DESDE LA MURALLA

Participé en el mes de septiembre en una jornada que trataba sobre el patrimonio paisajístico y ecológico  que se divisa desde la muralla. Impartida por Juan Carlos Zamarreño, naturalista, escritor, fotógrafo y sobre todo gran conocedor de estas tierras. Fue muy agradable, a pesar de la mañana calurosa, hacer un recorrido, escuchando y viendo las enormes posibilidades paisajísticas de uno de los paseos con mayor encanto que un viajero pueda encontrar.

Cualquier época o momento es bueno para extender la vista sobre el horizonte y empaparse de luz, de color, de contrastes, de amaneceres, puestas de sol, de superlunas, de otoños y primaveras, de montañas y cerros. Y especialmente disfrutar del vuelo de las aves.

Desde que llegaron las cigüeñas a principios de enero, los atardeceres desde la batería ya no son iguales. Desde hace unos días, cuando los rayos del sol se esconden entre las encinas de Aldeanueva, comienza un espectáculo maravilloso. Las cigüeñas que han estado buscando su comida en el campo, inician su regreso hacia su alojamiento nocturno. Poco a poco, el cielo rojo anaranjado es garabateado por las estelas de sus vuelos.

La mayoría de ellas hacen escala en el río, aterrizando suavemente para no salpicar a sus compañeras que llegaron antes. En el humedal que se ha convertido el espacio entre puentes, debido a la poca velocidad de las aguas, permanecen inmóviles, imitando a los flamencos, quizás repostando combustible, contándose los avatares del día, poniendo en común las distintas rutas que han seguido en busca de comida, a juzgar por el sonoro concierto de crotoreo. Cuando la luz empieza a escasear, inician su definitivo vuelo hacia la ciudad, donde tienen ya reservada habitación durante unos meses.

Ordenadamente inician el comienzo de un viaje corto, pero apasionante. La mayoría se dirige hacia los pinos de la plaza del castillo. Imitando el despegue de los aviones, una vez conseguida la altura y su velocidad de crucero, girarán dando vueltas alrededor de su ciudad dormitorio, antes de aterrizar en su correspondiente rama.

Un bello espectáculo, tan cerca, gratis y tan poco disfrutado. Difícil competir con la enorme convocatoria de los toros que la consiguen llenar desde la puerta del Sol a la puerta del Conde, pero también es posible compaginar las dos cosas, ahora que el carnaval terminó y la muralla sigue en su sitio todo el año. Es la naturaleza en estado puro desde una maravillosa atalaya, complemento perfecto al turismo monumental.

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CON MUCHÍSIMA ILUSIÓN

Quizás las fiestas populares se creasen para llevar al pueblo llano dosis de ilusión para poder sobrevivir el resto del año en medio de tantas amarguras. Lleva unas semanas la ciudad envuelta en un auténtico trajín, lleno de actividades encaminadas a tener todo a punto para los días de carnaval. Son días para despertar ilusiones, para poder estar a la altura de la letra de la canción.

Ilusionar en estos tiempos es tarea bastante complicada, incluso tratándose de festejos, nada que ver con la ilusión natural de mi infancia y adolescencia ante la llegada de los carnavales. Se ha pasado de estar esperando todo un año para disfrutar de los carnavales a estar todo un año casi en constante carnaval. Hay muchas peñas que llevan días acondicionando su espacio, su recinto privado donde pasarán la mayor parte del carnaval, refugios que muchos mantendrán durante gran parte del año, por lo que para ellos será difícil diferenciar los días de carnaval del resto del año, pues hacen prácticamente lo mismo. Por eso aumentarla  será una tarea complicada.

Han cambiado tanto los escenarios, que es imposible comparar la realidad actual con la vivida en década de los 60. Entonces, el menor estímulo que estuviese  relacionado con el carnaval, tenía un gran poder ilusionante.

