica la marcha en línea recta, por ello hay que rodearla bien por el norte o por el sur, buscando vías de comunicación que garanticen un mínimo de rapidez, cosa que no lo permiten las que van en línea recta. Y con todo ello, hay que cruzar Madrid ,la gran barrera artificial, que depende de tantos factores, que siempre que la cuzas alguno te toca, añadiendo un plus de tiempo extra a tu viaje.

Llegamos por primera vez a Albarracín hace casi 40 años. Habíamos terminado la Escuela de Verano en Ávila, por lo que estábamos empapados de aquella pedagogía fresca e innovadora que aportaban aquellos encuentros de educadores que bebíamos de fuentes parecidas, suministrándonos un especial combustible para caminar por la senda educativa con ganas e ilusión. Si ahora, el viaje ha sido una eternidad, entonces viajar con el 127 por carreteras donde las rectas estaban prohibidas y los baches competían mano a mano  con las curvas, constituyó un viaje interminable. Íbamos camino de Italia, visitar estas tierras estaban dentro de los “yaques” que siempre me atrapan a la hora de programar un viaje.

Era Albarracín un pequeño pueblo perdido en su serranía, muy auténtico, lleno de detalles campesinos en cualquier esquina, tan sólo conocido por el nacimiento del Tajo –siempre de forma memorística- En aquellos años, aún no se notaba en los pueblos el impulso democrático que llevaría a mitigar tantas necesidades de los pueblos rurales. Enclavado dentro de una comarca olvidada, escondida, desconocida, pero no por ello maravillosa.

Impresionan los pueblos de esta zona, tan perfectamente mimetizados con el paisaje, paisaje a veces demasiado austero, pero sobrecogedor. La carretera te conduce al pueblo por un callejón de barrancos rojizos, con el río Guadalaviar de guía a la izquierda y los enebros, sabinas y buitres en las alturas.  Al final, en lo más alto de los cerros, se levanta majestuoso un pueblo que parece de cuento, de Eurodisney, desde que se clona todo de forma artificial.

Entonces, su autenticidad se debía a la ausencia de turismo, ésta no demandaba negocios que hoy día se han multiplicado exponencialmente, eso sí respetando bastante bien el trazado y la arquitectura. Hasta el poderoso y omnipresente banco de Santander ha tenido que adaptar su logo.

No disponía de camping, por lo que acampamos a la orilla del río, hoy transformada en aparcamiento de cemento, un rebaño de ovejas nos despertó con sus esquilas, avisándonos que era importante madrugar para evitar los calores que azotan el pueblo en el verano. Tuvimos que dejar paso a ovejas, carros, caballerías, caminando por las callejuelas estrechas, en esta visita eran los coches los que te echaban hacia puertas y escalinatas en su increíble y desubicado recorrido por el pueblo.

Pueblo árabe, con un trazado espectacular aprovechando la curva del río, orientado al suroeste. Buena forma de luchar contra el calor, juntando los aleros de las casas para que el sol no pueda penetrar, siendo una delicia pasear por las calles con sombra. Las casas revocadas con yeso de tonos parecidos –aunque siempre hay excepciones- le dan un toque de gran belleza, llevándote a veces a dudar de que sean auténticas o sean parte de un gran escenario.

El castillo y las enormes murallas protegerían las empinadas laderas del ataque enemigo con bastantes garantías de éxito, esa mañana afortunadamente no conseguían evitar la entrada de las nubes blancas de algodón que sobre un cielo azul dibujaban bellas estampas desde el mirador de la catedral.

En aquel viaje, visitamos el Monasterio de Piedra, antes de recorrer gran parte de Italia, ello nos permitió valorar más nuestros pueblos, paisajes,..a veces no tan conocidos pero que están a la altura de cualquier ciudad a la que los intereses económicos se encargan de promocionar hasta la saciedad. En este viaje íbamos camino del delta del Ebro, muchos han sido los lugares que nos han sorprendido, la mayoría alejados de las grandes aglomeraciones, pero ha sido el parque natural Els Ports en Tarragona el que nos ha llamado especialmente la atención, siendo un perfecto desconocido, guardando como guarda un tesoro paisajístico.

Este peaje también está incluido en los viajes personalizados, pero no en los programados, compensando siempre con creces el esfuerzo.

LA RUTA DEL CONTRABANDO: CAMINANDO POR LA RAYA

Está Navasfrías situado en el vértice de ese triángulo caprichoso que trazaron los geógrafos al delimitar las provincias. Con razón es el pueblo más alejado de la capital, 140 km, prácticamente la diagonal del polígono irregular que es la provincia de Salamanca.

Llegar hoy desde Ciudad Rodrigo, es un paseo que nada tiene que ver con aquella carretera llena de curvas invadida por los robles. Pasando Casillas de Flores, a pesar de la especial sequía que estamos sufriendo, se nota que nos acercamos a uno de los pueblos de España donde más llueve. Las orillas del Águeda, muestran de vez en cuando pequeños prados de hierba verde, transmitiendo una sensación de frescor, que nos hace olvidar el pasto ya agostado que hemos ido dejando atrás.

Da alegría llegar a un pueblo, donde aún se mantienen productivos gran cantidad de huertos y huertas, las patatas uno de sus cultivos estrella están en su apogeo, si el agua no se acaba y las respetan las tormentas, se augura buena cosecha.

Teníamos como objetivo de la ruta llegar hasta el nacimiento del río Coa en Portugal. Es normal que con tantas precipitaciones, estas tierras den origen a dos ríos que curiosamente se unen poco antes de desembocar el Águeda en el Duero.

Hay una vegetación exuberante rodeando el pueblo formada por robles y castaños centenarios, que han transformado los caminos en auténticos túneles vegetales, por lo que caminar a primeras horas de la mañana es una sensación muy agradable. De vez en cuando, prados cercados unos con pasto aún verde, otros ya secos después de haber sido guadañados, unos con vacas, otros sin ningún tipo de presencia animal.

Hemos tomado uno de los numerosos ramales que debe tener la ruta de los contrabandistas, aunque quizás entonces hubiera uno por el que se comercializaba con mayor intensidad. Subiendo hacia lo alto para coger el camino que se dirige a las minas, reflexionaba sobre lo que debió suponer el contrabando

Siempre ha existido en el alma humana un espacio para coquetear con la trampa, con el engaño, unos más que otros, pero a veces invadir los límites de la legalidad produce unos niveles de adrenalina que superan las posibles ganancias económicas que pueda aportar la trampa.

Sí que es cierto, que a veces las necesidades son tan grandes que no hay más remedio que superar esas barreras para poder sobrevivir, y esto es lo que les pasaba a muchos portugueses y españoles que en los años 50 y 60 cruzaban la frontera para comprar y vender, principalmente café y tabaco, de forma irregular.

Los contrabandistas, escribían día  a día páginas llenas de autenticidad, por estos tortuosos y oscuros caminos, arriesgando sus vidas para ganar un puñado de monedas y así poder sobrevivir.

Desde esta ruta, los contrabandistas se dirigían a los distintos pueblos de la zona, donde tendrían sus correspondientes enlaces para conseguir la distribución de la mercancía, sorteando a la guardia civil.

La ruta los contrabandistas en Ciudad Rodrigo empezaba en el Teso de María de la O, en aquella época completamente pelado, pues se sembraba de trigo, dónde sólo pequeñas carrascas, retamas o montones de gorrones podían servirles de baluartes defensivos. Superada la bajada de la ladera este del teso, se adentraban en las enormes zarzas que delimitaban el canal de riego de las huertas, si conseguían esquivar a los guardias civiles, bajarían a toda pastilla por la raya de Pedrotello para meterse en el regato del Bodón, en aquellos años estaba cubierto por una auténtica bóveda de sauces, mimbreras, chopos, zarzas, que lo convertían en un espacio natural casi inexpugnable. Allí permanecían escondidos dentro del agua con su saco de café o tabaco a la espalda, esperando la noche o el momento que consideraban propicio, para dar el asalto a la última etapa, llegar regato abajo hasta el pueblo contactando con sus emisarios y así entregar su tesoro.