Durante el periodo escolar, mi escuela hogar estaba situada en la calle el Rollo, donde vivía mi abuela. Ese fue el entorno donde se fraguó el nacimiento del Bolsín Taurino. Uno de sus fundadores, mi tío Orencio, tenía la oficina del Bolsín en su casa, por donde teníamos que pasar para subir al piso de mi abuela. ¡Qué alegría ver los primeros maletillas merodear por su casa!

Había tanta sequía festiva, que era fácil ilusionar. En la fila para entrar a escuela, como entonces se decía, rápidamente corrían los mensajes y eso que no teníamos móviles. “Han empezado a poner las agujas”, “han llegado los coches eléctricos”, “ya están las barcas”, “están poniendo la plaza”,…eran regalos envueltos que esperábamos día tras día. A partir de entonces, sacaríamos el carnet de jubilado, para contemplar junto a ellos  a los empleados municipales cómo clavaban puntas y más puntas. Después a probar las agujas jugando a los toros.

Este fin de semana han montado los tablaos de la plaza. Quizás sea uno de los aspectos más emotivos de todo el entramado previo al carnaval. Es un auténtico espectáculo ver cómo en poco tiempo, montones de tablones, tablas, listones, cabrios,.. desordenados,  por arte de magia, como si de un puzle se tratara, comienzan a encajar unos con otros, para dar forma a unas gradas artísticas, muy originales, puro trabajo de artesanía el que hacen los obreros.

Está acompasado el montaje con un sonido armónico de martillos golpeando las puntas. Un concierto muy original, pero con pocos espectadores, pasa desapercibido el trabajo para muchos, especialmente para los jóvenes.

Bastante tienen con montar y acondicionar sus peñas, donde pasarán encerrados la mayor parte del carnaval, protegidos del frío y de la gente. ¡Cómo para salir a la calle con temperaturas bajo cero! Entonces hacía más frío en las casas que en la calle, había que salir a buscar el calor humano.

Es la ilusión un estado previo que permite disfrutar antes de un hecho real, partiendo de una representación basada en la imaginación, siendo especialmente atractiva, verdadero motor para encarar los grandes retos de la vida. Ya lo tuvieron en cuenta al escribir la letra de la Campana Gorda, hay que llegar al carnaval con muchísima ilusión, una suma de sensaciones que te van llevando hasta el viernes, en volandas.

Entonces la ilusión era un don natural, hoy día, como todo cambia, también hay que trabajarla desde la familia, la escuela, es complicado que se adquiera de forma espontánea. Estos días, lo estarán haciendo mis compañeros maestros. Sembrar ilusiones para tratar de evitar que tengan que asumir riesgos el día de mañana para ilusionarse.

Tanto hemos cambiado, casi igual que nuestros queridos maestros y maestras, como para disfrazarse con nosotros. También son normales las novedades que poco a poco se introducen en el carnaval, pero sería importante no dejar perder tradiciones como los tablaos, coger las barreras, rendijas, talanqueras,  pues no en vano, en un tiempo se llamaron Fiestas Tradicionales.

Después la realidad puede deparar sorpresas, que las cosas no sean como esperamos, que los toros no entren el domingo, que tengan menos trapío que el mostrado en las fotos que llevan meses circulando, que el frío y el cansancio hagan mella en el ánimo,…pero ya nadie nos quitará lo disfrutado con las ilusiones que cada uno ha imaginado.

¡Feliz carnaval!

ENERO

Al subir la persiana, se cuela enero tras los cristales del escritorio. El vaho, distorsiona la imagen de las albizias. Al fin, perdieron todas sus hojas, mostrando sus vainas, tan bien ordenadas, que perfectamente han podido pasar por adornos navideños. Colgadas aún de las ramas, se abren cayendo las semillas al césped.

Amanece, en esta mañana atípica de un mes de enero, donde el césped está cubierto por un manto blanco. Varios gorriones y cogujadas muestran su alegría al encontrar comida fácil en una estación que para ellos es de alto riesgo.