Recuerdo más una vez cómo en medio del charco del regato, a las puertas de la meta, terminaba su aventura, los guardias civiles empleándose muy a fondo, los detenían, a veces ateridos de frío, a veces sin su botín, que habían conseguido ocultar antes de que llegasen los civiles.

Con esta reflexión, la invasión de mariposas de todos los colores y los helechos de un verde intenso que de vez en cuando nos ayudaban a espantar los mosquitos, alcanzamos el tramo más largo de la ruta de los contrabandistas. Ella nos llevará en un abrir y cerrar de ojos a Portugal, los molinos eólicos portugueses marcan frontera, en esta parte todo se quedó en las promesas de IBERTROLA que el viento se llevó,  como constaba en los muchos panfletos que se repartieron por la zona.

Cambia el paisaje portugués, la repoblación es un ejercicio en el que los portugueses sacan buena nota,  las  laderas por el fuego abrasadas, pronto se decoran con bancales con sus pequeños plantones. Es de llegada fácil el nacimiento del Coa, con pista asfaltada incluida, quizás por ello desilusiona un poco más. A veces viajar incluye el ejercicio de la imaginación, esta mañana debimos practicarlo y rebuscar en la ladera de la sierra de la Mesa, para encontrar un pequeño charco de agua donde arranca el viaje del río. Entre tanto buscar encontramos al primer gran habitante de su ecosistema, lo va a pasar mal este verano.

Arranca el río valle abajo en busca de su primer pueblo. Es Foios un pueblo blanco de tejas rojas sobre un escenario verde, como una gran mayoría de pueblos portugueses, donde sus flores le dan una alegría que no tiene los pueblos del otro lado de la Raya. A pesar de ello, tampoco han conseguido que se fije población. Pronto en las rutas habrá que señalar la presencia humana como ahora se ponen fotos.

Dejamos para otra ocasión acercarnos al pueblo, que divisamos desde la carretera con la sierra de la Estrella al fondo, un impresionante bosque de abetos hace más llevadero el camino asfaltado. La gran generosidad de los portugueses se demuestra en un gran cartel, donde anuncia una serie de pueblos del Rebollar que conviene visitar, entre ellos Robleda, para satisfacción de Chema.

Cogemos una carretera por la que los viajeros más importantes son las zarzas que avanzan como culebras hacia la mediana, el fin del asfalto anuncia la entrada de nuevo en España, esta España tan nuestra, que hasta en los caminos marca diferencia.

Bajamos por una pista un tanto antipática, con eucaliptos incluidos, deseando alcanzar de nuevo el camino, el Jálama muestra su peor cara, con una ladera estirada al máximo que lo desfigura por completo, las lagartijas autóctonas se paran a observarnos, en el cielo azul los milanos activan su GPS . El de Chema ha funcionado a la perfección haciendo una ruta circular entre bosques de robles, pinos, castaños, abetos, sin dudar, a pesar de la complejidad de caminos y pistas forestales.

Llegamos al coche cuando el sol comenzaba a atizar, nos recibió una vecina muy amante de su pueblo, celebró que hubiéramos realizado la ruta, era una mujer entusiasmada con la comarca, dedicada a la comercialización de los productos que crían estos bosques. Quizás hayan sido los mejores sustitutos económicos del contrabando, que al igual que él deben viajar, siendo perfectos embajadores de esta comarca del Rebollar, tan alejada, pero tan hermosa.

 

 

 

 

 

 

APRENDER

Escuchaba la radio camino de Zamora, donde debía enfrentarme a un examen de psicología del aprendizaje. Muchas teorías y ensayos con animales para intentar despejar los caminos del aprendizaje, la mayoría de ellos confusos y llenos de obstáculos.

De repente, una noticia actúa como estímulo reforzador del aprendizaje. Un guionista de la serie El Ministerio del Tiempo, homenajea a su antiguo profesor de dibujo del instituto, colándolo en el capítulo del día anterior. La gran personalidad y carisma de Victorino, que así se llama el profesor, hace fácil relacionarlo en la serie. A partir de ahí, las redes sociales hacen el resto.

Gemma Nierga consiguió poner en contacto a través de las ondas a alumno y profesor. Es Victorino una persona que no te deja indiferente, comprometido con la educación, la cultura, con un gran compromiso social defendiendo el entorno salmantino ante la sinrazón de la mina de uranio de Retortillo.

Fue emocionante la conversación que mantuvieron los dos. Un profesor alejado de las estrictas normas académicas, que echando muchas horas de su tiempo enganchaba a los alumnos, realizando actividades con grandes dosis motivadoras, especialmente conectadas con el desarrollo personal de los alumnos. Se notaba en el ex alumno, como después de 20 años hablaba de su profesor con un cariño especial, habiéndole dejado una huella muy positiva.

Casi igual que mis profesores de Psicología. Reconozco que no he dedicado todo el tiempo que requiere preparar una asignatura de la UNED, pero hay que hacer esfuerzos tan grandes para encontrar pequeñas motivaciones para digerir sus contenidos, que a veces renuncias,  te abandonas en el estudio y se bloquea el aprendizaje.

Es el aprendizaje una herramienta que nos permite predecir la adquisición, el mantenimiento y el cambio en la conducta como resultado de la experiencia, llevándonos a conseguir una mejor adaptación a nuestras circunstancias ambientales.

Por muchas teorías que tengamos, tanto viejas como nuevas, si desde el entorno del educador no se crea un espacio capaz de sorprender, de asombrar, al que quiere aprender, es difícil adquirir conocimientos, habilidades, destrezas. Como mucho se pueden memorizar contenidos que te llevan a adquirir un determinado título que te puede llevar a conseguir un puesto de trabajo, pero no te permitirá sacarte el carnet para circular por la vida con garantía para conseguir una buena adaptación.

Quizás, sean las redes sociales el mayor exponente sorpresivo que tengan ahora los docentes, pero de momento, están lejos de poderse canalizar positivamente, al contrario, se están convirtiendo en  un nuevo enemigo al que combatir.

Estamos a final de junio, salen estos días de los centros educativos riadas de alumnos y padres con los boletines de notas. Por lo general, tan solo reflejan datos numéricos, de una gran frialdad, lo que la sociedad cada vez demanda más: cifras y más cifras. ¡Qué poco importan las actitudes de los alumnos!

Es por tanto esta recogida de la cosecha un poco incompleta. Una vez más, la dictadura de las editoriales, con el consentimiento de la administración educativa, hacen del aprendizaje una tarea ardua, poco motivadora, donde los ejercicios repetitivos, los deberes, los contenidos, dejan poco espacio para desarrollar otras actividades más creativas y motivadoras.

Siempre hay maestros como Victorino que saliéndose de la norma, utilizan estrategias más atractivas para conseguir un aprendizaje más duradero. Como maestro, siempre ante la llegada del final de curso, me importaba la evaluación de los alumnos, aquello que le había sorprendido, motivado, qué había quedado de ti cómo maestro y persona en la mente de un niño, aquellos aprendizajes afianzados a través de actividades impactantes, llámense salidas al campo, visitas, creación literaria y artística, investigación… resisten mejor el embiste del largo y motivador verano.

He terminado hoy mis clases del taller de escritura y creatividad, clases que todos los días desbordan grandes dosis de motivación, creando entre maestro y alumnos un espacio adecuado para que todos aprendamos de todos. Gracias maestro Raúl Vacas por ser el contrapunto de mis otros estudios de Psicología.