El viejo nido, deshilachado por el viento, ha quedado a la intemperie. Desprovistos de hojas los árboles muestran toda su desnudez, quedando su intimidad a expensas de los observadores.

Aparece por la esquina una señora mayor, lleva una bolsa de plástico donde introduce las vainas vacías que va recogiendo. Buen combustible para encender la chimenea. Pienso en las necesidades que sigue pasando mucha gente. Los pájaros, apenas se apartan para dejarla mover por el césped, que va sembrando de pisadas.

Son las heladas, una de las señas de identidad del primer mes del año, el que se expone más que otros, del que todos esperan grandes milagros, que después poco a poco comienzan a esfumarse.

El gimnasio, el inglés, viajes soñados o pendientes, dietas , tantos retos y promesas para un mes con más subidas que bajadas, a pesar, de ser el mes de las rebajas, rebajas diseñadas para subir el consumo.

Sube el paro estacional, la luz, el gas, las comunicaciones los sellos que ya pocos utilizan, el transporte, la cultura…. Suben raquíticamente sueldos y pensiones, por lo cual, el equilibrio presupuestario se resiente nada más empezar el nuevo ejercicio económico.

Ha llenado su bolsa de combustible ecológico, una señora que bien puede ser uno de los muchos mayores a los que cada vez se le atraganta más subir la cuesta de enero.

Ya están las cigüeñas ocupando sus alturas, la nieve hizo acto de presencia en la sierra, el frío se cuela de vez en cuando, necesario para curar el mondongo, el santo subió y volvió a bajar, los políticos no se han enterado de que estamos en enero, su discurso no cambia, podían rebajarlo de tono al menos.

Termina enero entre el bullicio precarnavalero, entre compromisos infantiles para conseguir la paz, con sombras blancas en las encinas, con yemas reventonas en los almendros, con cielos plomizos pintados por el cierzo helador, con borrascas a las  que se  ha olvidado llover, con tardes que se van estirando hacia la primavera, con la primera superluna del año.

¡Aún queda invierno por desollar y subidas que sufrir!.

 

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Nieve en la Hastiala
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Albizias en el parque
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La luna sobrevolando el Arapil Chico

LAUREN RISUEÑO: ENCANTADOR DE EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

Es complicado elegir un hilo para iniciar este relato. Tiene tantos cabos positivos de los que tirando se puede contar una historia, que al final he decidido tirar de uno, del que te lleva a la persona. Muchas son las imágenes guardadas en mi memoria de Lauren Risueño: caminando deprisa de un lado a otro, conversando con la gente desbordando simpatía, con el micrófono cantando con mucho sentimiento, atendiendo a clientes en sus despachos de trabajo, participando en la vida social y cultural del pueblo. Pero si debo elegir una, me quedo con la de encantador de serpientes durante unos carnavales, creo que acertó con su disfraz, tiene mucho que ver con su persona.

Es Lauren Risueño una persona que por donde quiera que vaya, no deja indiferente a nadie, mucho menos si tienes la oportunidad de conversar con él. Comenzamos a hablar hace años en el bar Plaza, donde alrededor de una mesa formaba una tertulia con un abanico de personas de lo más variopinto, uno de ellos era mi padre. Hemos quedado precisamente en el mismo lugar para charlar un rato acerca de lo divino y lo humano.

Quizás lo que más sorprenda de Lauren en las distancias cortas sea su gran humanidad, que derrocha por los cuatro costados, esté donde esté, ejerciendo de encantador de emociones y sentimientos.

Me insiste mucho, que su familia es buena gente, con raíces campesinas, de la finca de Majuelos. Ya su abuelo ejerció su altruismo con vaqueros y pastores que ejercían la trashumancia por estas tierras. Él está orgulloso de llevar consigo esa preciosa herencia de la bondad, que le ha permitido allá donde haya trabajado dejar una impronta personal basada siempre en el trato humano hacia los clientes.