Decía mi padre: ¡qué  bonito que es aprender! Sería éste, uno de los primeros principios que debieran tener en cuenta los que se vayan a dedicar a esta maravillosa profesión que es EDUCAR.

 

FUENTES Y CAÑOS:CON EL CALOR SE LES ECHA MÁS DE MENOS

Muchos son los cambios que ha ido experimentando la ciudad con el fin de ir adaptándose  a los nuevos tiempos. Calles de tierra con charcos donde la lluvia hacía gorgoritos, calles empedradas con piedras sueltas que valían para todo, desagües a nivel del suelo que vertían directamente a la calle, caballerías, carros, carretas, tartanas,…poco a poco la ciudad fue perdiendo lo que tenía, ganando a veces demasiado deprisa lo que llegaba como nuevo, a veces sin tiempo para asimilar correctamente tantos cambios.

Una ciudad o pueblo debe responder al sentir de sus gentes, para ello sus equipos de gobierno han de saber combinar muchos parámetros para que convivan la historia y la actualidad sin desentonar demasiado. A veces las respuestas se transformen en aciertos, otras en errores.

Tenía la ciudad una red de fuentes, caños y grifos para refrescar y saciar la sed de los vecinos que,  coincidiendo con la traída del agua del río y la llegada a todas las casas, fueron desapareciendo poco a poco. Estos días de calor se echan de menos aquellos grifos que estratégicamente situados en una plaza o esquina de una calle suponían una agradable sorpresa.

Hace años el agua venía del nacedero de La Ciñuela, situado en la ladera de los tesos  que hay pasado San Giraldo. Aún quedan el acueducto y los paredones, construcciones para sortear los desniveles en su recorrido.   Pocas eran las casas que tenían el privilegio de tener un grifo en su casa, por lo que  era normal que los vecinos cogiesen su cántara de barro y salir a buscar agua a las fuentes, caños y grifos repartidos por  la ciudad.

El agua, manantial de vida, se merece un recordatorio en la ciudad, son de agradecer los paredones y las fuentes de cañería que aún quedan. Recuerdo las colas de mujeres en la de San Cristóbal, que tenía un poco más de caudal que el que ahora tiene, utilizando una caña larga tardaban lo suyo en llenar las cántaras que tapaban con un tapón de corcho, una la subían a la cabeza protegida con un aro de tela y la otra en la cadera.

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EL 15J

En 1977 habría sido el 15 de junio, pero las tecnologías, esa maquinaria devoradora de palabras y letras, ha quedado la fecha de la efemérides de las primeras elecciones, reducida a la mínima expresión. Han pasado 40 años, ¡se dice pronto! Poco o mucho, depende del color con que se mire, para bien o para mal, han sido años que han dado mucho juego en la historia personal de muchos de los que nacimos en la década de los cincuenta.

Recuerdo con bastante claridad aquel 15 de junio de 1977. No hacía mucho que había terminado la mili, poniendo punto final a una de mis experiencias más negativas. Catorce meses de pura efervescencia política en un Madrid completamente tomado por extremistas de ambos lados.

La convocatoria de las primeras elecciones generales, bajó unos puntos la tensión, pues la campaña electoral y especialmente los mítines, permitieron cierto desfogue. Habían sido demasiados años sin participación política, demasiada violencia, demasiada ilusión puesta en esa fecha mágica, a la que muchos tertulianos llevan días dedicándole muchos minutos mareando la perdiz.

Los más jóvenes estábamos envueltos en una nube, llenos de esperanza, de ilusiones de cambio. Los mayores tenían sus miedos, avivados por los partidos que preferían que todo siguiese igual, siempre con el recuerdo negativo del 36.