Comenzó su andadura laboral en Correos, oficina en aquellos años muy eficiente administrativamente, pero con demasiada frialdad en sus mostradores. Su gran corazón le llevó a dar un poco de calor humano, ante la gran cantidad de madres que se acercaban para enviar paquetes a sus hijos reclutas en El Ferral, que no sabían rellenar un impreso, allí estaba Lauren para hacerlo. Dejó cartas y paquetes, para organizar la matanza del Matadero CRAMSA en la década de los 60. Nuevamente se puso al lado de los cooperativistas que menos tenían para conseguir no ser siempre los últimos. Una vez más la persona ante todo, con buen talante, intentando ayudar al que lo necesita.

Por último aterrizó en el Banco Hispano Americano, no podía ser otra entidad, pues por aquellos años, gozaba de ser un banco distinto, donde sobresalía el trato humano, por encima de la frialdad de los números. Ejerció de banquero ejemplar, cuando trabajar en la banca conllevaba tener buena dosis de trato personal y sentido común, conocer a los clientes, siempre intentando echar un capote aconsejando las mejores inversiones, los mejores créditos. ¡Qué distinta la banca de ahora! Nada más entrar, una máquina te está esperando, hay   que coger número para que te atienda un empleado presionado por la espada de los objetivos, sin dar tiempo a echar un “parlao”.

Bonita experiencia tuvo como banquero. Logró convencer a su jefe  de que con las herramientas que tenían, no podían competir con las demás entidades para conseguir ahorros de los emigrantes que aquellos años traían dinero a espuertas. Sus ansias de cambio para mejorar, le llevaron hasta Madrid junto con su jefe, imitando a Paco Martínez Soria, donde los máximos responsables accedieron a sus propuestas, logrando a partir de entonces participar en el reparto de la suculenta tarta.

Su voz y sus dotes musicales, las heredó de su madre. De niño la acompañaba a la iglesia, donde pronto su voz y facilidad para el canto no pasó desapercibida, empezando su propia carrera musical. De la generación de Raphael, participó en un concurso musical con él, siendo eliminados los dos.

Muchos conciertos ha dado en su pueblo y los alrededores. Muchas giras, acercándose a las residencias de mayores, donde ejerce por un tiempo de terapeuta emocional, regalándole a los residentes emociones en forma de boleros, pasodobles, rancheras, que a más de uno le lleva a recuperar el sentimiento, las emociones, a despertar. Impresiona ver las caras de los mayores , ese día las residencias se ahorrarán los antidepresivos, somníferos. Quizás sería conveniente potenciar este tipo de actividades, más que la TV, que ejerce un poder adormecedor.

Ser popular significa ser conocido y querido por el pueblo. Reconoce que siente el cariño y afecto de sus paisanos, pero también deja entrever una pizca de amargura, causada por uno de los grandes males sociales: la envidia. Más de una vez, ha echado el freno de mano, dejando  proyectos aparcados por no ser demasiado protagonista. Hay paisanos que con demasiada frecuencia imitan al perro del hortelano.

Estos días están siendo muy ajetreados para Lauren. Su trabajo social se le amontona, lo puedo comprobar durante el tiempo que compartí con él. El sábado había sido San Sebastián, le tocaba disfrutar de una sabrosa resaca. Fundador de la peña Gutemberg, es en esta faceta, donde más se le ensanchan sus pulmones farinatos. De hecho, uno de los días más felices de su vida tiene que ver con su mayordomía de San Sebastián. “Se me caían las lágrimas al escuchar el himno…” Mucho sentimiento de una persona siempre dispuesta a atender al que le reclama algo, aunque solo sea un momento para conversar.

Defiende ante todo a la persona antes que el cargo que ocupa, haciendo una vez más hincapié en la importancia de la bondad. Pone como ejemplo al Director de la Guardia Civil, con quien compartió la fiesta del patrón. Echa de menos el mucho sentido común que hemos ido perdiendo. Preguntado por si había sido tentado para la política, confesó que no, para apostillar que a más de uno le hubiese gustado llevarlo en su lista. “No sería capaz de soportar tanta presión por mi exceso de responsabilidad”.

Le agradezco que haya tenido un tiempo para compartir conmigo aspectos de una vida interesante para mostrar pequeñas pinceladas de una persona vitalista, dinámica, que un día subió a los escenarios para dar vida al santo de Asís, sorprendiéndonos gratamente a todos. Aún le quedan muchos papeles que representar en el gran escenario de la vida, a pesar de que reconoce que le va costando cada vez más bajar del desván su equipo de megafonía para empezar sus giras.

Pero seguirá haciéndolo, pude comprobarlo personalmente, la letra de uno de sus boleros preferidos  “Si me dices ven, lo dejo todo…” Lauren la pone en práctica, en cuanto alguien, y seguro que somos muchos, llamamos a su puerta.

Sigue ejerciendo de encantador, tus paisanos te lo agradecerán. Gracias

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Lauren durante la entrevista
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Actuando en la Residencia Obispo Téllez

DE LAS COCHERAS A LAS ESTACIONES DE AUTOBUSES

 

Siempre he mantenido que la velocidad de movimiento de las gentes que pasan por una estación de autobuses, es directamente proporcional al número de habitantes que la ciudad tiene. Y añadiría más, la iluminación, los servicios, las prestaciones, van decayendo a medida que la localidad pierde vecinos. Teoría que pude comprobar una mañana en la estación de Salamanca. También en Ciudad Rodrigo, ciudad tranquila, donde con el paso del tiempo dicha tranquilidad se está convirtiendo quizás en una carga.

Nada que ver con Madrid Sur, donde las luces de letreros, escaleras, andenes, restaurantes, cafeterías, altavoces, buscar la escalera del metro..te ponen enseguida a velocidades de vértigo, nada más bajarte del autobús. Pero por supuesto nada que ver con la estación de Ciudad Rodrigo, desangelada hasta en el verano, transmitiendo una sensación de soledad y abandono. Después de todo, afortunados los pueblos que aún tienen estaciones, no como otros que sus vecinos han de esperar en la orilla de la cuneta. Por último, quedan aquellos  por los que los autobuses pasan de largo.

Me había acercado a la estación a esperar el autobús que  llegaba de Ciudad Rodrigo, siempre es emocionante recibir a personas queridas. Llegó con bastante puntualidad, otra cosa fue su desalojo. Traía el conductor una importante suma de años, que a la hora de salir de habitáculos no muy aptos para personas mayores, es muy complejo. Primero ponerse de pie y estirarse después de hora y pico empaquetados en su asiento, coger sus bolsas, bastones, paraguas, acceder al pasillo, dirigirse hasta la salida, para más INRI con escaleras repentinas. En este tiempo, ponerse el abrigo, el gorro, los guantes, la bufanda muchos deberes para gente mayor, además con prisas.

Lentamente, empezaron a salir viajeros, todos mayores, excepto un joven que respiró hondo al conseguir pisar el andén y emprender su carrera. El conductor, quizás porque tuviese que regresar de nuevo, se le veía cada vez más nervioso. El patriarca del viaje, que le había costado un triunfo bajar la escalerilla, se lanzó lo más rápido que pudo hacia la salida, olvidando su bolsa depositada en el maletero. El conductor se subía por las paredes.

Por lo que pude escuchar, la mayoría de los viajeros estaban citados para consultas médicas, estaba claro que era un viaje asistencial, como para que haya velocidad en la estación a esa hora. Llegaban ligeros de equipaje, como mucho una bolsa o carpeta donde traían su historial clínico. ¡Qué lástima que no se desplacen también a Salamanca para pasear y disfrutar la ciudad! Seguro que más de una pastilla eliminarían ese día.