Fui nombrado presidente suplente de una de las mesas electores del Arrabal del Puente. Acudí puntual a la cita aquella mañana. El presidente titular era mi antiguo profesor de “Historia memorística”. Se constituyó la mesa con gran solemnidad, cumplimiento a rajatabla toda la normativa de la Junta Electoral, en ella constaba que los suplentes debían estar localizados en todo momento. Al no tener teléfono, implicaba que debía quedarme en las escuelas. Tuve suerte, me examinaba de oposiciones la semana siguiente y mi antiguo profesor se apiadó de mí, dejándome marchar a la huerta, eso sí, haciendo acto de presencia un par de veces y estar en el escrutinio.

Escrutinio, que como no podía ser de otra manera, me hizo bajar de las nubes, aterrizando para ver que por el arrabal y las huertas, eso del cambio político no le había convencido, quedando las cosas más o menos como estaban. Al ser seguidor del atleti, comprendí pronto aquella noche, que debía acostumbrarme a convivir también en la política con las derrotas.

Por supuesto que llegaron vientos del cambio con distintas intensidades y direcciones, llevando a España a integrarse en Europa, rompiendo su aislamiento. También en estos cuarenta años, hemos ido perdiendo por el camino dosis de sentido común, que han traído consigo nuevos problemas, nuevas situaciones, que son difíciles de entender desde aquella óptica lejana del 15J. Antonio Muñoz Molina se refería a ello en su blog, al publicar El País la noticia de la declaración de amor de Bigote Arrocet a María Teresa Campos.

La semana siguiente tuve el examen, arriesgué echando mano del 15J para desarrollar la problemática del siglo XIX en España. Al tribunal le debió sorprender positivamente. Fue el 15J una clase práctica de historia.

15J
Propaganda institucional de las elecciones

 

 

 

 

NAVEGANDO EN UN MAR DE ENCINAS (A la abuela Mari en el día de su cumpleaños)

Las escasas lluvias de mayo, hacen auténticos milagros en la floración de las plantas. Las agradecidas amapolas, rápidamente marcan su territorio, delimitando claramente las parcelas con sus lindes rojas. Los caminos se tiñen de morado, pequeñas flores diminutas se apresuran a tapizar unos días el espacio que queda entre las roderas de los caminos para hacerse notar.

A ambos lados del camino, los jaramagos pintan de amarillo demasiadas parcelas baldías, donde en algunas, pasta el ganado. Caminando hacia Carpio de Azaba, pensaba que mayo es el mes del rojo y amarillo, la bandera de España  y el morado del pendón de Castilla y León. Banderas que tan solo salen a ondear en las fiestas de los pueblos, de ello daban fe en Carpio, cuyas fiestas se habían celebrado recientemente.

La antigua carretera nacional 620 es una buena vía para ciclistas, cogerla en dirección a Portugal te lleva por una penillanura rota por regatos, la vía, pequeños altozanos de hierba ya amarillenta, devorado ya el verde por la pertinaz sequía.

Llegué a Carpio, puerto de embarque hacia el mar de encinas, que deseaba  surcar como  naufrago a la deriva,  siguiendo la estela de caminos y  roderas por donde se movieron  caminantes, carros y carretas.

Dejando atrás el cementerio, el camino te lleva directamente a perderte y disfrutar de un maravilloso paisaje de fincas recubiertas por encinas centenarias. Aldeanueva, Hincapié, Pascualarina, Martihernando,Las Carboneras, son algunas de las fincas que forman este mar de encinas, que la rivera de Azaba se encarga de que tenga un poco de agua.  Quizás le impresionase en su momento a  Miguel de Unamuno, gran aficionado a pasear entre encinares, dedicándole un precioso poema que empieza con esta estrofa:

En este mar de encinas castellano
los siglos resbalaron con sosiego
lejos de las tormentas de la historia,
lejos del sueño.

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COMBUSTIBLE PARA NUESTRO INTERMINABLE PARTIDO

Desde hace muchos años llevo en mi equipaje una raqueta de tenis. Pasión por este deporte, por esta forma de aliñar los días, a base correr detrás de una pelota.  Pensar, lanzar, golpear la pelota y dirigirla lejos del amigo-enemigo, mandarle un regalo envenenado, ver su carrera, su llegada, esperando su desesperada respuesta, muchas veces imposible de responder.