Me imagino que los jóvenes que utilizan el autobús para desplazarse desde los pueblos, se pondrán de acuerdo, llegarán juntos a las mismas horas para poder moverse con soltura, aunque siempre se encontrarán a jubilados que utilizan la estación para pasear.

Es curioso ver cómo hay un público muy característico que utiliza estos espacios para quemar su tiempo, la mayoría están cortados por el mismo patrón, sea la estación que sea.

Quizás sea gente aficionada a viajar, siendo una forma de matar el mono, o que no les guste, haciendo como que viajan. Lo que sí son curiosos que se entretienen viendo llegar y salir viajeros con sus equipajes. Nunca faltan los mayores, sobre todo en invierno, buscando el calor y los servicios, ese espacio que a medida que envejeces te va atrapando cada vez más.

Son los servicios de las estaciones, espacios por sí solos para llenar las líneas de un relato. A pesar de los esfuerzos de los administradores, colocando candados en los soportes de papel higiénico, aumentar el servicio de limpieza, la higiene siempre escasea, especialmente por el mal uso que se hace de ellos. (Hoy leo una iniciativa de China, como no podía ser de otra forma, gigantesca, para mejorar los servicios públicos).

Son las estaciones de autobuses, una de las puertas de entrada a la ciudad. Cuenta bastante en el viajero que llega la primera impresión que percibe al poner pie en la ciudad. En ese sentido,  las estaciones de Salamanca y Ciudad Rodrigo no están en consonancia con la belleza que encierran las dos, a ver si pronto se inician las obras de remodelación anunciadas. El abandono y desidia en la mirobrigense es grande, pocos viajeros entran a ella, usan tan solo los andenes.

Me imagino que los técnicos que hayan diseñado las reformas, habrán tenido en cuenta la media de edad de los posibles usuarios, que salvo milagros imposibles, seguirá aumentando, con el fin de conseguir que las estaciones sean espacios más humanos, más accesibles, más cálidos.

A pesar de todo, mucho hemos avanzado en el tema del transporte, nada que ver  los autobuses de ahora con la nostálgica serrana que comunicaba la Sierra de Gata con Ciudad Rodrigo. Por cierto, entonces había muchas estaciones, cada empresa tenía la suya, eran las cocheras.

 

 

DE MONSAGRO A LA HASTIALA, DONDE EL TERRENO NO ES PARA CRISTIANOS

Que el cambio climático ya está aquí, a pesar de las ocurrencias de Trump, es algo bastante palpable o sino que baje Dios y lo vea.  Nosotros lo comprobamos subiendo desde Monsagro al Copero. Una temperatura primaveral, nada que ver con la que le correspondería por el calendario, un  30 de diciembre lo normal es que haya nieve en las cumbres. Cuánta razón tiene el papa Francisco cuando afirma: “muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico y político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas del cambio climático”

Decidieron Alicia y Olga aparcar la teoría un tiempo para acompañarme, les propuse hacer una ruta con mucho contenido práctico. Llegamos al pueblo, nada más aparcar encontramos al vecino que siempre se necesita al llegar para iniciar la  ruta. Tuvimos suerte, era bastante parlanchín, además había trabajado en la construcción del camino que íbamos a coger. “Vais a unos terrenos que no son para cristianos, por su especial dureza y dificultad”, nos dijo nuestro improvisado guía, que nos hizo un resumen.

Tiene su encanto iniciar un camino dejando atrás poco a poco el pueblo entre huertos cultivados. En pocos pueblos se tiene la oportunidad de contemplar esta escena. Nada más dejar la calle, el horizonte inmenso te abraza, acompañándote durante toda la ascensión. Las nubes perezosas, no consiguen levantarse de las cumbres más altas, por lo que la meta a la que debemos llegar, no es visible, tan solo la intuimos.

Son duras las primeras rampas hasta llegar al depósito de agua que abastece al pueblo. Buen agua disfrutan los monsagreños, a juzgar por la  de sus fuentes, delicia fresca en el verano, agua filtrada de neveros anclados en pedregales por donde se  va colando hasta formar pequeños riachuelos subterráneos.

Los brezos, cantuesos, carquesas, lentiscos, jaras, escobas,..matorrales propios de la montaña, están a punto de zamparse el camino. Está claro que caminantes hay pocos por estas latitudes, una pena que no se disfrute más esta ascensión, mucho más espectacular que la que se realiza desde el Pinarejo por pistas con menos atractivo, aunque sean bastante más cómodas.

Un cementerio de castaños  testigos de  un incendio, me lleva a reflexionar una vez más acerca de la sinrazón de los que prenden fuego al monte, llevándose por delante tanta riqueza paisajística, tanta belleza, tantos años de trabajo. Dos enormes castaños centenarios cruzados en el camino, delimitan el territorio hasta donde hay presencia humana, a partir de ahí la inmensidad de la ladera por la que el camino va ascendiendo lentamente, pertenece a jabalíes, cabras, buitres, cuervos y otras alimañas. Es una delicia observar cómo planean los buitres muy cerca de nosotros,  auténticos  drones naturales, que  nos acompañan durante bastante tiempo.

Monsagro a nuestras espaldas es el mejor programa para medir la distancia recorrida, de vez en cuando, echar la vista atrás y ver el pueblo en la lejanía, iluminado por un sol de invierno con guiños constantes, con toda la sierra de Gata por telón de fondo, es una imagen digna de postal.

A media ladera, los canchales van adquiriendo protagonismo. Buena labor realizada en su momento para ordenar y retirar piedras para que el camino siga su curso. Colonizadas las cuarcitas por ejércitos de líquenes, han conseguido pintarlas de un verde claro que contrasta con la vegetación. Poco a poco, vamos perdiendo por el camino encinas, carrascas, escobas, pero ganamos en amplitud de miras. Impresiona al girar 180º la cadena de sierras y picos que se encadenan unas con otras hasta las Torres de Hernán Centeno en Eljas.

La torre de vigilancia, nos anuncia que estamos en el Copero, puerta de entrada al territorio de la Hastiala, desde allí mirando el valle del Agadón, con Monsagro al fondo, se confirma el excepcional enclave natural del pueblo.

Al sol le cuesta dejar las cumbres al descubierto, parece que ese día las nubes tenían una especie de pegamento o quizás las sierras quisieran exprimirlas para provocar las deseadas lluvias. Impresiona estar delante del gran circo glaciar mirando hacia la Hastiala, máxima elevación de la Sierra de Francia, tiene un porte de montaña de más altitud. Gran comedor para saborear unos bocatas, reflexionando acerca del gran trabajo erosivo al que han sido sometidas las rocas, alguna ayuda recibirá de los rayos para romper rocas, como nos dijo el vecino.

Entre bocado y bocado, avistamos un pequeño rebaño de cabras, siempre es muy es agradable ver estos animales en libertad, haciendo piruetas como que no quiere la cosa. El reloj que no llevaba, me anunció que alcanzar la cima de la montaña llevaba un tiempo que no disponía, por lo que cogimos las mochilas, deshaciendo el camino andado, cambiando de visión panorámica. El cielo azul, al fin, nos inundó de luz la bajada. Tan sólo paramos a colocar y reconstruir algún que otro hito, por lo que, sin darnos cuenta estábamos en la iglesia.

Recorrimos la ruta urbana de las cruzianas, arte natural a base de las huellas de reptación de los trilobites marinos hace más 500 millones años. Está claro que la belleza natural, lleva su tiempo conseguirla. Paseando por la calles del pueblo, se percibe que el tiempo se ha quedado aquí anclado, las prisas y agobios no pegan por estos lares. La pena es que la realidad del día a día es muy distinta. No es lo mismo ir de visita, que vivir de continuo, para ello hay que ser de otra pasta, como lo son el maravilloso paisaje que atesoran.

Bonita clase en contacto con la naturaleza.