Vuelta a empezar, la bola vuela de un campo a otro, apenas descansa en el suelo, constantemente transportando energía positiva que lleva al otro lado de la red. Enorme tensión, las piernas siempre preparadas para salir escopetadas hacia donde el cerebro ordena. Visto desde el otro lado de la pista, imposible de llegar, pero se llega, se golpea, se devuelve entre líneas, a veces se falla.

No importa, en un tiempo récord hay que planificar la siguiente estrategia, paralelos, dejadas, un globo ante la subida, un revés ajustado a la red, una volea y un golpe de derecha ganador desde media pista. Tanta variedad, tanta ilusión por ganar el siguiente punto, hacen que el tiempo del partido sea un vendaval que pasa en un abrir  y cerrar de ojos.

A pesar de que en Semana Santa procesioné con Ángel tras la pelota varios días, nuestra competitividad, siempre regada por la amistad, a veces necesita ser engrasada.

Por ello, estuve  en Madrid, en la Caja Mágica  -regalo de mis tres chicas- para aprender de las figuras el manejo de la raqueta, sus estrategias, su colocación, sus trucos, para ver a los maestros. Difícil tarea, después de 40 años jugando, nuestra forma de hacerlo no es fácil de cambiar. Es maravilloso ver en directo cómo dirigen la pelota, cómo la golpean, cómo se colocan, fijando su mirada en una pelota a veces caprichosa que le cuesta remontar el vuelo y otras no sabe frenar su caída.

Conocemos nuestra caja mágica de la carretera de Ivanrey con los ojos cerrados. Muchos madrugones bien empleados, el tren que esporádicamente pasa al fondo, los gallos que cantan, bandadas de  pájaros, los frutales en flor, nada nos despista, sólo el vuelo de la pelota que nos llevará a correr tras ella vaya donde vaya.

Esta es la grandeza de nuestro juego, de nuestro tenis: no dar una pelota por perdida. Quizás poco ortodoxo, después de ver a estos monstruos de la raqueta. Tan sólo somos dos entusiastas del tenis, que hace 40 años comenzaron un partido que no se acaba porque SIEMPRE saben cómo alimentarlo.

Disfrutamos un día maravilloso, compartiendo con  Ángel y Jesús como espectadores, la posibilidad de ver varios partidos en directo. A pesar de que cada vez la tecnología consigue llevar a la pantalla con grandes dosis de detalles todos los deportes, contemplar en directo un partido de tenis es muy distinto, especialmente en las pistas donde los tenistas los tienes al lado y la tierra que salta casi te alcanza la cara.

Después de las clases mágicas, hilvanamos los dos unos partidos espectaculares, teniendo en cuenta la década en la que ya nos hemos metido. Al terminar siempre quedamos relajados, habiendo exprimido la mente y el cuerpo, con la sensación de haber disfrutado a tope un tiempo especial, un partido  que sólo nosotros  sabemos apreciar.

¿Quién gana? Fácil respuesta, ganamos siempre los dos, disfrutando de un juego al que llegamos por cosas del azar, construyendo un sendero por el que además de lanzar la pelota, hemos ido  aumentando nuestra amistad, a ella siempre estará asociado el tenis, deporte que representa metafóricamente la vida, con sus golpes, alegrías, desencantos, victorias, derrotas, esfuerzos, caídas, barreras, idas y venidas,…

Últimamente, tengo la suerte de jugar con Manolo en Salamanca, otro fuera de serie de la raqueta y de la amistad. Intercambiamos golpes, entradas de blog, mientras sobrevuelan las aves que en plena carrera él es capaz de reconocer, disfrutando de la misma filosofía: no dar una pelota por perdida.

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Bautista intenta devolver el regalo de Karlovic